“Una experiencia de vida”: con o sin boleto, la marea verde del Tri inunda el primer partido del Mundial 2026
Por Andrea Saint Martin, CNN Español
6:30 a.m. del 11 de junio de 2026. Aunque faltaban más de seis horas para que se diera el silbatazo inicial del partido inaugural del Mundial 2026 en el Estadio Ciudad de México, las calles aledañas al Coloso de Santa Úrsula comenzaron a llenarse de personas portando su playera de la selección mexicana.
Por tercera vez en la historia, México volvía a ser sede de una Copa del Mundo de la FIFA, recibiendo a Sudáfrica envuelto por una mezcla de emoción por volver a ver rodar el balón en casa y tensión ante la amenaza de múltiples protestas en la zona por sectores inconformes con el Gobierno federal: maestros, transportistas, productores, familiares de personas desaparecidas y ciudadanos molestos con la inseguridad.
A esto se le suma el operativo “última milla” de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, un perímetro de aproximadamente 1,6 kilómetros del conocido popularmente como Estadio Azteca con restricciones temporales de circulación durante los partidos del Mundial.
No era sorpresa encontrar a miles y miles de aficionados caminando lentamente hacia los accesos del recinto para poder asegurar su llegada. Conforme el reloj se acercaba a las 8 a.m., hora en la que se abrirían las puertas, el Circuito Ciudad de México se fue inundando por una marea verde de cánticos, celebraciones y gritos de “Viva México”.
Para algunos fans del Tri, portar su jersey no era más que suficiente y decidieron ir más allá llevando banderas, bufandas o sombreros. Entre la multitud, resaltaron las tres largas cabelleras rubias de tres amigos: Alfredo, Jorge y Javier.
Provenientes de Tijuana, Baja California, y Los Cabos, Baja California Sur, contaron a CNN en Español que tardaron tres meses entrando a rifas de ventas de boletos de la FIFA para finalmente cumplir el sueño de asistir a la inauguración.
Decidieron uniformarse con pelucas que recuerdan a la época dorada de Luis “el Matador” Hernández, quien hasta la fecha es el quinto máximo goleador de México, porque “es un referente infalible” y “para que traiga suerte” contra los Bafana Bafana.
“Y ya lo ven, y ya lo ven, somos locales otra vez”, cantaban mientras se fundían con el resto de la marea verde.
Charlie, quien con un fuerte acento yucateco dijo a CNN en Español que es de Mérida, compró su entrada más o menos hace un mes en reventa y con un presupuesto de entre 30.000 y 40.000 pesos mexicanos (US$ 1.700 a US$ 2.300, aproximadamente).
Portero de toda la vida, lucía el colorido e inconfundible uniforme que Jorge Campos utilizó en el Mundial Estados Unidos 1994 para “poner ambiente mundialista”.
“Pero al rato vamos a ser Guillermo Ochoa. Aquí apoyamos a todos los porteros de la selección nacional”, explicó, detallando que ese día llevaba tres indumentarias diferentes que rotaría “como fuera demandando el momento”.
Miranda y Sara optaron por acompañar su playera verde con largas faldas floreadas, rebozos rosa mexicano, coronas de flores y un maquillaje que hacía alusión a la uniceja de la famosa pintora Frida Kahlo.
“El fútbol se sufre como sufrió Frida”, señaló Miranda a CNN Español.
Ambas solo tardaron 1 día en conseguir todo lo necesario para sus trajes, cuyo costo calculan que ronda los 2.000 pesos mexicanos (US$ 115), sin contar la camiseta.
Al igual que miles de aficionados más, decidieron llegar al Estadio Ciudad de México más temprano de lo normal porque les daba “un poco de estrés ver lo que iba a pasar con la ciudad”. Tardaron más de una hora en llegar, aunque son de Coyoacán, la misma alcaldía en donde se encuentra el inmueble.
Originalmente, ellas no planeaban asistir a la inauguración, pero pudieron comprar sus boletos en la madrugada del lunes, después de que Miranda pasara meses monitoreando la venta de la FIFA, casi como si se tratara del Diario Oficial de la Nación.
Al conseguir boletos prácticamente en la última oportunidad, decidieron no apegarse a un presupuesto porque “es una experiencia de vida y sabemos que, después, el dinero va y viene”, afirmó Miranda.
