Skip to Content

Lula tiene una evaluación negativa del 40 %. Solo otro Bolsonaro enfrentó ese muro antes y no le fue bien

Por Iuri Pitta, CNN Brasil

Ningún brasileño acumula más participaciones en contiendas presidenciales que Lula (PT) en casi medio siglo de trayectoria política. Fueron tres derrotas consecutivas, en 1989, 1994 y 1998, seguidas por las victorias de 2002, 2006 y 2022. Este año, en su séptima y probablemente última campaña, el miembro del PT afrontará un desafío inédito después de tantos años: defender a un Gobierno que tiene una evaluación más negativa que positiva.

Desde que Brasil pasó a permitir que los presidentes se presenten a la reelección, en la contienda de 1998, solo un mandatario se enfrentó a un muro de evaluación negativa tan alto como el actual. Fue Jair Bolsonaro (PL) en 2022, quien fue derrotado por Lula. Ahora, quien puede repetir la hazaña de hace cuatro años, pero desde el campo opuesto, es el hijo del expresidente, Flávio Bolsonaro (PL).

En una encuesta de Datafolha divulgada este jueves (24), con entrevistas concluidas a 11 días de la primera vuelta, el 40 % de los electores considera que el gobierno es malo o pésimo, frente al 34 % que lo evalúa como excelente o bueno y el 24 % que lo califica como regular. El balance de Lula es de 6 puntos negativos, mejor que los 8 puntos negativos registrados la semana anterior y la mitad de lo que registraba Bolsonaro en una época similar de 2022, cuando el porcentaje de malo/pésimo se situaba en el 44% y el de excelente/bueno, en el 32 %. Aun así, el miembro del PT continúa en números rojos en lo que respecta a la evaluación del gobierno.

Son señales de los nuevos y más polarizados tiempos de la política nacional, que también se reflejan en las intenciones de voto: Datafolha señala un empate técnico en las dos vueltas, con un 40 % para Lula y un 36 % para Flávio en la primera ronda, y un 47 % frente a un 45 % en la segunda.

A modo de comparación, los tres presidentes brasileños que fueron reelegidos llegaron a este punto de la campaña con otro nivel de evaluación.

El primero de la serie, Fernando Henrique Cardoso (PSDB), tenía un balance positivo de 24 puntos en una encuesta realizada 9 días antes de la votación, con un 42 % de excelente/bueno y un 18 % de malo/pésimo, además de un 37 % de regular. FHC, como se lo conoce, fue reelegido en la primera vuelta de 1998.

Hace dos décadas, cuando Lula emprendió la campaña para su segundo mandato presidencial, registraba una ventaja aún mayor: incluso después del escándalo del mensalão en 2005, a 12 días de la primera vuelta tenía un 48% de excelente/bueno, el mismo 18% de malo/pésimo que su predecesor y un 34% de regular. Al miembro del PT le faltaron pocos votos para ser reelegido en la primera votación, y la victoria llegó sin sobresaltos en la segunda vuelta de 2006.

Al igual que su padrino político, la entonces presidenta Dilma Rousseff (PT) sufrió un revés de popularidad en el tercer año de su mandato, cuando estallaron manifestaciones por todo el país con quejas generalizadas sobre los servicios públicos, en contraste con los gastos para la celebración del Mundial de 2014.

Aun así, la miembro del PT llegó a 9 días de la primera vuelta con un 37 % de excelente/bueno y un 22 % de malo/pésimo, además de un 39 % de regular, lo que configuraba un balance positivo de 15 puntos en la evaluación. En aquella contienda, Dilma fue reelegida con la menor diferencia frente a su adversario hasta entonces, pero no permaneció otros cuatro años en el Palacio de Planalto: en 2016, con el agravamiento de la recesión económica y las investigaciones sobre corrupción en la Operación Lava Jato, el Congreso revocó el mandato de la presidenta mediante un proceso de destitución.

La relación entre popularidad y reelección es uno de los temas más estudiados de la ciencia política. En Estados Unidos, por ejemplo, un estudio basado en datos del Instituto Gallup muestra que, desde 1948, todos los presidentes con una aprobación del 50% o más en junio del año electoral permanecieron en la Casa Blanca durante un nuevo mandato.

En cambio, Gerald Ford, con un 45 % de aprobación y con Estados Unidos aún bajo el impacto del Watergate, no logró permanecer en el cargo. Perdió la contienda de 1976 frente a Jimmy Carter, quien también sería derrotado cuatro años después, con un índice de aprobación del 32 %.

