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Towns y Alvarado, el dúo latino que impulsa la histórica racha de los Knicks en las Finales de la NBA

Por Maria Santana, CNN en Español

Apenas unos instantes después de la emocionante remontada de los Knicks en el cuarto partido de las Finales de la NBA, Karl-Anthony Towns pronunció una de las frases más graciosas de la noche.

Al preguntarle sobre la habilidad y el impacto de su compañero José Alvarado en la cancha, Towns sonrió y dijo: “Es difícil para mí, siendo dominicano, hablar así de un puertorriqueño”.

La sala estalló en carcajadas. Alvarado también.

La broma aludía a una rivalidad antigua, en su mayoría amistosa, que ha existido durante generaciones: dominicanos y puertorriqueños debatiendo sobre todo, desde béisbol y baloncesto hasta música, comida y orgullo nacional.

Pero también puso de relieve algo único de este equipo de los Knicks.

Durante generaciones, las comunidades dominicana y puertorriqueña han contribuido a dar forma al sonido, el sabor y el espíritu de la ciudad de Nueva York. Sus banderas ondean en las ventanas de los apartamentos, su música llena las fiestas de verano en los barrios y su pasión inunda las canchas de baloncesto de los cinco distritos de Nueva York.

Ahora, dos jugadores que comparten esas mismas tradiciones están ayudando a los Knicks a protagonizar una de las postemporadas más memorables en la historia de la franquicia.

Y para muchos aficionados latinos, eso significa algo mucho más importante que el baloncesto.

Towns, el pívot All-Star de los Knicks, creció en Nueva Jersey y fue seleccionado en primer lugar en el Draft de la NBA de 2015 por los Minnesota Timberwolves. Antes de llegar a Nueva York, jugó nueve temporadas en Minnesota, donde fue seleccionado varias veces para el All-Star y se consolidó como uno de los mejores pívots de la liga.

Towns, cuya madre, Jacqueline Cruz-Towns, nació en la República Dominicana, ha abrazado con orgullo su identidad dominicana a lo largo de su carrera.

De adolescente, eligió representar a la República Dominicana a nivel internacional, a pesar del interés de la selección de baloncesto de Estados Unidos. Ayudó a la selección nacional dominicana a ganar la medalla de oro en el Campeonato Centrobasket 2012, el torneo regional más importante para selecciones nacionales del Caribe, Centroamérica y México, convirtiéndose en un motivo de orgullo para los dominicanos en su país y en la diáspora.

Esa conexión se siente especialmente fuerte en Nueva York.

Ninguna ciudad fuera de la República Dominicana está tan estrechamente ligada a la cultura dominicana. En barrios como Washington Heights e Inwood, las banderas dominicanas ondean en las fachadas de las tiendas y en los balcones de los apartamentos, mientras que las canchas de baloncesto sirven como puntos de encuentro para la comunidad.

Cuando Towns llegó a Nueva York, muchos aficionados lo vieron como un regreso a casa. “Está en casa”, declaró Mike Jones, entrenador del equipo de baloncesto callejero Dominican Power, al New York Post tras el traspaso.

Para Towns, este camino también ha sido profundamente personal.

En 2020, perdió a su madre por complicaciones derivadas de la covid-19, una tragedia que transformó su vida y su carrera.

A lo largo de la racha de playoffs de los Knicks, Towns ha hablado con frecuencia de cómo lleva consigo su recuerdo.

“Sé que mi mamá me acompaña en cada paso del camino”, dijo. “Siento su presencia y solo intento que se sienta orgullosa”.

Si Towns representa una faceta del baloncesto latino, Alvarado representa otra.

Este nativo de Brooklyn, de ascendencia puertorriqueña y mexicana, fue ignorado por muchos cazatalentos debido a su estatura. Con apenas 1,83 metros (baja para los estándares de la NBA), no fue seleccionado en el draft tras su paso por Georgia Tech, antes de consolidarse en los New Orleans Pelicans y su traspaso a los Knicks a principios de este año.

Hoy, sus característicos robos y su estilo intrépido le han valido el apodo de “Grand Theft Alvarado” y lo han convertido en uno de los jugadores de rol más queridos de la liga.

Al igual que Towns, Alvarado ha abrazado la representación de sus raíces. Luce con orgullo la bandera de Puerto Rico en su camiseta durante las competiciones internacionales y se ha convertido en uno de los embajadores del baloncesto más reconocidos de la isla.

En 2025, el Desfile Nacional del Día de Puerto Rico nombró a Alvarado Atleta del Año, reconociendo tanto sus logros en la cancha como su impacto en la comunidad puertorriqueña.

“Representar mis raíces puertorriqueñas de una manera tan significativa es un sueño hecho realidad”, dijo Alvarado al aceptar el honor. “Esto no es solo para mí, sino para todos los que me han apoyado en este camino”.

Si bien sus historias pueden ser diferentes, ambos jugadores forman parte de una historia mucho más amplia: la historia de los latinos que han contribuido a dar forma al baloncesto profesional durante décadas.

En 1978, el puertorriqueño Alfredo “Butch” Lee se convirtió en uno de los primeros jugadores latinos en la NBA, abriendo puertas para las futuras generaciones.

Jugadores como Carlos Arroyo, J.J. Barea, Al Horford y Manu Ginóbili demostraron posteriormente que los atletas latinos podían convertirse en estrellas, campeones y futuros miembros del Salón de la Fama.

Hoy en día, la NBA incluye jugadores con raíces en Puerto Rico, República Dominicana, México, Cuba, Brasil, Argentina y otras partes de Latinoamérica y el Caribe.

Y su influencia se extiende mucho más allá de los propios atletas. Las comunidades latinas se han convertido en las más apasionadas de la liga, llenando estadios, organizando ligas juveniles y contribuyendo al crecimiento del deporte en ciudades de todo Estados Unidos.

Esa pasión por el juego es especialmente visible en Nueva York, donde el baloncesto y la cultura latina llevan mucho tiempo entrelazados.

Al pasear por Washington Heights, el sur del Bronx, Bushwick o algunas zonas de Brooklyn en una tarde de verano, se ven las canchas abarrotadas en las que el español y el inglés se mezclan con la misma naturalidad que los regates y los tiros en suspensión.

Por eso, para muchos jóvenes aficionados de la ciudad, ver a Towns y Alvarado triunfar en uno de los escenarios más importantes de la NBA significa mucho más que un campeonato.

Se trata de imaginarse con una camiseta de la NBA y darse cuenta de que el futuro del baloncesto se parece cada vez más a comunidades como la suya, que siempre han amado este deporte.

Para ellos, el mensaje es claro: tú también perteneces aquí.

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