Para Gustavo, no tener una entrada para el México vs. Sudáfrica no fue un pretexto para que saliera el jueves a las 3 a.m. de Puebla rumbo al Coloso de Santa Úrsula.
Aunque estuvo buscando en la venta de la FIFA en los primeros sorteos, no compró un boleto porque los precios estaban muy “descabellados”, dijo a CNN en Español.
“No había posibilidad, pero eso no me limitó a venir y vivir la fiebre del Mundial”, aseguró.
El maestro de educación física se diferenciaba de los demás por llevar una máscara de un payaso endemoniado y cargar un enorme martillo decorado con los colores de la bandera de México y el mensaje “Cambio este poderoso martillo por un boleto”.
De acuerdo con Gustavo, el martillo forma parte de su disfraz favorito de Halloween, que suele usar en dicha temporada para salir a pasear en el zócalo de Puebla y tomarse foto con las personas porque le gusta convivir.
“Se me ocurrió hacer una versión mundialista”, agregó.
Y aunque sabía que quizá su oferta no sería suficiente para poder ver el debut del Tri en el Mundial 2026, contó que su plan era quedarse afuera del estadio todo el partido con su teléfono o desde la pantalla de algún comercio colindante. Se quedaría ahí el mayor tiempo posible, para luego regresar a Puebla.
Otros aficionados prefirieron anticipar los cierres viales y las movilizaciones sociales visitando el Estadio Ciudad de México un día antes de la inauguración. Tal fue el caso de Lino, quien el miércoles se trasladó desde Periférico y Tláhuac, a unos 9,6 kilómetros, para llegar a las 8 a.m. esperando “que no esté muy lleno” y así tomarse una fotografía.
Normalmente, el mexicano no acostumbra a ver partidos de fútbol en los estadios, pero el Mundial 2026 fue pretexto suficiente para que quisiera acercarse.
“Mañana va a ser peor”, anticipó. “De hecho, yo creo que ni vamos a poder pasar. Por eso, ahorita aproveché para pasar, a ver si puedo”, dijo a CNN en Español.
Para el siguiente partido del Tri en la capital del país —el 24 de junio ante República Checa—, Lino quiere ver si puede regresar a la zona, aunque tampoco tenga boleto. El plan también parece indiscutible en caso de que la selección tricolor avance de la fase de grupos.
José Luis es un caso similar. Originario de Nicolás Romero, Estado de México, a unas tres horas del estadio, estuvo por la zona el miércoles para acompañar a su hija a una cita médica.
“Andábamos cerca y, ya que se siente el ambiente, pues hay que darse la vuelta para sentir la vibra más de cerca”, aseguró a CNN en Español.
“Tenemos que apoyar a la selección. Es el equipo de todos y hay que estar aquí presentes”, añadió.
Por su parte, a Josué no le importó que su selección no clasificara a esta Copa del Mundo para querer disfrutar de una probada. Originario de San José El Rodeo, Guatemala, contó a CNN en Español que lleva más de 30 años viviendo y trabajando en la Ciudad de México.
“Venía a pasear y me quedé atorado, como quien dice”, afirmó entre risas. “Vivía con una mexicana y tengo mis hijos mexicanos”.
Josué se acercó al conocido popularmente como Estadio Azteca para ver y convivir con personas de diferentes países.
“Estoy esperando a un paisano que también va a llegar. Vamos a tomar unas fotos para mandar allá a nuestro país, para que vean que estamos aquí. Aunque no vino nuestro país, vamos a representarlo”, dijo.
“Aunque mi país no vino, yo vengo. Me encanta apoyar el fútbol y vengo a apoyar a Brasil (…) es el mejor”, agregó.
Lino también decidió visitar el Coloso de Santa Úrsula un día antes del arranque del torneo porque no tiene entrada, necesaria para poder estar en el puente que conecta al inmueble con el tren ligero, una de las postales favoritas de los fans.
“Estaremos con la televisión y andaremos aquí rondando porque nos van a correr de aquí a un kilómetro a la redonda”, aseguró.
Para los partidos restantes en la Ciudad de México, el guatemalteco planea seguir visitando la zona para compartir lo que ve con sus compatriotas. Además, piensa ir al Ángel de la Independencia, punto de encuentro de cualquier aficionado del fútbol mexicano para celebrar las victorias de su equipo, para festejar con los brasileños.
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