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Los delitos de “upskirting” han afectado a Japón durante años. Ahora, los niños también se están volviendo infractores

Por Hanako Montgomery, Yumi Asada y Daniel Campisi, CNN

Ayaka tenía seis años cuando fue víctima de “upskirting” (fotografía furtiva bajo la falda) por primera vez. Su profesor de natación, un hombre que se centraba en niños desde hacía más de una década, tomó fotos y videos ilícitos de sus genitales. Luego compartía las imágenes en un grupo de Telegram con otros pederastas, quienes estaban tan agradecidos por el contenido que lo llamaban “dios”.

El padre de Ayaka, Suzuki —ambos nombres han sido modificados por motivos de privacidad—, solo se enteró de que su hija había sido víctima cuando la Policía lo llamó hace dos años. Su rostro y su nombre aparecían en algunas de las imágenes, lo que la hacía fácilmente identificable.

“Mi esposa y yo la animamos a apuntarse a esa escuela de natación. Pensamos que sería una experiencia divertida para ella”, declaró a la CNN.

“Me siento avergonzado por haber puesto a mi hija en esa situación. Siento rabia hacia el hombre que cometió el delito. Nunca podré perdonarlo”.

Ayaka no es un caso aislado. Es una de las innumerables víctimas del “upskirting” y del voyerismo fotográfico en Japón, un delito que lleva mucho tiempo azotando al país.

Es frecuente ver carteles de advertencia en las estaciones de tren y edificios públicos de Japón. Todos los teléfonos inteligentes que se venden en el país están obligados a emitir un sonido de obturador al tomar fotos y videos; se trata de una medida del sector diseñada para disuadir la fotografía furtiva. En 2023, Japón también introdujo una ley nacional contra el “voyerismo fotográfico” como parte de una reforma más amplia de su legislación sobre delitos sexuales. Antes de eso, estos casos se perseguían mediante un conjunto heterogéneo de ordenanzas locales que variaban según la región.

A pesar de los años de esfuerzos por frenar este delito, sigue siendo una de las infracciones sexuales más comunes en Japón. La Policía realizó 9.237 detenciones por delitos de voyerismo en todo el país, en 2025, la cifra más alta registrada hasta la fecha. Las autoridades atribuyen parte de este aumento a la nueva ley, que amplió el alcance de los delitos tipificados. La omnipresencia de los teléfonos inteligentes también ha facilitado más que nunca la comisión y repetición de este delito.

Sin embargo, lo que está cambiando es quién lo comete.

Aunque tradicionalmente los autores han sido adultos, un número creciente de ellos son niños. Datos policiales muestran que los casos denunciados de voyerismo que involucran a menores se multiplicaron casi por seis en 2024, en comparación con el año anterior, y volvieron a aumentar en 2025.

“Me sorprendió saber que esto estaba ocurriendo en las escuelas”, declaró a CNN Sumire Nagamori, experta en ciberseguridad y activista por los derechos de la infancia. “El autor puede ser un compañero de clase y las imágenes pueden acabar en internet”.

En salas de chat de las plataformas de redes sociales Telegram y Discord, a las que tuvo acceso CNN, los usuarios publican “adelantos” de material de abuso sexual infantil. Un video promociona el acceso a una grabación más larga en la que se ve a un niño pequeño siendo víctima de abusos, por un precio inferior a US$ 3. Algunos usuarios afirman estar dispuestos a fotografiar a sus compañeros de clase o hermanos, alegando que cursan estudios de secundaria o niveles equivalentes.

CNN se puso en contacto con Discord y Telegram para solicitar declaraciones sobre sus hallazgos.

Telegram afirmó que sus sistemas de moderación eliminan millones de contenidos nocivos cada mes, incluida la pornografía no consentida. También destacó sus “importantes esfuerzos” contra el material de abuso sexual infantil, señalando que eliminó más de 260.000 grupos y canales relacionados tan solo en 2026.

Discord no respondió.

Nagamori señala que varios factores impulsan esta preocupante tendencia. Los teléfonos inteligentes han proporcionado a los jóvenes un acceso constante a cámaras y contenidos en línea, lo que facilita la propagación de conductas imitativas.

