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Sheinbaum defiende la soberanía de México frente a EE.UU. mientras hace concesiones sin precedente. ¿Cuánto le puede durar?

Análisis de Valeria León, CNN en Español

La relación de Claudia Sheinbaum con Donald Trump se ha convertido en una estira y afloja de la política exterior, económica y de seguridad de México, un vaivén entre amortiguar las amenazas arancelarias de Estados Unidos y preservar el principio soberanía y no intervención.

En ese tablero, la presidenta ha optado por una estrategia de no confrontación y de priorizar la colaboración con su homólogo estadounidense. Al menos eso es lo que reitera en el discurso, pero en la práctica parece ser distinto porque México ha hecho a Estados Unidos concesiones con muy pocos precedentes.

El equilibrio que practica la mandataria parece frágil: no pierde la calma pero cede en demandas clave y, si se resistiera, se enfrentaría a un enorme costo, dice la analista Miriam Grunstein.

“Yo creo que lo ha hecho con inteligencia porque sí tenemos una situación de vulnerabilidad, pero sí ha cedido a muchas demandas porque el costo sociopolítico podría ser descomunal”, opina la académica.

Las concesiones se han reflejado principalmente en tres frentes: los traslados históricos de presuntos criminales a Estados Unidos, la ambigüedad alrededor del envío de petróleo a Cuba y las versiones encontradas sobre la captura del exatleta olímpico Ryan Wedding.

Todo esto, cruzado por un elemento que domina la agenda bilateral desde que Trump regresó a la presidencia hace poco más de un año: la balanza comercial, en una guerra arancelaria que hace temblar a los negociadores mexicanos a la revisión del tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC).

Para México, altamente integrado y dependiente de cadenas productivas norteamericanas, la amenaza arancelaria es una palanca de presión que puede tener consecuencias inmediatas en empleo, inversión y estabilidad macroeconómica.

Así, Sheinbaum ha privilegiado evitar escaladas y demostrar cooperación en el área donde Trump es más insistente: la seguridad.

En ese punto aparece la concesión más visible: las transferencias aceleradas de criminales. En menos de un año, México trasladó a 92 personas buscadas por Estados Unidos. El gobierno insiste en que son decisiones “soberanas” motivadas por la seguridad nacional. Críticos y analistas las leen como una forma de despresurizar la relación con Washington para contener amenazas más severas, como posibles acciones unilaterales contra organizaciones criminales en territorio mexicano.

Además, algunos especialistas dicen que varias entregas ocurrieron sin seguir el proceso formal de extradición, lo que implicaría violaciones al debido proceso, algo que el gobierno rechaza.

El caso de Ryan Wedding no solo desató polémica, sino que expuso las tensiones internas del propio relato gubernamental sobre soberanía y cooperación.

La detención del exatleta olímpico canadiense, acusado de liderar una red transnacional de narcotráfico —cargos que él rechaza—, generó dos relatos incompatibles. México afirma que Wedding se entregó voluntariamente en la embajada estadounidense, y el director del FBI, Kash Patel, dice que fue capturado en una operación de alto riesgo.

El abogado de Wedding aseguró que no fue una entrega voluntaria, sino una aprehensión cuya legalidad será impugnada en cortes estadounidenses.

Para México, insistir en que Wedding se entregó va ligado con rechazar que en el caso haya habido cualquier operación extranjera en territorio nacional. Para Estados Unidos, subrayar el papel del FBI alimenta su narrativa de capacidad transnacional. Entre ambas versiones, queda un espacio ambiguo que erosiona la credibilidad del discurso soberanista mexicano y abre preguntas sobre los protocolos, autorizaciones y supervisiones del caso.

El senador Rolando Zapata, del opositor Partido Revolucionario Institucional (PRI), dijo que hay preocupación por estas dos versiones encontradas.

“La principal preocupación que tenemos como oposición es la pérdida de la confianza de la ciudadanía en las instituciones. Un episodio como éste, que entraña una evidente contradicción, una evidente búsqueda de una explicación ante una situación evidentemente incómoda, lo que hace es socavar la confianza de los de los ciudadanos”, señaló a CNN.

Uno de los temas que genera mayor preocupación es la cooperación en materia de seguridad entre México y Estados Unidos, una relación que ha existido durante años, pero sobre cuyo alcance real hoy persisten dudas. Casos como el de Ryan Wedding reavivan cuestionamientos sobre hasta qué punto existe colaboración operativa.

“Es una colaboración que debe de darse entre naciones, pero que pareciera que ahorita ese tema le genera escozor al gobierno mexicano reconocer o señalar que pudieran darse acciones de colaboración y eso pues genera una opacidad”, dijo Zapata.

