Entrenar la velocidad del cerebro podría reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer y otras demencias
Por Sandee LaMotte, CNN
Un tipo específico de entrenamiento cerebral parece prevenir o retrasar la demencia en alrededor de un 25 % en personas mayores de 65 años, según una nueva investigación.
De manera sorprendente, no fueron los ejercicios de memoria ni de resolución de problemas los que marcaron la diferencia, sino un juego interactivo computarizado que pone a prueba la capacidad de reconocer dos imágenes distintas en secuencias cada vez más rápidas.
El juego muestra al usuario uno de dos vehículos en un escenario de desierto, pueblo o zona agrícola. Luego, una señal de la Ruta 66 aparece brevemente en la periferia de la pantalla, rodeada de otros letreros viales que actúan como distracciones. Para completar el entrenamiento correctamente, el jugador debe hacer clic tanto en el vehículo correcto como en la ubicación de la señal de la Ruta 66. A medida que los jugadores mejoran, las imágenes desaparecen cada vez más rápido.
“Es lo que llamamos una tarea de atención dividida en la que no existe una estrategia consciente sobre cómo mejorar”, explicó la coautora del estudio, la doctora Marilyn Albert, profesora de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y directora del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer de Johns Hopkins, en Baltimore.
“Simplemente intentas lo mejor que puedes para averiguar cómo dividir tu atención”, dijo. “También era adaptativo, en el sentido de que, conforme las personas mejoraban, el juego se volvía más difícil”.
Iniciado en 1998, el ensayo “Advanced Cognitive Training for Independent and Vital Elderly” (ACTIVE) evaluó tres tipos de entrenamiento cognitivo en más de 2.800 voluntarios, con una edad promedio de 74 años. Todos estaban libres de demencia al comienzo del estudio y vivían de forma independiente en seis comunidades de Estados Unidos. Un cuarto grupo, que no recibió entrenamiento alguno, funcionó como grupo de control.
“Una gran fortaleza del estudio es que se trató de una población verdaderamente representativa: el 25 % de los participantes eran minorías”, señaló Albert. “Así que podemos decir con certeza que los hallazgos se generalizan a toda la población de Estados Unidos”.
Un grupo se enfocó en la memoria, aprendiendo técnicas para recordar listas de palabras, textos y detalles de historias. Un segundo grupo recibió entrenamiento centrado en el razonamiento, como resolver problemas e identificar patrones útiles para la vida diaria.
Un tercer grupo utilizó un juego de velocidad con atención dividida, desarrollado por profesores de Alabama y Kentucky. El juego fue vendido en 2008 a los propietarios de BrainHQ, una empresa con fines de lucro dedicada al entrenamiento cerebral, el juego actualizado se conoce con el nombre de “Double Decision”. (Otras compañías de entrenamiento cerebral también han desarrollado juegos similares de velocidad).
Los juegos adaptativos de doble atención utilizan el aprendizaje implícito, que es la adquisición automática de conocimientos o habilidades sin conciencia explícita de lo que se está aprendiendo. El aprendizaje implícito utiliza partes del cerebro diferentes a las que se utilizan para resolver problemas o comprender el significado de las palabras, explicó Albert.
Ejemplos de aprendizaje implícito incluyen atarse los zapatos, reaccionar a señales sociales o aprender a andar en bicicleta.
“Si no montas bicicleta durante 10 años, puedes volver a subirte y hacerlo sin problema. Sabemos que este tipo de aprendizaje es muy duradero”, afirmó Albert.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre adquirir una habilidad y esperar que esta genere beneficios amplios en otras áreas, como la prevención de la demencia, señaló Walter Boot, profesor de geriatría en Weill Cornell Medicine y subdirector de su Centro de Investigación sobre Envejecimiento y Conducta en Nueva York. Él no participó en el estudio.
“Una persona puede aprender a andar en bicicleta y recordarlo 20 años después, del mismo modo que puede aprender la tarea de ‘velocidad de procesamiento’ del estudio y seguir desempeñándose bien en ella muchos años después”, explicó Boot en un correo electrónico. “Lo que sigue sin estar claro es cómo cualquiera de estas actividades se traduce en un menor riesgo de demencia”.
Al principio, el programa fue intenso. Los voluntarios recibieron entrenamiento presencial dos veces por semana con sesiones de entre 60 y 75 minutos durante cinco semanas. Al finalizar el primer año, aproximadamente la mitad de los participantes de cada grupo de entrenamiento cognitivo recibió un refuerzo adicional de cuatro sesiones de una hora. Al final del tercer año, se realizaron otras cuatro horas de entrenamiento, para un total de 22,5 horas.
