La diferencia entre De la Espriella y Cepeda no llega a los 700.000 votos. Estos electores pueden revertirla o ampliarla
Análisis por Fernando Ramos, CNN en Español
Harvey Rodríguez tiene una empresa audiovisual y está preocupado por el futuro del país, especialmente por su negocio que le da para mantener a sus hijos y a su familia. Hace cuatro años, dice, votó por Gustavo Petro a la presidencia. Pero manifiesta estar decepcionado de su gestión. En la primera vuelta Harvey fue parte de los colombianos que votó en blanco porque no le convencían las propuestas de los aspirantes a reemplazar al primer presidente de izquierda en el país.
Pero ahora cree que su voto debe ser útil y contribuir a definir la segunda vuelta en las urnas. “El problema es que no sé todavía por quién votar. Cepeda dice que va a continuar con las políticas de Petro y eso ha sido malo para la economía. Y Abelardo solo habla de atacar a los grupos armados y eso es más guerra para el país. Me preocupan mis hijos, su futuro. Y es por ellos que quiero que este país supere sus problemas y sea próspero. Un país en el que quepamos todos”, le dijo Rodríguez a CNN.
Como él, son miles los colombianos que aún no han tomado la decisión de por quién votar en el balotaje. Si por el Abelardo De La Espriella del movimiento político de derecha Defensores de la Patria, o por Iván Cepeda del partido de gobierno Pacto Histórico.
Mi hija Mariana, de 24 años, ejerció por primera vez su derecho al voto. Y lo hizo por una de las duplas, a la presidencia y vicepresidencia de Colombia, que no pasó a la segunda vuelta electoral que se realizará este domingo 21 de junio para elegir a quienes reemplazarán al actual presidente de izquierda, Gustavo Petro, y a la vicepresidenta, Francia Márquez, a partir del 7 de agosto.
Después de la primera vuelta, realizada el 31 de mayo, le pregunté por quién votará en el balotaje. Me confesó que no sabe aún: ninguno de los dos candidatos en contienda —Abelardo de la Espriella, del movimiento político de derecha Defensores de la Patria, e Iván Cepeda, del partido oficialista de izquierda Pacto Histórico— la convencen. Incluso, no descarta votar en blanco.
Mariana hace parte de los votantes indecisos, ese gran árbitro silencioso que podría definir la presidencia de Colombia para el periodo 2026-2030, según varios expertos en el entramado electoral.
César Caballero, gerente de la consultora Cifras y Conceptos, es una de las personas que más conocen en el país sobre el comportamiento de los votantes. Su firma lleva años realizando estudios, mediciones, sondeos y encuestas para medir la intención de voto de los colombianos. Y él tiene el perfil muy definido de quiénes son esos votantes indecisos que podrían ser definitivos para esta recta final de la campaña.
“Son mujeres mayoritariamente de 26 a 50 años de clase media, están en Bogotá y esto pesa mucho. Pero es aquí donde hay la mayor indecisión porque están muy parejos los candidatos. Tradicionalmente lo que uno encuentra, en los estudios que he realizado, es que entre un 12 % y 16 % de personas toman la decisión de por quién votar en la última semana. ¿Por qué? Una parte son personas que no se vinculan mucho con el tema político y ellos conforman parte del 21 % o 22 % del total de población habilitada para votar. Y hay gente incluso que toma la decisión en la urna”, afirma Caballero.
Colombia se enfrenta a un escenario de contrastes absolutos y en medio de una polarización evidente si se toman en cuenta los resultados de la primera vuelta. La Registraduría Nacional, organismo encargado de realizar y garantizar el resultado de las elecciones, consolidó una votación que situó en el balotaje a dos visiones de país diametralmente opuestas. Por un lado, el abogado penalista Abelardo de la Espriella, abanderado de la derecha dura representada en su movimiento Defensores de la Patria, quien lideró el conteo con el 43,74 % (10.361.499 votos). Por el otro, el senador de izquierda y activista de derechos humanos Iván Cepeda, del partido de gobierno Pacto Histórico, quien obtuvo el 40,90 % (9.688.361 votos).
La diferencia fue de apenas 673.138 sufragios, en tanto que las papeletas en blanco fueron 406.970 y las nulas, 245.389.
Para Caballero, este escenario competido —en principio— puede motivar a una mayor participación electoral en los algo más de 41 millones de colombianos habilitados para votar.
“En Colombia el sistema electoral es sólido y confiable. Tenemos reglas ciertas para resultados inciertos. Hay muchos indecisos, y los indecisos históricamente en Colombia están en el centro, no están en la derecha. Pero hoy, como están los datos, es Abelardo el que lleva la ventaja. Pero todavía hay mucha incertidumbre”, concluye.
