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Gustavo Dudamel ya llegó a Nueva York. Su mayor impacto podría sentirse mucho más allá de la sala de conciertos

Por Max Feliu, CNN

Bajo los flashes de la alfombra roja del David Geffen Hall, la élite cultural de Nueva York brindó con champán por su nuevo director de la Filarmónica. Entre la multitud de celebridades como Steven Spielberg y Alec Baldwin, destacaba la imagen inusual de gente degustando arepas y bailando salsa.

A escasos pasos, los invitados se apiñaban alrededor de la melena rizada del director de orquesta más codiciado de los últimos años.

Se trata de Gustavo Dudamel, de 45 años, que llega a Nueva York tras 17 temporadas al frente de la Filarmónica de Los Ángeles. A lo largo de su carrera, ha ido más allá de la música clásica y, desde Los Ángeles, ha ampliado el alcance de la Filarmónica mediante programas educativos y cruces con la cultura popular.

Sus apariciones más destacadas incluyen el espectáculo de medio tiempo de la final del Mundial de Fútbol y dirigió algunas composiciones para películas como “West Side Story” y “Star Wars: The Force Awakens”.

Llega con la misión de sacar la música clásica de las salas de concierto y llevarla a los barrios, y con ella, la promesa de cambiar la imagen elitista que ha acompañado al género durante generaciones.

“De verdad hay que arriesgarse”, dijo Dudamel en una entrevista con CNN. “Hay que hacer que la gente sienta realmente que forma parte de esto”.

La idea echó raíces en barrios de la Gran Manzana como el sur del Bronx y Washington Heights, donde programas inspirados en El Sistema (el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela) enseñan música gratis a miles de niños, muchos de ellos hispanos. Para ellos, Dudamel representa una nueva era con grandes expectativas.

El Sistema nació de la visión del músico y economista José Antonio Abreu cuando reunió a varios jóvenes en Caracas para tocar en orquesta. Partió de la idea de que la música clásica, reservada para unos pocos, podía transformar la vida de los niños más pobres de Venezuela.

Financiado por el Estado venezolano desde su concepción en 1975, el programa ofrece instrumentos y clases gratuitas a niños, en su mayoría de familias de bajos recursos. Según las cifras oficiales venezolanas, El Sistema cuenta con más de un millón de participantes.

El programa funciona en centros comunitarios donde los niños reciben clases y tocan en orquestas después de la escuela. Dudamel ingresó de niño en uno de ellos en su natal Barquisimeto, primero como violinista.

“Entienden que la música no es decorativa, no es una actividad extracurricular, y no es solo diversión, aunque lo sea”, dijo Anne Fitzgibbon, fundadora y directora ejecutiva del Harmony Program, que estudió El Sistema en Venezuela en 2007 con una beca Fulbright.

La relación de El Sistema con el Estado venezolano también ha generado críticas, y durante años Dudamel fue cuestionado por su silencio ante el Gobierno de Hugo Chávez y y, posteriormente, el de Nicolás Maduro. En mayo de 2017 rompió con esa posición tras la muerte de un joven músico durante una protesta.

“Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión”, escribió entonces en una carta abierta. “Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente”.

Estados Unidos fue uno de los muchos países que adoptó la idea. Hoy, unas 150 organizaciones inspiradas en El Sistema enseñan música a más de 30.000 estudiantes en todo el país, según El Sistema USA, la red que las agrupa. Van desde pequeños programas comunitarios que atienden a 50 niños hasta YOLA, la orquesta juvenil que Dudamel ayudó a fundar en Los Ángeles.

“Tomamos la inspiración de Venezuela y la adaptamos al contexto de Estados Unidos, que es muy distinto”, dijo Elizabeth Moulthrop, de El Sistema USA.

Uno de esos programas es Upbeat NYC, en el sur del Bronx, y su director, Carlos Sánchez, conoce el modelo desde adentro.

Tenía apenas 13 años cuando tocó por primera vez junto a Dudamel, en un concierto en su natal Maracaibo, en Venezuela. Años después, ya formado en El Sistema, recorrería el mundo con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar bajo la batuta de Dudamel.

Fundado en 2009, Upbeat atiende hoy a 230 niños y jóvenes de entre 5 y 21 años, siete días a la semana y sin costo alguno. Los instrumentos, casi todos donados por neoyorquinos, se reparan en un taller del sótano que montó el propio Sánchez, quien aprendió por su cuenta el oficio de luthier.

“Empecé a ver lo que hacían aquí, el ambiente, cómo funcionaba todo con los niños”, dijo Sánchez. “Era el mismo sentimiento que tenía en mi país”.

Upbeat se inspirada en los núcleos venezolanos y funciona también como una obra social. El programa se financia con donaciones privadas y con el apoyo de subvenciones gubernamentales. Además de las clases, ayudan a las familias con alimentos y apoyo cuando atraviesan momentos difíciles.

“No es solo preguntarle a un niño si practicó”, dijo Sánchez. “Es preguntarle: ‘¿Tienes hambre? ¿Está todo bien en casa?’”.

Tras el nombramiento de Dudamel, el copresidente de la Filarmónica y su esposa, Oscar L. Tang and Agnes Hsu-Tang, donaron US$ 40 millones para impulsar la educación musical y acercar la orquesta a nuevos públicos.

“En nuestra generación no habíamos tenido un director musical igual de comprometido con lo que sucede en el podio que con lo que sucede en las escuelas”, dijo Gary Padmore, vicepresidente de educación y participación comunitaria de la Filarmónica.

Padmore reconoce que el sistema escolar de Nueva York sigue profundamente segregado, y dice que su equipo apunta a los “desiertos artísticos” de la ciudad, como Corona, en Queens, o Canarsie, en Brooklyn.

Pero los cambios tomarán tiempo. Dudamel solo estará con la orquesta alrededor de 15 semanas al año, y Padmore describe su primera temporada como un periodo de “escucha profunda”.

En Upbeat, el entusiasmo convive con la cautela. Richard Miller, cofundador y director ejecutivo del programa, prefiere no hablar de una “nueva ola”. Recuerda que artistas afrolatinos lucharon durante décadas por ampliar la audiencia de la música clásica y que el propio Lincoln Center se levantó sobre San Juan Hill, un barrio de familias negras y puertorriqueñas desplazadas.

“Es 2026”, dijo. “¿Por qué la Filarmónica todavía tiene un solo músico negro?”.

Padmore responde que la orquesta busca colaborar con los programas existentes, no reemplazarlos. Como ejemplo, cita el festival en el que 100 jóvenes de 20 organizaciones de la ciudad, entre ellas Upbeat, formaron una orquesta que Dudamel dirigió. Y advierte que el cambio duradero dependerá de las políticas públicas. Nueva York, dijo, es uno de los pocos estados donde las artes no se consideran una materia básica en las escuelas.

“El Sistema no es una fábrica de músicos”, dijo Dudamel. “Utilizamos la música para transformar la vida de los niños”.

A unos kilómetros del Lincoln Center, Sánchez confía en que Dudamel haga por sus alumnos lo que hizo por él aquel día en su pueblo.

“Yo no sabía nada de esto hasta que ellos vinieron a mí”, dijo. “Espero con todo mi corazón que él pueda venir y traer la misma esperanza”.

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