Después de eso no hubo más entrenamiento oficial. Sin embargo, cuando los investigadores compararon los tres grupos con sus registros de Medicare 20 años después, descubrieron que solo el juego de velocidad con atención dividida se asoció con una reducción del 25 % en los diagnósticos de demencia, en comparación con el grupo de control.
Ese beneficio, no obstante, solo se observó en un subconjunto de los voluntarios, de acuerdo con el estudio publicado este lunes en la revista Alzheimer’s & Dementia: “Translational Research & Clinical Interventions”.
“La reducción del 25 % en el riesgo de demencia solo se observó en las personas que recibieron el entrenamiento original y las sesiones de refuerzo. Si no tuvieron los refuerzos, no hubo beneficio”, precisó Albert.
Aunque los hallazgos de un estudio de 20 años son valiosos, la investigación no contó con los datos necesarios para demostrar una relación definitiva entre el entrenamiento computarizado y la prevención de la demencia, dijo la doctora Susan Kohlhaas, directora ejecutiva de investigación y alianzas de Alzheimer’s Research UK, una organización sin fines de lucro con sede en Cambridge. Ella no participó en el estudio.
“Los diagnósticos se identificaron a través de registros médicos y no mediante evaluaciones clínicas especializadas, por lo que no sabemos si este entrenamiento modificó las enfermedades subyacentes que causan la demencia o si influyó en tipos específicos de demencia”, señaló en un comunicado.
Aunque el entrenamiento de memoria y razonamiento no redujo el riesgo de demencia, publicaciones anteriores basadas en datos del estudio ACTIVE encontraron que ambos sí mejoran la memoria y el razonamiento ejecutivo. Además, este tipo de entrenamiento ayuda a las personas a mantener habilidades que les permiten vivir de manera independiente.
¿Por qué solo el entrenamiento cognitivo rápido con atención dividida funcionó contra la demencia? Y, más aún, ¿por qué apenas 22,5 horas de este entrenamiento parecen tener efectos duraderos a lo largo de los años? Aunque se necesita más investigación para comprender estos resultados, Albert tiene algunas hipótesis fundamentadas.
“En primer lugar, el juego es bastante exigente y no es particularmente divertido”, dijo. “Hacerlo durante una hora, dos veces por semana, es un trabajo duro. Estás forzando tu cerebro de una manera a la que normalmente no está acostumbrado”.
“Es posible que el entrenamiento de velocidad active neuronas en todo el cerebro, creando una mayor conectividad y aumentando la plasticidad”, explicó.
El juego también era adaptativo, volviéndose más difícil a medida que las personas progresaban y más fácil cuando fallaban, señaló el investigador en prevención del Alzheimer, el doctor Richard Isaacson, director de investigación del Instituto de Enfermedades Neurodegenerativas en Florida, quien no participó en el estudio.
Este tipo de interactividad “ejercita el cerebro de nuevas formas que pueden contribuir a la reserva cognitiva necesaria para retrasar la demencia”, afirmó Isaacson.
La reserva cognitiva es la capacidad del cerebro para adaptarse y mantener un funcionamiento normal a pesar del daño subyacente, el envejecimiento o la enfermedad. En la enfermedad de Alzheimer, por ejemplo, las personas con mayor reserva cognitiva suelen retrasar la aparición de los síntomas a pesar de la presencia de amiloide y tau, dos proteínas que son los signos distintivos de este trastorno neurológico.
Podría existir otro factor detrás del impacto positivo a largo plazo del juego. Un estudio publicado en octubre encontró que el entrenamiento de velocidad podría preservar la acetilcolina, un neurotransmisor que ayuda a mantener el cerebro despierto, enfocado y atento.
“Estamos hablando de un cambio físico-químico fundamental que sabemos que es realmente importante para la salud cerebral”, dijo en una entrevista anterior a CNN el Dr. Michael Merzenich, profesor emérito de la Universidad de California en San Francisco. Merzenich es cofundador y director científico de Posit Science, empresa propietaria de BrainHQ.
Mientras los investigadores continúan buscando respuestas, los expertos coinciden en que el entrenamiento cognitivo es solo una parte del camino hacia una mejor salud cerebral.
“El alzhéimer y otras demencias son trastornos complejos. No basta con comer arándanos mágicos, jugar un videojuego en el celular o hacer una sola cosa”, afirmó Isaacson.
“Se necesita el conjunto completo: una dieta saludable para el cerebro, ejercicio regular, control de la presión arterial, buen descanso, reducción del estrés, relaciones positivas. Todo eso es necesario para la salud cerebral”.
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