Con una distancia estrecha de apenas 2,84 puntos porcentuales entre ambos candidatos, la matemática electoral muestra que ninguno de los dos puede alcanzar la presidencia solo con el grueso de sus votantes iniciales en primera vuelta. Y en el ajedrez político, el verdadero poder migró de los extremos de derecha e izquierda hacia los sectores moderados, los indecisos y aquellos que ven en el voto en blanco alternativa. Y es en ellos en quienes se han enfocado en el último tramo de la campaña.
“Esto no se gana hasta que se gana, por eso los invito a seguir multiplicando los votos, para ganar contundentemente este domingo 21 de junio”, escribió De la Espriella en X.
Lo propio ha hecho Cepeda, quien no ha ocultado su intención de seducir a los votantes del centro del espectro político. “Estoy listo a dialogar, como lo he venido haciendo, con sectores del centro político a los cuales respeto y reconozco. Comprendo las críticas, en muchos casos justas, a lo que hemos hecho en estos cuatro años”, ha dicho el candidato del Pacto Histórico en sus redes sociales.
Cepeda ha dicho incluso que, de ser elegido, no convocará una Asamblea Nacional Constituyente —algo que hacía parte fundamental de su programa de gobierno— a cambio de tener el respaldo de sectores políticos de centro.
De la Espriella, en tanto, se comprometió a no desmontar subsidios sociales del actual gobierno y mantener el aumento del salario mínimo, que fue del 23,7 % este año.
Para dimensionar el peso real del centro político, basta con observar el comportamiento de las fuerzas que quedaron fuera de la carrera presidencial el pasado 31 de mayo. La candidata Paloma Valencia, del partido de derecha Centro Democrático, sumó un importante 6,92 %, del total de votos válidos. Muchos analistas creen que al menos un 80 % de ese número de votantes migrarán de forma casi natural hacia De la Espriella por afinidad ideológica. Pero las vertientes asociadas al centro, como en el caso de Sergio Fajardo —que obtuvo un poco más de un millón de votos— y otras corrientes como la de Claudia López y Roy Barreras, podrían tener también peso en el caudal definitivo para inclinar la balanza.
En esta ocasión, los candidatos están siendo medidos no solo por las firmas encuestadoras sino también por los mercados de apuestas como Polymarket y Kalshi, que están teniendo un alto impacto muy fuerte en la opinión pública en Colombia con las tendencias que muestran y que, según varios analistas, podrían incidir en la decisión final de los votantes.
“Hay un mercado muy fuerte, muy influyente, que es el mercado de las apuestas. Y empezaron a mover también el panorama político. Y allí uno empieza a ver no quién está ganando realmente sino al que más le están inyectando dinero. Pero eso no tiene nada que ver con aprobación o favorabilidad, pero marca tendencias, que pueden ser engañosas, e incluso peligrosas, porque manipulan a los ciudadanos. Pero eso solo se sabrá en la encuesta definitiva en las urnas el 21 de junio”, dijo a CNN el analista político Óscar Montes.
El reto para ambos candidatos ahora no es convencer a sus bases que ya votaron por ellos en la primera vuelta, sino seducir a un electorado tibio, indeciso, que mira con precaución y manteniendo la distancia sobre la propaganda altisonante de las dos esquinas extremas.
Por eso hay quienes sostienen que, más que desaparecer tras las elecciones del 31 de mayo, el centro político puede jugar un papel fundamental en la segunda vuelta y salir fortalecido de cara a las elecciones regionales en donde se elegirán alcaldes y gobernadores en 2027.
“A mediano plazo, el principal resultado de las elecciones en primera vuelta se resume en que los interesados no pudieron desaparecer el centro político. En el fondo saben que el centro representa la negación en política de lo que los extremos quieren perpetuar pues se benefician de la polarización. Saben que los dirigentes están firmes y el centro político se va a fortalecer”, afirmó en X Bernardo Useche, del Centro de Estudios Económicos Cedetrabajo.
El voto en blanco, que en primera vuelta superó los 406.000 sufragios, se podría interpretar en la segunda vuelta como un factor de rechazo a las propuestas de ambos candidatos y a los extremos. Pero habrá que esperar si ese porcentaje aumenta o disminuye para saber qué tanto funcionaron los argumentos de los candidatos en la conquista de los votos necesarios para alcanzar la victoria. Quien logre sintonizar con los miedos y las aspiraciones de esa franja intermedia, sostienen los expertos, será quien gobierne a Colombia en los próximos cuatro años.
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