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Impactante e inesperado: así fue el insólito debut de Lionel Messi con Argentina

Por Pablo García Escorihuela, CNN en Español

Argentina pasó mucho tiempo buscando a su nuevo número 10. La camiseta del elegido. Esa misma que utilizó el mítico Diego Armando Maradona cuando llevó a la Albiceleste a lo más alto del mundo en México 1986, y cuya defensa, casi a ultranza y contra todos, le hizo ganarse el amor incondicional de su gente.

Para 2005, ya habían pasado más de 10 años desde el último partido de Maradona, aquel del doping en la Copa del Mundo de 1994. En el medio pasaron nombres, como Ariel Ortega y Pablo Aimar, pero ninguno pudo adueñarse de la camiseta con todo lo que el número 10 representa.

A poco del Mundial de Alemania 2006, la selección argentina tenía a su líder futbolístico en Juan Román Riquelme, otro de los aparentes ungidos por la historia. Pero poco a poco parecía irle llegando el tiempo a un jovencito que venía haciendo mucha bulla desde las categorías menores, y que en España decían que había desbaratado con su fútbol a la cantera del Fútbol Club Barcelona.

Su estreno con la selección mayor, sin embargo, terminó en pesadilla.

Lionel Messi entró a la cancha en el minuto 61 de un partido amistoso entre Argentina y Hungría disputado en Budapest, el 17 de agosto de 2005. Un juego de preparación que debía servirle al rosarino, de apenas 17 años, para demostrarle al mundo que todo de lo que se hablaba, de sus habilidades, de que era lo más parecido a Diego Maradona que había surgido, era realidad.

Todo se rompió en cuatro minutos. Messi controló un balón e intentó irse hacia el arco rival, pero un rival lo tomó desde atrás y él, en un intento por separarse, llevó su brazo hacia atrás, dándole un manotazo (leve) sobre el rostro al defensor húngaro. El joven talento al que todos querían ver vio la tarjeta roja, para asombro de todos.

El rosarino salió caminando cabizbajo, sollozante, ante el abrazo de varias leyendas que luego lo reverenciaron: Hernán Crespo, “Lucho” González y su entrenador, José Néstor Pékerman. También lo consoló un tal Lionel Scaloni, años más tarde el arquitecto que mejor entendería y rodearía al 10 en la selección argentina.

No era el comienzo que se esperaba para quién estaba llamado a ser el elegido. Pero el tiempo pasó, llegaron los goles, las grandes actuaciones, los momentos de dolor y las caídas. Y luego los títulos, que comprobaron que a pesar de que el comienzo no fue como se esperaba, la huella era profunda.

Después de todo, para Lionel Messi no importaba el comienzo de la historia, sino el final, escrito con tinta de gloria y firma de leyenda.

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