La serie de Gallup adopta una metodología binaria, es decir, pregunta al entrevistado si aprueba o desaprueba al Gobierno. En el caso de Datafolha, el instituto comenzó a adoptar esta pregunta más recientemente (Lula tiene un 47% de aprobación y un 50% de desaprobación), pero dispone del historial según la escala que comienza en pésimo (punto 1) y continúa con malo (2), regular (3), bueno (4) y excelente (5).

Un estudio reciente del politólogo brasileño Jairo Pimentel Junior sobre 140 elecciones a alcalde en capitales entre 2000 y 2024 propuso un baremo a partir de excelente/bueno. Con un 39 % o más, los gobernantes que se presentaron a la reelección ganaron en el 94% de los casos. Entre el 27 % y el 38 %, franja correspondiente a la de Lula hoy y a la de Bolsonaro en 2022, la tasa de victoria cae al 68 %. El propio autor advierte que la aplicación de estos umbrales a contiendas presidenciales es una cuestión abierta, pero la serie de Datafolha se ajusta a ella: los tres presidentes reelegidos tenían un 37 % o más de excelente/bueno a estas alturas de la campaña; Bolsonaro tenía un 32 %.

Lo que ocurre en la franja intermedia también importa. Los politólogos Oswaldo E. do Amaral y Pedro Floriano Ribeiro, al analizar las elecciones de 2014, mostraron que quienes calificaban al Gobierno de Dilma como regular tenían más del triple de probabilidades de votar por la oposición en la primera vuelta que quienes lo consideraban excelente o bueno. Entre quienes lo consideraban malo o pésimo, la probabilidad de votar por Aécio Neves (PSDB) era más de 17 veces mayor, y por Marina Silva (PSB), más de 12 veces.

Este punto refuerza un cambio relevante en el escenario político brasileño. La polarización entre lulistas y bolsonaristas observada desde 2018 parece haber reducido el tamaño del electorado que hace una evaluación más moderada de los Gobiernos.

En las tres campañas de reelección de 1998, 2006 y 2014, el índice de evaluación regular de los Gobiernos osciló entre el 34 % y el 39 % en vísperas de la primera vuelta, pero hoy se ha reducido al 24 %, o una cuarta parte del electorado. En otras palabras, hay menos gente dispuesta a escuchar los argumentos de un presidente que necesita ser mejor valorado para seguir gobernando.

Ante este escenario, Lula ha recurrido a medidas de impacto inmediato. Como señalamos la semana pasada, el Gobierno anunció, a 17 días de la primera vuelta, un aumento de alrededor del 15 % en Bolsa Família, el mayor programa de transferencia de renta del país, cuyo importe mínimo subirá de R$ 600 (Aproximadamente US$ 115) a R$ 691 (aproximadamente US$ 132) a partir de los pagos de octubre.

Ahora, el presidente se prepara para firmar una medida provisional, un instrumento con fuerza de ley inmediata que el Congreso debe ratificar en un plazo máximo de 120 días, para restringir el mercado de apuestas en línea, las llamadas bets. La firma está prevista para el viernes (25).

La ironía es que fue el propio Gobierno de Lula el que reguló las bets. Las apuestas deportivas fueron autorizadas por ley en 2018, durante el Gobierno de Michel Temer (MDB), pero la Administración de Bolsonaro dejó vencer el plazo sin definir reglas, y el sector creció sin fiscalización ni tributación.

En 2023, el Gobierno de Lula propuso las reglas que dieron lugar a la ley que organizó el mercado, plenamente vigente desde enero de 2025. Revisar normas que el propio presidente adoptó, a menos de diez días de la primera vuelta, encuentra su principal justificación en la opinión pública: crece en el país la percepción de que el elevado endeudamiento de las familias y la reducción del consumo minorista tienen como uno de sus principales factores la adicción a las apuestas en línea.

Esta secuencia de medidas y anuncios del presidente pone de manifiesto que Lula llega a las puertas de la primera vuelta necesitando hacer más que en cualquier otra campaña. De 1989 a 2002, el petista era el aspirante, y el peso de defender a un Gobierno recaía en el otro lado. En 2006, los vientos soplaban a favor y, en 2022, era el adversario quien cargaba con un Gobierno mal valorado.

Ahora, el reto de superar el muro del 40 % de valoración negativa y demostrar si aún puede hacer historia en la política brasileña recae exclusivamente en Lula.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN-Spanish

Jump to comments ↓

Author Profile Photo

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

KIFI Local News 8 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.