México ha enfrentado una complicada relación con Estados Unidos desde em regreso de Trump a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025. Incluso antes de asumir su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, los constantes señalamientos de Trump contra México estuvieron centrados en acusar que el país está gobernado por narcotraficantes, algo que Sheinbaum rechaza con insistencia.

En una conferencia de prensa reciente, la mandataria mexicana defendió la relación con su homólogo estadounidense y afirmó que es de mutuo respeto.

“En México solo gobierna un ente y ese es el pueblo de México, nadie más”, aseguró el 4 de febrero. “Eso no quiere decir que no nos hablemos con respeto”.

El tema de Cuba abrió otro frente para el gobierno de Sheinbaum, un terreno donde conviven la solidaridad histórica de México con la isla, la presión creciente de Washington y una negociación comercial en juego.

Las recientes medidas de la Casa Blanca, particularmente el decreto que amenaza con aranceles a países que envíen petróleo a Cuba, obligaron a la presidenta a matizar su postura pública y a recalibrar el discurso, avivando cuestionamientos sobre hasta dónde puede sostener sus principios sin poner en riesgo la relación bilateral.

El 29 de enero, la Casa Blanca publicó un decreto amenazando con aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba, lo que llevó a la presidenta a reacomodar su mensaje.

“Por supuesto no queremos poner en riesgo que haya más aranceles a México, sino por la diplomática pues buscar un esquema de dialogo y comunicación que permita que no haya una situación grave para el pueblo cubano”, defendió la mandataria mexicana durante una conferencia en Tijuana, Baja California.

Ayer, después de muchos días de ambigüedades, la presidenta Sheinbaum admitió que los envíos de petróleo a Cuba –esenciales para la isla luego de que Venezuela suspendiera su flujo de crudo- “están detenidos por el momento”

Oscar Grandío, académico e historiador cubano, aseguró que, con esta presión de Estados Unidos, México está en una encrucijada y también alimenta la percepción que Estados Unidos está arrinconando a México.

“Desde el punto de vista geopolítico también es una apuesta muy arriesgada porque Cuba es un país declarado enemigo de los Estados Unidos, un país que está de declarado como un país en la lista de Estados que patrocinan el terrorismo, por lo tanto, México está desafiando a su principal socio comercial y políticos que son los Estados Unidos”, dijo el académico cubano, quien abandonó la isla hace casi 30 años y no ha regresado desde entonces.

Las contradicciones en la relación con Estados Unidos también han generado reacciones en la Cámara de Diputados, donde algunos legisladores de oposición critican que el gobierno, por ejemplo, apoye a Cuba en vez de priorizar la próxima renegociación del T-MEC.

“Debe ser prioritario, indispensable, cuidar nuestra relación, como mexicanos, como instituciones con Estados Unidos y Canadá, entendiendo siempre pues que nuestro mayor socio comercial es Estados Unidos”, dijo Kenia López Rabadán, presidenta de la Cámara y legisladora del opositor Partido Acción Nacional (PAN), en entrevista con CNN.

En este contexto, de cara a la renegociación, Sheinbaum navega entre dos mares: uno ideológico, que exige sostener principios históricos y solidaridad internaciona, y otro estratégico, dominado por la urgencia de proteger el comercio exterior y prevenir castigos arancelarios.

Por eso, su estrategia se puede describir como contener para negociar. Conceder en lo operativo, por ejemplo, con transferencias de presuntos criminales, para ganar tiempo en lo prioritario y alcanzar un buen acuerdo comercial. Y al mismo tiempo, modular el discurso para evitar encontronazos con una figura tan arrebatada como Trump.

¿Es esto sostenible? Para la consultora Miriam Grunstein, a corto plazo, sí lo es, conteniendo riesgos inmediatos. Sin embargo, la efectividad de este plan puede diluirse con el tiempo.

“Para pensar en largo plazo es poco, para pensar en el corto plazo es mucho. Esa es una ponderación que tenemos que hacer. Yo creo que los gobiernos morenistas van a estar mucho más tiempo en México en el poder que Trump, porque Trump además es una figura única e irrepetible”, describe Grunstein.

Si Trump aumenta las exigencias, las concesiones tácticas que hoy funcionan como amortiguadores podrían volverse insuficientes, por lo que México necesitará anclar su posición, reduciendo su dependencia y articular un horizonte de certidumbre.

Por ahora, Sheinbaum sigue ganando tiempo. El examen real vendrá con la revisión del T‑MEC. Solo entonces sabremos si su estrategia de contención inteligente fue suficiente para evitar que las concesiones tácticas se transformen en cesiones estructurales.

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