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Delcy Rodríguez busca en Nueva York la legitimidad perdida. ¿La conseguirá?

Análisis por Alfredo Meza, CNN en Español

Como ocurre al leer la monumental obra de Marcel Proust “En busca del tiempo perdido”, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, encarna las preguntas retóricas que sobrevuelan los siete volúmenes de esta obra cumbre de la literatura universal. ¿Hay alguna forma de recuperar lo que se ha ido? ¿Puede volver lo que alguna vez fue en los mismos términos?

Si se mira con cuidado la agenda que cumple desde este lunes en Nueva York, Rodríguez parece haber viajado con suficiente tiempo antes de su intervención en la Asamblea General de la ONU para sacar a su país del ostracismo al que estaba condenado desde 2018, cuando Nicolás Maduro, hoy preso a pocos minutos en auto de la sede de Naciones Unidas en Nueva York, pronunció el último discurso de un jefe de Estado venezolano en ese foro.

Criticado entonces por las prácticas de ventajismo electoral, la decisión de inhabilitar a los principales líderes políticos opositores, las violaciones a los derechos humanos y, luego, el cuestionado anuncio de su triunfo en las elecciones presidenciales de julio 2024, el Gobierno de Maduro sobrevivió como un paria en medio del desconocimiento generalizado de los principales países de América y Europa, con una economía lastrada por años de corrupción, la caída de casi tres cuartas partes del PIB y las sanciones de Estados Unidos.

Luego de aterrizar en Estados Unidos, Rodríguez dijo que había llegado “con la firmeza y la esperanza de un pueblo que cree en el encuentro y la unión entre las naciones”. Ese mismo lunes se reunió con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres; con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ilan Goldfajn; con el presidente del Grupo del Banco Mundial, Ajay Banga; y con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

Aún no está claro el beneficio que estas reuniones pudieran dejarle a Rodríguez, cuyo mandato tiene una falla de origen porque no ha sido electa para el cargo que ocupa. Pero el paso del tiempo juega a su favor. Hoy en día está más claro que la presidencia de Donald Trump termina en enero de 2029, pero no la fecha de las elecciones presidenciales de Venezuela. Si sobrevive a la presión de la actual administración estadounidense, que tienen muchos frentes abiertos, el chavismo estará mejor posicionado para enfrentar el futuro. Aún mantiene el control del aparato y no hay señales de cambio en el horizonte.

Por ahora Rodríguez tiene en Trump a su principal e impensado valedor. Muy lejos quedó el momento cuando, como vicepresidenta de Maduro en septiembre de 2019 en el mismo foro que la recibirá este jueves, acusó al Gobierno de su hoy aliado de imponer “una nueva forma de terrorismo de Estado sin usar bombas, sino a través de bancos y compañías de seguros”. Se refería entonces a las sanciones impuestas a Petróleos de Venezuela y al Banco Central de Venezuela que le impidieron al país sudamericano comercializar su petróleo a través del sistema financiero estadounidense.

Rodríguez se reunió este martes con Trump en un hotel de Nueva York para fortalecer la relación bilateral. “Le agradecí por el apoyo brindado durante la emergencia ocasionada por los terremotos del 24 de junio, así como su respaldo al proceso de reinserción de nuestro país en los espacios multilaterales”, escribió la presidenta encargada en Instagram. Fue el primer encuentro entre gobernantes de ambos países en más de 11 años, desde la breve reunión que mantuvieron Maduro y Barack Obama durante la Cumbre de las Américas de 2015, celebrada en Panamá.

El viaje de la presidenta encargada es también el siguiente escalón del proceso de relanzamiento de relaciones diplomáticas tras la captura de Maduro. Después del 3 de enero, Venezuela ha reactivado las relaciones consulares con Chile, Ecuador, Perú, República Dominicana e Israel y ha recibido la visita de dos presidentes latinoamericanos: el colombiano Gustavo Petro, antes de dejar el Palacio de Nariño y, más recientemente, el jefe de Estado de Paraguay, Santiago Peña.

Trump ha presentado a Venezuela como su gran victoria en política exterior y no pierde la oportunidad de mencionar cómo tutela al país después de ganar lo que ha definido como una guerra. La última demostración ocurrió el martes en su discurso frente a las delegaciones asistentes a la Asamblea General. “Al vencedor le pertenece el botín”, dijo, en referencia al acuerdo firmado por el Pentágono con Nabep para acceder a 65.000 millones de barriles de petróleo de las reservas venezolanas. Esa exhibición de dominio contrasta con el estancamiento de la guerra con Irán y la imposibilidad de mediar exitosamente en un acuerdo entre Rusia y Ucrania, todo esto en medio del impacto del incremento del precio del combustible en Estados Unidos y la caída de su popularidad a cinco semanas de las elecciones intermedias.

Rodríguez parece aprovechar esa situación para presentarse en los márgenes del foro como una socia confiable, dispuesta a dejar atrás la imagen que proyectó el Gobierno de Maduro y para apuntalar la sobrevivencia política del proyecto chavista en desmedro de la líder opositora María Corina Machado, hoy varada fuera de Venezuela. Según su equipo, en estos días intentó regresar al país desde Panamá pero no se le permitió el ingreso.

Pero, ¿alcanza el apoyo de Washington para desconocer que Rodríguez no ocupa la presidencia como resultado de elecciones libres? Para el presidente de Brasil no es suficiente.

Esta misma semana en una entrevista con CNN, Lula da Silva, se mostró muy crítico de la relación que han venido forjando Washington y Caracas en los últimos meses. En su criterio, el presidente Trump demuestra que ejerce un “papel muy dominante” sobre el país sudamericano, además de calificar la situación como “muy grave” y afirmar que “la soberanía de Venezuela ha terminado”.

Lula también dudó de que la actual política estadounidense hacia el país sudamericano contribuya al fortalecimiento de la democracia al argumentar que debería haber una asociación entre ambos países “y no en una dinámica en la que una nación ejerza control sobre otra”.

Durante la entrevista, el presidente brasileño dijo que, si estuviera en el lugar de Rodríguez, convocaría elecciones nacionales para que los venezolanos decidieran el rumbo político de su país. Y en su intervención ante la plenaria de la ONU volvió a apelar a ese mismo discurso combativo y de defensa del principio de la soberanía que mostró en la entrevista, que contrasta con el silencio de los demás países de la región sobre la inexistencia de una fecha cierta para celebrar elecciones presidenciales en Venezuela.

Delcy Rodríguez tendrá su turno el miércoles y hay mucha expectativa por escuchar su discurso en un foro donde suelen ventilarse las grandes causas y las preocupaciones globales. Durante muchos años el chavismo se valió de la condena al imperialismo para construir su identidad política y siempre la agitó en este escenario. En 2006, Hugo Chávez dijo que ese recinto olía a azufre, una referencia clara a la presencia entre los oradores del entonces presidente George W. Bush.

Veinte años después, los afanes imperiales de Washington se han desplegado mucho más con el relanzamiento de la doctrina Monroe y una feroz iniciativa para deportar a la mayor cantidad de migrantes de territorio estadounidense, que ha afectado de manera muy particular a la comunidad venezolana. Antes del 3 de enero, el chavismo habría tenido en esos dos hechos las principales líneas discursivas de su participación. Pero Delcy Rodríguez ya no es la misma.

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