Fútbol y soft power: ¿puede el Mundial suavizar la imagen de EE.UU. en América Latina o empeorarla?
Por Gonzalo Zegarra, CNN en Español
Antes del pitido inicial del Mundial, Estados Unidos comenzó a mostrar que su política migratoria y de seguridad será inflexible. Con un árbitro somalí acreditado oficialmente por la FIFA que fue rechazado al llegar a Miami, las imágenes del equipo senegalés pasando por atípicos controles aeroportuarios y las restricciones para la delegación de Irán, los aficionados de América Latina se preguntan qué trato recibirán en los partidos de sus equipos y qué riesgos enfrentan durante el torneo.
¿Habrá redadas migratorias en los estadios o eventos ligados al Mundial? La duda que inquieta a miles de turistas y residentes en Estados Unidos también marca la disyuntiva que tiene sobre la mesa el presidente Donald Trump, entre fortalecer su narrativa, especialmente de cara a su base electoral, y aprovechar el certamen para proyectar la imagen de un país próspero y ordenado sin incidentes.
El Mundial, así como los Juegos Olímpicos, es habitualmente una gran vitrina para proyectar poder blando y ampliar su influencia, pero Trump ha mostrado un desdén por esa perspectiva y prioriza el poder duro, con músculo militar y coerción económica por encima del multilateralismo.
Estados Unidos, donde se jugará la mayoría de partidos (78 de 104), “está jugando un doble rasero”, dijo a CNN el internacionalista Erik Del Angel Landeros, investigador de diplomacia deportiva y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Por un lado, quiere proyectar una imagen de celebración, con motivo de sus 250 años (desde la independiencia), y está mostrando su poderío de la mano de acciones de fuerza, tanto militares como económicas y de seguridad”, apuntó.
“Contrario a lo que se plantea en la literatura del soft power o de la diplomacia pública, quiere ser respetado o incluso temido, no mostrarse como amistoso”, indicó el analista. “No creo que esté pensando en el Mundial que organiza junto a México y Canadá como un medio para tener amigos, quizás sí aliados, pero con la imposición de una imagen, con los planteamientos que quiere. Orden interior en migración y seguridad, y en el exterior con sus reglas. Tiene alianzas, pero siempre bajo su esquema de sometimiento”, agregó.
El Mundial tiene una larga historia de anfitriones controversiales, como la Italia de Benito Mussolini en 1934, como una plataforma de propaganda fascista, o Argentina en 1978, cuando la dictadura buscaba limpiar su imagen ante la comunidad internacional. En los casos más recientes, Qatar buscó proyectar otra cara abierta al turismo y con una economía diversificada, mientras que Rusia se mostró como una potencia en resurgimiento 2018, unos años antes de ser excluida de las competencias por la guerra en Ucrania.
Estados Unidos ya organizó un mundial en 1994, cuando proyectó una imagen de apertura, multiculturalismo y optimismo en la posguerra fría, un momento que lo ubicaba como única superpotencia global. Además, dejó récords de asistencia y ayudó a consolidar el crecimiento del fútbol profesional en el país. Tres décadas después, el torneo se desarrolla en un contexto marcado por controles migratorios más estrictos, competencia geopolítica y cuestionamientos sobre el papel internacional de Washington.
“Generalmente la diplomacia deportiva se asocia a lo que llamamos poder blando, es decir, que los estados utilizan diversos eventos, en este caso el Mundial de fútbol, para lograr sus objetivos o intereses nacionales, elevar su imagen o diversificar su economía. ¿Entonces la pregunta del millón es, por qué Estados Unidos se mete si ya se sabe que su poder blando a nivel cultural, en cine, música y demás, es muy, muy fuerte?”, se preguntó Juan Carlos García Perilla, docente del programa de Relaciones Internacionales y Estudios Políticos de la Universidad Militar Nueva Granada (Colombia).
