4 polémicas que ha tenido el Mundial 2026 antes de comenzar
Por Federico Leiva, CNN en Español
El Mundial más grande de la historia está a punto de comenzar. La primera Copa del Mundo en ser organizada por tres países diferentes trae la novedad de tener a casi medio centenar de selecciones participantes, por lo que hay un mayor alcance e interés garantizado. Sin embargo, el torneo de la FIFA pocas veces ha estado exento de polémica y esta edición no ha sido la excepción.
Desde entradas costosísimas hasta un clasificado que no se siente muy bienvenido, hay controversias que conviene anotar antes de que el balón empiece a rodar y nos las haga olvidar.
Hace seis meses, Don Riddell, de CNN, se planteaba la pregunta de si este Mundial sería el del “sándwich de langostinos”, una expresión que nació en los 2000 y que implica la presencia en las gradas de espectadores con mucho poder adquisitivo y poco conocimiento (e interés) por el juego mismo. Y la realidad es que los precios de los boletos para el torneo que comienza el 11 de junio no han hecho más que darle la razón.
Los boletos para los partidos inaugurales (rondaban casi los US$ 2.000 en diciembre) han tenido valores prohibitivos para muchos residentes locales, que amargamente han debido desistir de presenciar su propio Mundial. Este sentimiento de amargura (y enojo, por supuesto) se ha hecho particularmente presente en suelo mexicano, que recibe por tercera vez en su historia (récord absoluto) la Copa del Mundo con la sensación de que “este Mundial no es de México”, como le dijeron residentes locales a Valeria León, de CNN.
Los precios han ido variando, ya que la FIFA utiliza un sistema de oferta/demanda, por lo que no todos los encuentros de una misma fase tienen el mismo valor. Un juego de la fase de grupos de EE.UU. comenzó vendiéndose en US$ 60 por asiento (muy pocos) y hace tres semanas ya estaban a US$ 1.000 cada uno, por ejemplo. El valor nominal para un boleto en la gran final del torneo llegó a más de US$ 32.000, y eso que no hablamos de reventa…
La casa madre del fútbol mundial reconoció el problema de manera indirecta cuando anunció más boletos asequibles a US$ 60 en diciembre pasado. Fue una medida que, más que pensar en el aficionado común y corriente, pareció destinada a una imagen que aterroriza a la FIFA: la de los estadios semivacíos.
Solo para que comprendamos un poco lo desproporcionado de los precios: un argentino que viajó a Qatar 2022 le dijo a CNN que con lo que pagó por los tres partidos de la fase de grupos ante Arabia Saudita, México y Polonia hace tres años y medio, apenas hubiera logrado pagar un boleto para el debut ante Argelia este mes de junio.
La presencia de Irán en el Mundial 2026 ha despertado una tensión latente. No porque la selección persa no se haya ganado en buena ley su participación (de hecho, fue una de las primeras clasificadas de Asia para la Copa del Mundo), sino por toda la carga política que genera su arribo al torneo que organiza, en su mayor parte, Estados Unidos.
La guerra que el presidente Donald Trump, Israel y el régimen iraní están protagonizando en Medio Oriente no ha hecho más que alimentar el fuego y el cruce de declaraciones entre estas naciones, llegando al punto de que el líder estadounidense dejó en claro que los futbolistas serían bienvenidos en el torneo, pero que por su “propia vida y seguridad” podría no ser muy apropiado jugar sus partidos en Estados Unidos. Una declaración que parece ignorar la responsabilidad que tiene cualquier anfitrión de garantizar la seguridad de sus huéspedes durante el Mundial.
Para colmo, el sorteo determinó que Irán debe jugar sus tres partidos de la fase de grupos en suelo estadounidense y, a pesar de que la federación iraní intentó trasladar esos encuentros a México, tuvo que contentarse con mudar su propio campamento al otro lado de la frontera. La selección iraní se hospedará en Tijuana, y solo entrará a Estados Unidos con una delegación reducida (restricciones de visas mediante) el día que le toque jugar.
