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¿Por qué llaman “el Loco” a Marcelo Bielsa, seleccionador de Uruguay?

Por Darío Klein, CNN en Español

Lo han descrito como obsesivo, meticuloso, reflexivo, auténtico, pedagogo, justo… pero él se definió a sí mismo como “tóxico”. Sus jugadores lo elogian, lo admiran, pero también lo cuestionan. Deja a muy pocos indiferentes, pero, desde hace cuatro décadas, cuando empezó a dirigir, la palabra que mejor lo describe es la de su seudónimo: “el loco” Bielsa.

Él mismo contó que el sobrenombre se lo puso su compañero de trabajo Carlos Picerni, cuando trabajaba en las divisiones formativas de Newell’s Old Boys de Rosario, en Argentina: “Todos teníamos diferente cantidad de divisiones. Él tenía tres edades, tres divisiones: Cuarta, Quinta y Sexta. Y yo tenía solo una. Y mis entrenamientos duraban más que los tres de él, entonces él me decía que yo estaba loco. De ahí quedó”.

Pero, si una de las acepciones que la RAE le da a la palabra “loco” es “que excede en mucho a lo ordinario o presumible”, no cabe duda de que el seudónimo le cabe como anillo al dedo.

Marcelo Bielsa pocas veces calza lo común. Sus actitudes no suelen ser las habituales: desde ver los partidos sentado en una conservadora hasta sus conferencias de prensa eternas, casi siempre mirando hacia abajo y pocas veces a los ojos del interlocutor. Desde sus paseos por la rambla de Montevideo hasta sus visitas a partidos aparentemente poco atractivos del fútbol uruguayo en canchas chicas, sentado en el cemento frío, junto a los hinchas del barrio.

Entrenamientos extensos, reacciones sorpresivas, renuncias inesperadas y su nerviosismo extremo y autocrítica implacable en el análisis, Bielsa llena todos los casilleros de una persona fuera de lo común.

Durante su carrera ha dado numerosas muestras de su obsesión por el detalle y hasta cierto grado de capricho en sus decisiones. Por ejemplo, sus campos de entrenamiento deben tener características específicas que suele poner por contrato. Y, si no se cumple lo que quiere, a veces lo resuelve personalmente: según el diario AS de España, cuando dirigía la selección chilena llegó a ser visto de madrugada clavando estacas de madera alrededor de la cancha.

Respecto a esa devoción por el detalle y el análisis audiovisual de los partidos, la prensa argentina publicó que durante su etapa de seleccionador argentino tenía un reproductor de video en su vehículo, y que al Mundial de Corea-Japón 2002 viajó con una enorme colección de videos. Algunos reportes hablan de 7.000.

Antes de entrenar al Athletic de Bilbao dijo haber visto decenas de partidos de su nuevo equipo: “Vi cada uno de los 42 partidos dos veces para profundizar datos. Fui agregando fotos para conocer aún más profundamente la fisonomía de cada jugador y demostrar que, si tengo que saludar, sepa a quién le doy la mano”, dijo, según publicó Marca.

El hermano de Marcelo, el excanciller argentino Rafael Bielsa, escribió un libro que cuenta algunas de esas anécdotas que pintan de frente y perfil al entrenador.

En una parte del libro “Argentina, una luz de almacén” narra lo siguiente:

“Es la noche del 28 de diciembre; suena el teléfono y respondo. Miro la hora: las 11 y media. Mi hermano Marcelo me habla desde la ruta.

– ¿Te acordás del 31 de mayo del ‘98, cuando te dediqué el campeonato de Vélez en “Fútbol de Primera”? —me descerraja a boca de jarro.

– Cómo no me voy a acordar.

– Bueno —continúa, inexorable—, creo que no debí haberlo hecho.

Por una décima de segundo me estremezco. Lo imagino irrumpiendo en “Fútbol de Primera” a paso redoblado, dispuesto a enmendar la injusticia retirándome el homenaje; involuntariamente, aprieto el puño como atrapando un talismán.

– Tengo tres razones —se explica—. La primera es que uno no debería disponer de la totalidad de lo que sólo es parcialmente propio. Aquella noche, campeones habíamos salido todos, los jugadores y yo, de manera tal que, al haber estado ausente del programa el plantel completo, yo no debí apropiarme de ninguna manera de lo que no era mío. La segunda razón es que, si una dedicatoria contiene un sentido eminentemente personal, ya que uno expresa un sentimiento íntimo, de dicho modo debería hacérsela llegar al destinatario, y no por televisión. En tercer lugar —cierra— uno no debe dar al periodismo una herramienta tan poderosa como el conocimiento de la propia emotividad desnuda. Si todos los que acceden a ella le fueran a dar el trato que merece un sentimiento noble, podría ser, pero no hay garantías, no hay garantías”.

En otro libro, este de su exdirigido Juan Sebastián “la Brujita” Verón, se cuenta otra historia de las suyas. Una vez, siendo seleccionador argentino, convocó a sus jugadores y les hizo votar si preferían defender con línea de tres o con línea de cuatro. Ganó la línea de cuatro. Cuando terminó de contar los votos, miró la pizarra donde se anotaban las voluntades, y le dijo al plantel: “Bueno, esto demuestra cuál es el módulo preferido de ustedes. Les quiero anunciar, entonces, que vamos a jugar con línea de tres”.

Bielsa gusta de estudiar a sus rivales no solamente en video. En algún momento solía enviar espías a ver los entrenamientos de los otros equipos. Lo hizo así antes de un partido con el Derby County, mientras dirigía al Leeds United. Pero fue descubierto y denunciado. Bielsa lo reconoció sin excusas y dijo haber pagado de su bolsillo la sanción de 200.000 libras que recibió el Leeds. “Es una sanción financiera contra el club, no contra mí, pero yo soy el responsable”, explicó en 2019.

También en el Leeds hizo que su plantilla recogiera la basura en los alrededores del lugar de entrenamiento, según contó su traductor en el equipo inglés, Salim Lamrani, en su libro “El fútbol según Bielsa”. Además de limpiar el complejo, la lección que pretendió darles, cuenta Larmani, era que entendieran lo que le cuesta a un aficionado pagar la entrada para ir a verlos jugar.

“Soy una persona tímida, obsesiva, mecanizada. No me gusta el desorden, me siento incómodo en ese escenario. Me cuesta actuar suelto, desinhibido, amigable”. Así se describió a sí mismo Marcelo Bielsa durante una larga conferencia realizada en el Museo del Fútbol de Uruguay, en respuesta a declaraciones de Luis Suárez, respecto a su forma de comunicarse con el plantel.

Bielsa respondió: “Dentro de esa forma de ser, siempre fui calificado positivamente por la gente que conviví, porque se ve que hay otros valores que pueden generar aceptación”, aunque reconoció no haber conseguido, hasta ese momento, la aceptación del grupo seleccionado uruguayo.

Y, sin abandonar la autocrítica, abundó sobre sí mismo: “yo soy tóxico”.
“El que se relaciona conmigo, empeora. Hay tipos tóxicos que solo ven el error, que demandan, que no están satisfechos con nada, que les gusta hablar solo del trabajo, que va a comer y lleva un diario porque no quiere integrarse para no tener que hablar de cosas que lo alejen, y yo lo vivo como un karma”.

“¿Saben en qué está basada esa conducta? En el miedo. Uno no disfruta por ganar; teme por perder. Esa obsesividad está en la búsqueda de recursos que te alejen de la derrota y te acerquen a la victoria”, concluyó un tal Marcelo “el Loco” Bielsa.

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