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Crece el rechazo al acuerdo en Irán, pero es probable que el régimen tenga la última palabra

Por Tim Lister, Mostafa Salem y Aida Karimi, CNN

Mientras Estados Unidos e Irán avanzan lentamente hacia un acuerdo para poner fin al conflicto que comenzó hace más de tres meses, queda claro que algunas facciones dentro de Irán no están conformes con lo que se ha propuesto.

Sectores duros han utilizado medios estatales para lanzar fuertes críticas a los detalles reportados del “memorando de entendimiento”, y en algunas manifestaciones se han escuchado consignas contra los negociadores.

A pesar de las discrepancias, es probable que el régimen tenga la última palabra.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sugerido que el memorando se firmaría este domingo, día en que cumple 80 años. Sin embargo, Teherán no ha confirmado que exista un texto final acordado.

Gran parte de las críticas que han surgido en Irán provienen de una facción minoritaria conocida como Jebhe-ye Paydari, o Frente de la Resistencia, cuyos miembros se consideran guardianes de los valores de la revolución de 1979 que derrocó al sha prooccidental e instauró un régimen autoritario basado en la ideología islamista chiita.

Durante los últimos meses, las autoridades iraníes han intentado equilibrar cuidadosamente las negociaciones con Trump mientras buscan apaciguar a distintos sectores del diverso panorama político del país, incluido el grupo Paydari. La participación de miembros de esta facción en conversaciones con negociadores estadounidenses en Pakistán en abril sugirió que Teherán intentaba mostrar cohesión interna.

Sin embargo, el grupo extremista ha movilizado a sus integrantes y a medios afines para intensificar las críticas al acuerdo, aumentando la presión sobre los negociadores iraníes, que han intentado obtener concesiones de una administración estadounidense decidida a debilitar —y posiblemente poner fin a— la República Islámica.

Uno de los miembros más destacados de esta corriente, Mahmoud Nabavian, afirmó que si Irán firma el acuerdo, “nos convertiremos de hecho en una colonia de Estados Unidos”. Añadió que el acuerdo implicaría abrir el estratégico estrecho de Ormuz “incluso para Israel”.

“Si queremos llevar a cabo incluso el más mínimo nivel de enriquecimiento de uranio, primero tendríamos que obtener permiso de Estados Unidos, incluso para fines como producir medicamentos o electricidad”, añadió Nabavian, quien en el pasado formó parte del equipo negociador.

Tampoco estaba claro cuándo Irán se beneficiaría de la liberación de sus activos congelados en el extranjero o de un alivio de las sanciones, agregó.

“Cuantas más señales de debilidad enviemos, más cerca estará la guerra”, afirmó Nabavian en una entrevista televisiva en la que leyó un supuesto documento del acuerdo.

El texto del acuerdo no ha sido publicado oficialmente.

Los sectores duros incluso han movilizado protestas contra cualquier acuerdo y organizaron una gran manifestación para la noche de este domingo frente al Ministerio de Relaciones Exteriores, dirigida contra el principal diplomático de Irán, Abbas Araghchi, en abierta desobediencia a los llamados a la unidad.

El creciente rechazo en los medios y en las calles llevó a cuentas en redes sociales vinculadas al líder supremo, Mojtaba Khamenei, a volver a publicar un mensaje suyo de marzo en el que pedía a los medios “abstenerse seriamente de centrarse en las debilidades”.

El diario Javan, considerado cercano a la Guardia Revolucionaria de Irán, afirmó que algunos oradores en manifestaciones públicas estaban ignorando las instrucciones de Khamenei y “actuaban para sembrar división y discordia entre la población”.

Participantes en una manifestación realizada el sábado en Teherán exigieron las renuncias de Araghchi y del principal negociador iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, según videos difundidos en redes sociales.

Los manifestantes recordaron el asesinato, al comienzo del conflicto en febrero, del padre de Khamenei —el anterior líder supremo— con la consigna: “¡Ghalibaf, Araghchi! ¿Qué pasa con la sangre de mi líder?”.

Ali Rabiei, funcionario cercano al presidente Masoud Pezeshkian, respondió este domingo y advirtió contra la creación de “narrativas artificiales”.

Medios iraníes también han advertido sobre el riesgo de que los desacuerdos se conviertan en divisiones.

“Los insultos ofensivos que lamentablemente se dirigieron anoche contra algunos funcionarios, aunque fueron realizados por un grupo específico y muy reducido y amplificados por medios hostiles antiiraníes, son completamente inaceptables incluso en esa escala limitada”, dijo este domingo la agencia semioficial Tasnim.

“Si existen críticas o protestas, sin duda hay formas razonables y respetuosas de expresarlas”, agregó.

Las voces que se oponen a un acuerdo con Estados Unidos siempre han existido dentro de la República Islámica. La verdadera pregunta es si tienen la fuerza suficiente para frustrar la inminente firma o incluso sabotear futuras negociaciones destinadas a alcanzar un acuerdo integral.

El nezam iraní —o régimen—, que incluye al líder supremo, el presidente, el ministro de Relaciones Exteriores, el presidente del Parlamento y las fuerzas armadas, ha procurado mostrar unidad en sus esfuerzos por negociar una solución diplomática con Trump.

Sin embargo, elementos centrales de la República Islámica —incluidos la radiodifusora estatal, políticos conservadores veteranos y manifestantes que afirman haber salido victoriosos de la guerra contra Estados Unidos e Israel— han intensificado sus esfuerzos contra cualquier acuerdo, al considerar que implicaría renunciar a los logros obtenidos durante la guerra.

Contrario a una percepción ampliamente extendida, Irán cuenta con un debate político propio y dinámico. Distintas facciones, que representan una variedad de posturas y cuentan con el respaldo de sus propios medios de comunicación, pueden operar dentro de las estructuras del Estado, siempre que no desafíen los pilares fundamentales de la República Islámica, principalmente al líder supremo.

Así como existen voces en Estados Unidos e Israel que se oponen a cualquier acuerdo con Teherán, Irán también tiene sus propias facciones disidentes. Aunque evitan cuestionar directamente al líder supremo, estas voces ahora se muestran lo suficientemente audaces como para afirmar incluso que Mojtaba Khamenei fue inducido a respaldar el acuerdo mediante engaños.

Pero el régimen mantiene el control. Las voces disidentes pueden ser ruidosas e incluso divisivas en ocasiones, pero el poder de decisión sigue en manos de una estructura de gobierno consolidada que esta guerra no ha logrado destruir.

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