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Irán amenaza con que “lloverá fuego” sobre los soldados estadounidenses ante la inminente posibilidad de incursión terrestre

Análisis por Matthew Chance, CNN

En un mensaje que conmemora los 30 días desde el inicio de la guerra con Irán, un alto funcionario iraní detalló lo que muchos ciudadanos de los países del Golfo temen que sea el próximo movimiento de Washington.

“El enemigo hace alarde de su intención de negociar en público, mientras que en secreto planea un ataque terrestre”, dice el comunicado del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf.

Puede que tenga razón.

Washington sigue insistiendo en que las negociaciones con Irán están progresando, al tiempo que despliega miles de soldados en la región, algunas de las cuales, incluidas 3.500 que llegaron de Asia este fin de semana, ya han comenzado a concentrarse.

Se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que las fuerzas estadounidenses se apoderen de la isla de Jarg, la principal terminal petrolera de Irán en el golfo Pérsico. Su toma cortaría una fuente de ingresos vital para la República Islámica, con la esperanza de privar a la Guardia Revolucionaria de la financiación esencial proveniente de las exportaciones de petróleo.

Aunque no se han hecho públicos esos planes, también se podría ordenar a las tropas estadounidenses que tomen posiciones costeras para intentar reabrir el estrecho de Ormuz, un punto estratégico clave para el suministro de energía que Irán ha bloqueado de hecho desde el inicio de los ataques estadounidenses e israelíes a finales de febrero, lo que ha desembocado en una grave crisis en el suministro de petróleo y gas que está teniendo repercusiones en los mercados mundiales.

También se habla de que las fuerzas estadounidenses podrían realizar incursiones en instalaciones nucleares en Irán para incautar material nuclear, en medio de crecientes temores de que pueda ser utilizado por un régimen iraní enfurecido y desesperado para fabricar armas nucleares.

Sin embargo, el despliegue de soldados estadounidenses sobre el terreno conllevaría enormes riesgos, sobre todo porque Washington lleva semanas anunciando posibles operaciones terrestres, mientras que las fuerzas estadounidenses, aparentemente desprevenidas y dispersas por todo el mundo, se han ido reuniendo poco a poco.

En su mensaje, Ghalibaf advirtió que las fuerzas iraníes ya están “esperando a que los soldados estadounidenses desembarquen para poder bombardearlos”. Sin el factor sorpresa, una operación terrestre estadounidense, incluso con una potencia de fuego muy superior, podría convertirse rápidamente en una masacre.

Y luego está el riesgo significativo para la región: los Estados árabes del Golfo, ricos en energía, que ya sufren pérdidas de miles de millones de dólares y un éxodo como resultado directo de esta guerra con Irán, están preocupados por lo que vendrá después.

Teherán, que ha lanzado misiles y drones contra sus vecinos del golfo Pérsico (todos ellos países que albergan instalaciones militares estadounidenses), ha prometido intensificar los ataques y “castigar para siempre a sus socios regionales”, en palabras de Ghalibaf, si la guerra en Irán se agrava.

En la región se entiende que esto podría significar que realizarán ataques generalizados contra instalaciones energéticas sensibles y altamente vulnerables, algo con lo que Irán ya ha amenazado, que no solo son instalaciones esenciales para las economías regionales y mundiales, sino que además son difíciles de reparar y reconstruir rápidamente.

A mediados de marzo, por ejemplo, dos misiles balísticos iraníes impactaron la planta de producción de gas de Ras Laffan en Qatar, la más grande del mundo. El episodio causó daños limitados pero conmocionó los mercados energéticos internacionales. Es probable que otros ataques similares en la región generen consecuencias económicas graves y duraderas .

Las plantas desalinizadoras, de las que dependen casi por completo los áridos Estados árabes del Golfo para su suministro de agua potable, también podrían verse en el punto de mira, aunque el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán ha negado tener planes de batalla tan inhumanos, al menos por ahora.

“El presidente de Estados Unidos, mentiroso, terrorista y asesino de niños, ha afirmado que la Guardia Revolucionaria Islámica pretende atacar las plantas desalinizadoras de la región y causar dificultades a la población local”, decía un mensaje publicado en Telegram la semana pasada.

“Hasta el momento, la Guardia Revolucionaria no ha hecho tal cosa”, añadía el comunicado de la Guardia Revolucionaria.

Sin duda, es probable que la guerra con Irán empeore, a menos que las negociaciones logren, de alguna manera, encontrar algún tipo de compromiso.

Pero incluso dejando de lado la cuestión de si realmente se están llevando a cabo negociaciones entre Estados Unidos e Irán, algo que Irán niega, las posiciones negociadoras actuales de ambas partes parecen estar a años luz de distancia.

El plan de 15 puntos de Washington se asemeja más a una rendición incondicional que a un proyecto de negociación, ya que exige el fin de las actividades nucleares iraníes y el apoyo a grupos regionales afines, como Hezbollah en el Líbano, además de imponer límites estrictos a las capacidades de misiles balísticos de Irán; exigencias que desde hace tiempo son inaceptables para la República Islámica.

“Con una lista de 15 puntos, Estados Unidos está dejando claras sus intenciones y persiguiendo lo que no logró en la guerra”, comentó Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní añadió en su reciente mensaje que Irán no aceptará “la humillación”.

Pero el propio plan de cinco puntos de Irán para poner fin a la guerra parece igualmente poco realista, ya que exige, entre otras cosas, el pago de reparaciones de guerra a Teherán, el control del estrecho de Ormuz y la retirada de las bases estadounidenses de la región.

Podría alcanzarse algún tipo de acuerdo, dado el creciente interés de ambas partes en poner fin a una guerra tan devastadora. Sin embargo, aún no hay señales de compromiso, solo una escalada cada vez mayor.

Irán está sufriendo duros golpes en esta guerra: su liderazgo está diezmado y sus fuerzas armadas están debilitadas por los devastadores ataques estadounidenses e israelíes, además de un alto costo en términos de vidas perdidas para la población civil asediada.

Pero la República Islámica ha demostrado ser resistente y hábil para complicar lo que el Gobierno de Trump presentó como una operación militar sencilla para decapitar a la cúpula iraní y derrocar al régimen.

En cambio, el férreo control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz y la amenaza que representa para las economías regionales y mundiales lo han convertido en todo lo contrario.

La reciente intervención de los hutíes, aliados de Irán, en Yemen, para lanzar misiles contra Israel y posiblemente bloquear un estrecho paso estratégico en el mar Rojo, otra ruta marítima clave, supone una complicación más. Todo esto hace que las esperanzas de Washington de ganar rápidamente la guerra que eligió, que se encamina a su segundo mes, parezcan, en el mejor de los casos, lejanas.

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