“Impresentables”. Así calificó el entrenador de la selección de Uruguay, Marcelo Bielsa, el estado de los campos de juego durante la Copa América 2024 que Estados Unidos organizó. Su reclamo encontró eco en otros seleccionados y jugadores que evidenciaron el mismo problema, a pesar de la defensa que la organización ensayó en esa oportunidad.
Un año después, la prueba del Mundial de Clubes de la FIFA pareció exitosa en cuanto al césped, aunque también hubo críticas, por lo que no son pocos los que dudan de las condiciones que presentará el verde de los estadios este junio y julio.
La razón es sencilla. La mayoría de los estadios de Estados Unidos se utilizan para la práctica del fútbol americano durante varios meses cada año, y eso implica utilizar una grama más artificial y menos natural, lo que se traduce en una pisada y hasta un bote de balón diferentes. No es menor para un futbolista, ya que, si no pisa con seguridad con su calzado, corre el riesgo de lesionarse.
México añade su propia gama de variedades, ya que, si bien sus estadios sí están pensados para el fútbol, utilizan un césped distinto según la altura o las altas temperaturas para favorecer su mantenimiento.
La FIFA dijo que tomó cartas en el asunto y que encargó la creación de un césped innovador para garantizar la calidad de la grama durante la Copa del Mundo, pero habrá que esperar a la primera semana de partidos para conocer la respuesta.
Imagina que tu selección consiguió salir primera en su grupo con nueve puntos sobre nueve posibles y que, como premio, tenga que enfrentar a Brasil o a Marruecos, o, quizás peor, a España o Argentina, mientras que otro combinado nacional que ganó su grupo con cinco o seis unidades termine enfrentando a Qatar.
Sin desmerecer la participación qatarí, que esta vez se ganó a fuerza de sudor y lágrimas su participación mundialista (en 2022 jugó por ser anfitriona), la ecuación parece un poco injusta. Pero así es el Mundial 2026.
La ampliación a 48 selecciones participantes trajo un problema a la hora de los cruces mano a mano. Hasta 2022, la matemática era sencilla: pasaban los dos mejores de cada grupo, dejando un cuadro de 16 participantes, y los duelos de octavos ya estaban predeterminados, sabiendo que los primeros jugaban contra los segundos, sin excepción.
Pues bien, que haya 12 grupos en vez de ocho plantea una problemática obvia: si pasan los dos primeros quedarían, 24 equipos, luego 12, 6 y finalmente 3, lo que hace impracticable el método de mano a mano que tanto nos apasiona en los grandes torneos. Por eso, la FIFA recuperó del manual de los viejos mundiales la clasificación de los ocho mejores terceros.
Esto de por sí plantea una desventaja: deportivamente a nadie le parecería lo mismo terminar tercero en el grupo donde están Brasil y Marruecos, o Francia y Noruega, o Inglaterra y Croacia, que terminar tercero en el grupo de Canadá, Bosnia, Qatar y Suiza, o en el de Estados Unidos, Paraguay, Australia y Túnez, pero para la FIFA sí lo es. Los ocho terceros con más puntos y mejor diferencia de goles pasarán a 16avos.
Allí se generó otra polémica, que el técnico vigente campeón del mundo, Lionel Scaloni, no tuvo problemas en vociferar.
Y es que fue la FIFA la que determinó qué primeros de grupo enfrentarán a los terceros. No será por mérito deportivo (como en el Mundial Sub-17 de 2025), sino a dedo. Y adivinen qué: los líderes de los grupos de México, Canadá y Estados Unidos (las tres anfitrionas) enfrentarán a un tercero, sin importar si hubo otros primeros de grupo con más puntos. Y es más, si las selecciones locales terminan segundas, no enfrentarán a ningún primero, sino que se medirán ante otro segundo. Un dedo bastante seleccionador el de la FIFA.
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Con información de Valeria León y Elizabeth Pérez, de CNN en Español