“Los niños acceden a dispositivos digitales antes de recibir formación en ética o alfabetización digital”, afirmó. “Antes de saber distinguir el bien del mal, ya disponen de herramientas que pueden utilizarse para hacer daño a los demás”.

En la clínica de Daisuke Nakamura, donde este psicoterapeuta designado por el tribunal trata a personas condenadas por delitos de voyerismo, un número creciente de pacientes son menores de edad.

“Cuando abrí esta clínica, hace 15 años, la mayoría de mis clientes eran hombres de mediana edad”, declaró a CNN. “Ahora, veo a más estudiantes de secundaria, bachillerato y universidad”.

Algunos son aún más jóvenes.

“Mis clientes más jóvenes tienen 13 o 14 años, y ocasionalmente acuden alumnos de primaria”, comentó.

Esta tendencia surge en un momento en que los expertos advierten que el marco jurídico de Japón ha tenido dificultades para adaptarse a la realidad del abuso sexual digital.

Según la legislación vigente, el material de abuso sexual infantil suele perseguirse en virtud de la Ley de Pornografía Infantil de Japón. Sin embargo, los críticos señalan que existen vacíos legales: la ley solo se aplica cuando los genitales del menor son visibles, lo que significa que algunas formas de contenido relacionado con el abuso sexual pueden quedar fuera de su alcance. Expertos consultados por CNN afirmaron que estas lagunas pueden dar lugar a penas considerablemente más leves para los infractores.

Japón también está implementando un nuevo registro de agresores sexuales que permite a los empleadores de sectores que implican contacto con niños —como las escuelas— verificar si los candidatos han sido condenados por delitos de abuso sexual infantil. No obstante, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, el público general no tiene acceso a esta base de datos.

Para comprender mejor qué impulsa a un joven a cometer estos delitos, CNN pasó meses buscando a antiguos infractores dispuestos a hablar sobre su experiencia. Kimura, quien ahora tiene 19 años, es uno de los que aceptó hablar; también solicitó utilizar un seudónimo.

Kimura cuenta que su fascinación por el “upskirting” (fotografiar o grabar bajo la falda de una mujer sin su consentimiento) comenzó a los 15 años, a raíz de ver pornografía que mostraba situaciones preparadas. Tras meses de ver este tipo de contenido, quiso probarlo él mismo.

A los 17 años, eligió a su primera víctima: una chica que viajaba en una escalera mecánica en un andén de tren.

“Después de hacerlo sin que me descubrieran y de sentir esa descarga de adrenalina, quise volver a experimentarlo”, declaró a CNN.

Durante el año siguiente, eligió a unas 30 víctimas más. Afirma que solo se detuvo cuando la Policía lo sorprendió invadiendo una propiedad privada mientras intentaba robar ropa interior de un tendedero.

“Si no me hubieran atrapado en ese momento, es posible que hubiera violado a alguien en el plazo de uno o dos años”, admitió.

Desde entonces, Kimura ha participado en programas obligatorios de prevención de delitos y reeducación, y asegura que lamenta profundamente sus actos.

“Siento un gran remordimiento… Ahora, puedo llevar una vida normal, pero siento que debo asegurarme de no olvidar nunca lo que hice”, afirmó.

El instructor de natación de Ayaka fue condenado a cuatro años de prisión tras ser hallado culpable de fotografiar en secreto a varias víctimas menores de edad. Con la mitad de la pena ya cumplida, Suzuki teme el día en que él sea puesto en libertad.

“Dicen que Japón es un país muy seguro, pero ahora me pregunto cuántos de estos delitos ocurren en lugares que no vemos”, afirmó.

Para los autores, el “upskirting” es un delito que se comete en cuestión de segundos y que a menudo pasa inadvertido. Sin embargo, para las innumerables víctimas que sufren esta violación de su intimidad, deja una cicatriz digital permanente; una que Suzuki teme que atormente a Ayaka durante años.

“Mientras que los autores pueden pagar por sus delitos, mi hija tendrá que convivir con estos videos el resto de su vida”, señaló.

“Creo que los niños son un tesoro, no solo para este país, sino para todos. Por eso, considero que es nuestra responsabilidad averiguar cómo protegerlos”, dijo.

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