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Detrás del proceso de 6 años para convertir campos de fútbol americano en canchas para el Mundial 2026

Por Katie Hunt y Jeremy Harlan, CNN

Cuando comience la Copa Mundial 2026 la próxima semana, nadie estará mirando la cancha con más atención que John Trey Rogers. Los jugadores tendrán la vista puesta en el balón; los árbitros, en el desarrollo del partido. Rogers estará pendiente del césped bajo sus pies.

Rogers, profesor de investigación sobre césped en la Universidad Estatal de Michigan, es el experto responsable de la calidad y la resistencia de las canchas de la Copa del Mundo en las 16 sedes del torneo en Norteamérica.

“Soy más un hombre del césped que del fútbol”, dijo.

El Mundial 2026, que comienza el 11 de junio, reunirá a 48 equipos en 104 partidos en Estados Unidos, México y Canadá a lo largo de seis semanas, con condiciones que van desde el calor y la humedad del sur hasta climas templados del norte.

Puede que el césped no sea lo primero en lo que piensen muchos aficionados, pero es un componente crucial de un torneo de tan alto nivel, ya que influye en la física del balón, en los movimientos de los jugadores y en el riesgo de lesiones.

Aunque ocho de los estadios sede suelen estar equipados con césped artificial y el resto tienen césped natural, todos deben reemplazar sus superficies por un césped ideal para el juego. El proceso se complica porque cinco de ellos tienen techo, lo que reduce drásticamente la cantidad de luz solar.

La tarea de garantizar que estas nuevas canchas cumplan de manera uniforme con exigentes estándares profesionales ha recaído en Rogers, en su exalumno John Sorochan —hoy profesor distinguido de ciencia y manejo del césped en la Universidad de Tennessee— y en sus colegas. Es un trabajo que ha requerido seis años de preparación, con investigaciones iniciadas a finales de 2020.

“La FIFA quiere que los partidos más importantes se jueguen sobre césped natural”, dijo Rogers, “porque los mejores jugadores del mundo tendrán más control y se sentirán más cómodos sobre una superficie natural, que es en la que han jugado toda su vida”.

Es una tarea enorme. “Ocho de los 16 estadios nunca tienen césped”, señaló, “y en cinco de ellos, una vez que lo instalas, la luz del sol no ayuda en absoluto”.

La mayoría de los estadios en Estados Unidos están construidos para la NFL, con superficies que equivalen aproximadamente a entre el 75 % y el 80 % del tamaño de una cancha reglamentaria de fútbol. En el estadio de Kansas City, Missouri, por ejemplo, tuvieron que retirar 10 filas de asientos para ampliar la superficie de juego.

“En la mayor parte del mundo, la gente está loca por el fútbol. En otras palabras, casi todos los estadios a los que vas son estadios de fútbol”, dijo. “La excepción es Estados Unidos”.

En los estadios con césped artificial, como los de Vancouver, en Columbia Británica, y Los Ángeles, fue necesario cubrir o retirar esa superficie antes de instalar el césped natural.

Con tres especies de césped, Rogers y sus colaboradores han diseñado el tipo —o la combinación— más adecuada para cada sede, utilizando equipos especializados que simulan el desgaste de los zapatos con tacos y miden la altura del bote del balón.

Para climas más fríos, como los de Toronto, Filadelfia y Ciudad de México —que, pese a estar más al sur, se encuentra a gran altitud— el césped es una mezcla de pasto azul de Kentucky y raigrás perenne. Para estadios en climas más cálidos, como los de Miami, Guadalajara y Monterrey, Rogers y sus colegas eligieron pasto Bermuda.

Los estadios techados complicaron aún más la ecuación, señaló. Los recintos en los climas sofocantes de Houston, Dallas y Atlanta parecerían requerir una especie de temporada cálida, como el pasto Bermuda, pero como el césped estará en interiores, con menos luz solar y aire acondicionado, resulta más adecuada una mezcla de pastos de temporada fría.

Para asegurarse de que el césped en esos estadios cubiertos se mantenga vivo durante seis semanas, se utilizan sistemas de riego y grandes lámparas de cultivo.

“Parecen pájaros enormes que se llevan con ruedas y se colocan sobre el césped”, dijo Rogers. “Tenemos que seguir una receta específica sobre cuántas horas de luz debe recibir la planta cada día, y en muchos aspectos estamos explorando terreno nuevo”.

“Nunca antes habíamos tenido partidos de la Copa del Mundo en varios estadios techados durante períodos de varios días”, dijo.

Joe Wilkins III, agricultor de césped, gerente general y propietario de Green Valley Turf Co. en Platteville, Colorado, ha cultivado y cuidado el césped para los estadios de Atlanta, Houston y Dallas, con visitas mensuales de Rogers, Sorochan y su equipo.

“Parece un poco extraño que el césped venga desde Colorado, pero esos edificios estarán climatizados a unos 21 °C durante todo el torneo”, dijo, “así que necesitaban un césped de temporada fría que prospera en nuestro entorno y que es casi imposible cultivar más cerca de las sedes”.

Wilkins comenzó a cultivar el césped hace un año sobre una capa de plástico cubierta con grava y entre 25 y 30 centímetros de arena. La técnica permite que el césped crezca rápidamente y que pueda cortarse, enrollarse y transportarse con facilidad. Cada cancha mide unos 7.600 metros cuadrados, o cerca de 0,8 hectáreas, pero Wilkins dijo que ha cultivado unas 3,6 hectáreas “para tener margen extra y asegurarnos de que lo que enviemos sea lo más perfecto posible”.

CNN presenció cómo se cortó y cosechó en Colorado el césped para la cancha de Houston durante las frescas temperaturas nocturnas del 25 de mayo. Después de enrollarlo como una alfombra, lo cargaron en 24 camiones refrigerados para recorrer unos 1.609 kilómetros hasta Houston, donde se jugarán siete partidos.

Una vez en el estadio, Wilkins dijo que se cosieron fibras plásticas a través del césped y hasta la capa de arena para reforzar y estabilizar la superficie y ayudar a que conserve su color verde durante todo el torneo.

“Es el evento deportivo más grande del mundo”, dijo Wilkins. “Ser parte de esto y aportar tres canchas es motivo de gran orgullo”.

Rogers y su equipo esperan evitar las quejas sobre la calidad de las canchas que surgieron durante la Copa América 2024 y la Eurocopa 2024.

Tiene experiencia de sobra. En el Mundial 1994, la primera vez que el torneo se celebró en Estados Unidos, Rogers hizo posible lo que entonces fue una hazaña deportiva singular: disputar un partido mundialista sobre césped natural dentro de un estadio techado.

Fue responsable de instalar césped real en el Pontiac Silverdome de Michigan, hoy demolido, para la Copa del Mundo varonil de 1994. Para sentar las bases, él y sus colegas construyeron un modelo de unos 613 metros cuadrados del Pontiac Silverdome y fueron pioneros en el uso del césped sobre sistemas modulares de cultivo en plástico, ampliamente utilizados en el torneo de este año.

Rogers dijo que confía en que su equipo ha hecho el trabajo necesario para perfeccionar las canchas, aunque sabe que, con la llegada de la televisión en alta definición, las expectativas sobre el rendimiento y la apariencia del césped son mucho mayores que hace más de 30 años.

En aquel entonces, ni siquiera había oído hablar de la Copa Mundial, y todavía no es exactamente un devoto del fútbol. “Me encanta ver a los aficionados y animaré como todos los demás”, dijo. “Pero miraré primero el césped. Eso se lo prometo”.

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