El investigador indicó que la popularidad de Estados Unidos “ha decaído” en el último tiempo, en parte por la intervención en Venezuela, la guerra en Irán o los aranceles generalizados. “Entonces necesita como un poco recuperar esa imagen del país próspero demócrata, donde la gente anhela ir, aunque por el otro lado está el tema de políticas migratorias. Con el Mundial busca como recalcar la idea de ser un país grande, rico, como vislumbrar y mostrar que sigue siendo la gran potencia”, consideró en diálogo con CNN.
La propuesta no está exenta de riesgos, ya que pone sobre la mesa debates incómodos, como le pasó a Qatar con los cuestionamientos de derechos humanos y laborales.
“Es un arma de doble filo. Así como puede mostrar sus bondades, también puede mostrar sus falencias o debilidades. En EE.UU. puede salir todo lo de la política migratoria, el tema de discriminación, persecución, el ICE y demás. Se la juegan porque quede la imagen positiva, pero si llega a ocurrir algo con respecto a la migración y demás, pues va a ser todo lo contrario”, advirtió García.
El coanfitrión marcó la cancha a la FIFA en un tema sensible para su política como la selección de Irán, a la que ni siquiera dejará pernoctar en su territorio: para cada partido el plantel tendrá que viajar ida y vuelta desde México en el mismo día.
Cada movimiento de la delegación será seguido al milímetro, con atención a los gestos, como pasó con la selección femenina, que en marzo no cantó el himno durante la Copa Asiática. García indicó que si hay manifestaciones políticas contra Teherán o incluso alguna deserción con pedido de asilo, sería aprovechado por Washington. “No solo es el evento, sino cómo Estados Unidos puede utilizarlo para su beneficio, cosas que pueden pasar que le sirven a su política exterior”, comentó.
El discurso de EE.UU. contra la inmigración contrasta con la narrativa de inclusión y multiculturalidad que promueve la FIFA, pero el organismo no ha tenido mayores críticas u observaciones al respecto. El presidente Gianni Infantino fue más allá y premió a Trump con un premio de la paz recién inaugurado.
“En el fondo, coinciden la FIFA y EE.UU. de respetar y responder a sus intereses, en tanto haya armonía del Mundial como un negocio y que le permita a EE.UU. verse como se quiere ver. En ese sentido, no hay mayor contradicción”, apuntó Del Ángel.
García indicó que la FIFA es un ejemplo de cómo la diplomacia deportiva la ejercen tanto actores estatales como no estatales. “Ha sido muy criticada porque tiende a pesar más el tema económico, negocios que sus propios valores. (…) Una cosa es la narrativa y los supuestos valores que tratan de mostrar y otra es la realidad”, expresó. “Con las políticas migratorias, es un contrasentido que se hable de inclusión multicultural, de respeto. No es lo ideal para desarrollar un Mundial”, agregó.
En los últimos meses, principalmente luego de las redadas en Minneapolis en las que agentes mataron a tiros a dos ciudadanos estadounidenses, el Gobierno cambió el enfoque de su política de deportaciones masivas. Hace unos días, un agente de ICE acusado de disparar a un venezolano en una redada de enero quedó detenido.
Además, el Gobierno dijo a AP que suspendió el requisito de un depósito de hasta US$ 15.000 que aplica a ciudadanos de 50 países (cinco de ellos clasificados al Mundial) para visitantes que tengan entradas a partidos. Sin embargo, mantiene el veto a ciudadanos de Irán y Haití, así como algunas restricciones a viajeros de Costa de Marfil y Senegal.
La Copa América 2024, que culminó con caos y decenas de detenidos en la final en Miami (donde se jugarán siete partidos) por aficionados sin boletos, mostró que Estados Unidos tenía desafíos de seguridad y organización para eventos futbolísticos masivos. En ese momento aún no había vuelto Trump al poder, con su agresiva política migratoria.
