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Esta planta nuclear estaba destinada a independizar a Cuba del petróleo. Hoy es el símbolo de sus sueños rotos

Por Juan Carlos López, CNN en Español

Los apagones no son nuevos en Cuba. Han sido recurrentes desde, al menos, la década de los 80, aunque no a la escala de la actual crisis, profundizada por la prohibición del presidente Donald Trump a la venta de petróleo al gobierno de la isla. Cuba ha intentado a lo largo de su historia buscar alternativas. Quizás la más ambiciosa fue la que anunció en 1982 Fidel Castro: la de construir una planta nuclear en Juraguá, en la provincia de Cienfuegos, en el centro sur de la isla.

Era el primer paso para independizar a la isla del petróleo, con la ayuda de la Unión Soviética, que construiría y financiaría el proyecto. Pero varios hechos comprometieron el sueño de un futuro nuclear para la nación comunista.

Cuando comenzó su construcción, se esperaba que suministrara hasta el 15% de electricidad de la isla. Pero ese momento geopolítico era muy complejo, tanto para Cuba como para la entonces Unión Soviética.

Este gigante de concreto, por el cual se puede caminar libremente, ya está abandonado desde hace mucho tiempo. Cerca de planta, por una carretera recta, se llega a la Ciudad Nuclear, construida para albergar a los trabajadores de la planta.

Allí, Luis Vargas, un electricista que fue parte del proyecto, contó a CNN lo que siente cuando ve la estructura y su abandono, a la distancia. “Déjame decirte que no sé; tengo un dolor por dentro porque es algo que, realmente, no vamos a decirlo en esta frase, que la voy a decir yo ahora. Pero bueno, hay que entenderlo de otra forma: echaron a perder muchas cosas; es una lástima que eso se haya quedado así como está, porque desgraciadamente se hizo una inversión ahí millonaria y no se pudo lograr”, dijo Vargas.

A su lado, Francisco Pérez, quien también trabajó en la planta, recordó el día en que Fidel Castro vino a decirles que el proyecto no seguiría. “Nos dijo la verdad, nos dijo la situación que había y el problema que había ahí y que había que cerrar la planta”.

Durante la Guerra Fría, La Habana apostó todo por permanecer en la esfera de influencia de la URSS y por su asistencia para proyectos ambiciosos como la planta nuclear de Juraguá. Ubicada a unos 320 kilómetros de los cayos de la Florida, el proyecto desató entonces repercusiones en Washington por dudas sobre el posible riesgo para la seguridad nacional, aunque desde 1972 en Estados Unidos funcionaba la planta nuclear de Turkey Point, en Homestead, cerca de Miami y también de Cuba.

El proyecto siguió enfrentando obstáculos. En 1986, la peor tragedia nuclear de la historia, en Chernóbil, aumentó los temores y dudas sobre la construcción en Juraguá. Sin embargo, la Comisión Reguladora de Energía Nuclear le informó al Congreso en Miami ese mismo año, que, si bien tenía reservas sobre el proyecto, el diseño de Juraguá era similar al de las plantas nucleares de Occidente y por eso no era vista como una amenaza ni representaba un riesgo similar a Chernóbil.

Al final, el colapso de la Unión Soviética en 1989 descarriló el proyecto, que fue dado de baja en 1992, y solo quedó lo que ahora son ruinas monumentales.

Años después, en 1995, el entonces portavoz de Departamento de Estado de EE.UU., Nicholas Burns, declaró en rueda de prensa, en medio de los intentos de Cuba de rescatar el proyecto: “Hemos tenido desde hace mucho tiempo dudas sobre la calidad de la construcción de la planta y sobre la capacidad de Cuba de operarla de manera segura, solo añadiría que hemos transmitido estos puntos de vista a todos los gobiernos involucrados, incluido el de Rusia”.

La de Juraguá iba a ser la primera de tres plantas nucleares que ayudarían a Cuba a superar el reto enorme que aún enfrenta, una creciente demanda de electricidad y la incapacidad de producirla, fenómeno que no es exclusivo de la isla, pero que se acrecentó ante la imposibilidad de importar petróleo por las sanciones impuestas por el gobierno de Donald Trump.

La idea de generar electricidad con reactores nucleares no era descabellada, iba en línea con lo que ya hacía Estados Unidos, que hoy cuenta con 54 plantas en 28 estados que producen el 18% de la electricidad que consume el país y que tuvo plantas en Puerto Rico y Panamá. Canadá tiene 17 reactores que producen el 15% de la electricidad del país, mientras México cuenta con la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde, en Veracruz, que para 2024 tenía capacidad para producir 1620 megavatios. Argentina tiene dos, la Central Nuclear Atucha I y la Central Nuclear Embalse, en Córdoba, en operación desde 1984.

Brasil opera la planta de Angra, con dos unidades, que tienen capacidad para generar 2.008 megavatios. Esa sola planta podría suplir el déficit de electricidad de Cuba para este 16 de septiembre. Según la Unión Eléctrica, empresa estatal responsable de la red, este miércoles tenía un déficit de 2.130 megavatios para suplir la demanda del país, fenómeno que se repite a diario.

La realidad es que, sin el ingreso de combustible a gran escala, no hay muchas alternativas para superar la crisis energética que vive la isla, que vio en la energía nuclear una alternativa. En la fachada de la mole de concreto que estaba destinada a potenciar a Cuba, todavía se lee un aviso, visible a pesar de los años.

Dice en ruso y en español: “¡Que el átomo sea obrero y no soldado!”. En Juraguá no fue ninguno de los dos.

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