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La Venezuela de Delcy Rodríguez está tan golpeada que la presidenta no puede rechazar la ayuda ni de amigos ni de enemigos

Análisis por Alfredo Meza, CNN en Español

Cuatro horas después de los potentes terremotos que asolaron sectores de la zona norte costera de Venezuela y la capital, Caracas, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, publicó en X que había ofrecido ayuda al gobierno de ese país para lidiar con las consecuencias de la tragedia. Noventa minutos más tarde, la gobernante encargada Delcy Rodríguez retuiteó el mensaje del mandatario centroamericano, considerado por el chavismo como el némesis de su proyecto político, no solo agradeciendo la oferta, sino ordenando a la cancillería venezolana que coordinara el apoyo.

“La solidaridad entre nuestros pueblos es una fuerza invaluable en estos momentos”, escribió la exvicepresidenta de Nicolás Maduro.

Al margen de la solidaridad que convoca este tipo de tragedias y la retórica política que la acompaña, Delcy Rodríguez no tiene margen para rechazar a cualquier gobierno que arrime el hombro en estas horas. La situación económica del país sudamericano es muy crítica después de una pésima gestión fiscal y la imposición de sanciones económicas por parte de Washington al Banco Central de Venezuela y a la estatal Petróleos de Venezuela, que aporta el 96% de las divisas que ingresan al fisco. Entre 2013 y 2021, el país sudamericano perdió tres cuartas partes del tamaño de su economía.

Las cifras del Banco Central de Venezuela dan una idea de la magnitud de la tarea que tiene por delante Delcy Rodríguez. En 1998, el año previo a la asunción de Hugo Chávez, la deuda externa total del país era US$ 28.311 millones. Veinte años después, el último año en el que se publicaron números oficiales en ese rubro, el país adeudaba US$ 108.369 millones.

A la fecha, cálculos del economista Asdrúbal Oliveros, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello, sitúan el monto en US$ 161.300 millones, una estimación mucho menor a la presentada por el diario Financial Times -US$ 240.000 millones-, revelada justo el mismo día que ocurrieron los sismos.

El sombrío pronóstico del Servicio Geológico de Estados Unidos, que proyecta pérdidas milmillonarias y miles de muertes, evoca el recuerdo de otra tragedia ocurrida hace más de 27 años, en diciembre de 1999, cuando Hugo Chávez gobernaba Venezuela. El 15 de diciembre de aquel año, justo el día que se votaba la aprobación de la nueva Constitución propuesta por el chavismo, hubo un feroz deslave en varios sectores del litoral central de Venezuela que borró un pueblo entero -Carmen de Uria- y causó centenares de muertes.

Un mes después de la llamada Tragedia de Vargas, bautizada así por el nombre del estado donde ocurrieron los peores desastres, el gobierno venezolano rechazó la llegada de dos barcos con asistencia humanitaria enviados por Estados Unidos a pedido del entonces ministro de la Defensa, el general de división Raúl Salazar, una decisión muy controversial habida cuenta del nivel de destrucción y la cantidad de desaparecidos reportados.

Años después, entrevisté a Salazar, ya retirado como militar activo, para el diario donde trabajaba y le pregunté por ese episodio. El alto oficial me dijo que Chávez se había negado porque lo consideraba como una violación de la soberanía, pero también sospechaba que esa negativa obedecía al forjamiento de una alianza con Fidel Castro, entonces incipiente. Chávez nunca se refirió a este episodio en concreto en público. En enero de 2007, el entonces presidente declaró el socialismo en Venezuela y comenzó a erigirse como el líder del antiimperialismo en América Latina al amparo no solo de su alianza con Castro sino del respaldo de los gobiernos de la época en Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia usando las inmensas riquezas del país como un arma geopolítica en su diplomacia.

La misma zona del deslave de 1999 es la más afectada por los terremotos del miércoles. Aquella decisión de Chávez ha vuelto a emerger en la arena de las redes sociales como el ejemplo que no debe repetirse. El contexto es otro tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y la relación estrecha -e inimaginable apenas en diciembre- que la administración Trump ha forjado con Delcy Rodríguez.

Esta vez ha sido el mismo Donald Trump quien se ha declarado “listo, dispuesto y capacitado para ayudar” sin esperar el pedido de Rodríguez, lo que refuerza la impresión que, desde el 3 de enero, cuando capturaron a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, el destino de Venezuela se decide en la Casa Blanca.

“He dado instrucciones a todas las agencias de nuestro gobierno para que se preparen para actuar con rapidez”, escribió el presidente en Truth Social. “Estaremos ahí para nuestros nuevos y grandes amigos”.

El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que Estados Unidos desplegaría de inmediato equipos de búsqueda y rescate, recursos médicos y asistencia humanitaria en el país sudamericano. Además de equipo para evaluar daños y localizar víctimas, Washington se ha comprometido a aportar US$ 100 millones a un fondo humanitario establecido por Naciones Unidas para atender la emergencia, más otros US$ 50 millones para organizaciones que operan sobre el terreno, de acuerdo con el Departamento de Estado.

Vistas las dimensiones de la tragedia, y el tamaño de su deuda externa, Venezuela necesita mucho más de esos ofrecimientos para atender a los damnificados y reconstruir su infraestructura.

Las consecuencias de los terremotos se suman a la función continuada de una crisis que ha llevado a millones de venezolanos a vivir en la última década en una economía de guerra sin vivir formalmente en un conflicto armado.

La promesa de una mejora de las condiciones de vida parece alejarse y sepulta al escaso progreso que podía presumir el gobierno de Rodríguez en poco menos de seis meses de gestión: el diseño de un marco jurídico más proclive a la inversión privada, el leve incremento de la producción petrolera del país y la caída de la inflación de mayo al 6,3% desde el 10,6% reportado en abril por el Banco Central de Venezuela.

Y esta vez, a diferencia de aquel primer año del Gobierno de Chávez, cuando existía para unos y otros una ilusión de futuro, ni la factura petrolera ni toda la ayuda internacional alcanzan para paliar los efectos de los terremoto más potentes en un siglo.

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