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, confirmó la participación de la agencia en la seguridad de varios partidos y, aunque no habló de redadas, dejó abierta la posibilidad de que agentes arresten a inmigrantes, lo que exacerba las preocupaciones de aficionados.
En principio, México jugará los tres partidos de la fase de grupos en su territorio, pero si avanza en el torneo, podría jugar en cuartos de final (o incluso antes) en suelo estadounidense. Argentina, que moviliza a decenas de miles de viajeros, jugará sus tres primeros partidos en EE.UU., mientras que Brasil, Paraguay y Ecuador jugarán al menos dos, y Uruguay al menos uno.
“Hay gente que dice que le da como nervios ir a Estados Unidos y que los maltrataran y demás. Creo que por puro sentido común van a tratar de menguar un poco de estas políticas (migratorias) por estas cinco semanas del mundial”, dijo García. “Que haya agentes del ICE en el entorno de estadios de eventos y demás, eso puede generar disturbios, desorden, mala imagen. (…) Estados Unidos se está jugando su imagen internacional, creo que van a restringir todo este tipo de persecuciones porque les puede generar todo un problema”, agregó el analista.
Saber si el Mundial termina siendo beneficioso o perjudicial para Estados Unidos depende del lente con el que se le mire.
“Con respecto a América Latina, un éxito sería que se muestre como el país a seguir, como un país grandioso, pero al mismo tiempo que nos puede rechazar como migrante. Trata de vender la imagen de que la gente puede ir, pero bajo cierta reglamentación, no son todos bienvenidos”, comentó García. “Un fracaso, por ejemplo, sería que en un partido que juegue México en Estados Unidos pase algo con la migración, eso acentuaría la imagen negativa hacia esas políticas. Un fracaso sería que ocurra cualquier hecho de violencia”, añadió.
Para Del Ángel, todavía no está claro en qué medida actuará ICE, “si va a ser más tolerante o dar una imagen de fuerza” ante el mayor flujo de turistas.
“Sí repercutiría en las relaciones (con América Latina), pero no es algo que le afecte (a Trump). Lo que quiere no es verse como un país amistoso, sino poderoso”, sostuvo.
“Es un evento que recibe a todo el mundo, diverso, multiétnico, con concepciones abiertas, no cerradas. Eso choca con las medidas de Trump, será interesante ver qué línea dicta, si es que quiere reafirmar la dureza de la visión”, comentó el investigador de la UNAM. Del Ángel señaló que el presidente estadounidense no actúa condicionado por lo que vayan a opinar de él o si hay señalamientos de derechos humanos. “Lo que quiere es ser congruente con su plan, su línea, sus planteamientos. La pregunta es si será un espacio de tregua olímpica a la antigua o reafirmará su agenda”, explicó.
Esa evaluación también estará marcada por el riesgo de afectar su popularidad o reforzar su base de seguidores de cara a las elecciones de noviembre. “Las decisiones van a ser tomadas pensando en el tema interno, en los votantes, en que sea una fiesta que pueda aumentar su popularidad interna. Esta fiesta es un gran amplificador, puede aplicar medidas que vayan a su base. Eso tiene más alineación que una visión internacional”, expresó Del Ángel.
Estados Unidos cumplirá 250 años en medio del certamen, por lo que la parafernalia del Mundial hará resonar todo el festejo que prepara Trump para esa fecha, en el que busca dejar un legado. “Lo simbólico será que siga siendo visto como el gran hegemón de la región, que va en consonancia con la doctrina que ha retomado Trump sobre la influencia estadounidense en el hemisferio, donde no quiere que actores externos como China u otros ingresen”, dijo García. “Recuperar ese concepto de que toda América sigue mirando a EE.UU. como la primera potencia”, agregó.
Desde el Mundial de 1994, la selección estadounidense no se convirtió en una potencia en términos futbolísticos, y el crecimiento del deporte en el país es también una celebración de la influencia latinoamericana en la cultura. El evento pondrá a prueba cómo el Gobierno trata a esas comunidades.
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