Israel acaba de celebrar unas elecciones cruciales. Pero el resultado final tardará en conocerse
Análisis por Tal Shalev, CNN
Las elecciones israelíes de este martes no arrojaron un ganador claro, según mostraron las encuestas a pie de urna, ya que ni el primer ministro Benjamin Netanyahu ni su principal rival, Gadi Eisenkot, lograron alcanzar los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría en el parlamento de 120 puestos, la Knesset.
Con más del 50% de los votos escrutados, el Canal 12 e Ynet proyectaron que el bloque de Netanyahu obtendría 55 escaños, una cifra inferior a los 68 escaños de la coalición que lideró en la Knesset saliente.
El Likud de Netanyahu se perfila como el mayor partido.
Pero la política israelí se basa en la formación de coaliciones, no en ser el partido más grande, y el camino de Netanyahu para mantenerse en el poder ahora no está claro.
La oposición también tiene un camino complicado hacia el Gobierno.
Los partidos contrarios a Netanyahu obtuvieron una clara mayoría, con entre 68 y 70 escaños según las encuestas a pie de urna. Sin embargo, están fragmentados y divididos entre derecha, izquierda y centro, y entre formaciones judías y árabes.
El partido Yashar de Eisenkot es el más grande, con una proyección de 21 escaños, pero su camino al poder pasa por la cooperación con las agrupaciones árabes, que actualmente cuentan con una proyección de 16 escaños, un escenario que no todos los líderes de los partidos de la oposición están dispuestos a aceptar.
El panorama podría cambiar a medida que se vayan contabilizando los votos durante la noche. Se prevé que el recuento final tarde algunos días.
Cuando las encuestas a pie de urna mostraron que Netanyahu y Eisenkot no alcanzarían la mayoría, ambos líderes se dirigieron a sus seguidores, intentando atribuirse la victoria de la noche y construir un discurso de triunfo.
Netanyahu, desde la sede del Likud en Jerusalén, agradeció a los votantes lo que calificó como un renovado voto de confianza. Sin embargo, evitó declararse vencedor de forma contundente.
“Esta noche quedaron claras dos cosas: el Likud es el partido más grande de Israel. No hay duda al respecto”, afirmó. “Y la segunda es que el bloque de derecha cuenta con una clara y decisiva mayoría entre la población sionista y judía”.
“Debemos establecer un Gobierno nacional fuerte de derecha”, continuó Netanyahu. “Israel no debe correr peligro con un Gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas que se oponen a nuestra propia existencia, que ven a Hamas como una organización benéfica y que tachan a nuestros soldados de criminales de guerra”.
Eisenkot tampoco se declaró vencedor durante su discurso en su sede electoral en Tel Aviv. Sin embargo, sí afirmó que Israel votó en contra de Netanyahu.
“¡Hemos hecho historia! El pueblo ha votado por el cambio. La coalición del fracaso ha perdido la confianza del pueblo”, afirmó. “El pueblo israelí ha votado en contra de que Netanyahu continúe como primer ministro de Israel”.
Eisenkot, quien fue el general de mayor rango de Israel y perdió a un hijo luchando en Gaza, declaró que “un líder digno aceptaría el voto de censura del pueblo y anunciaría hoy su retiro de la vida política”.
Las elecciones registraron la mayor participación electoral desde 1999, con al menos un 77,7%. Este aumento fue especialmente notable entre la población árabe del país, que tradicionalmente ha votado en menor proporción que los israelíes judíos.
Los partidos árabes afirmaron que la participación superó el 75% y se prevé que obtengan su mejor resultado histórico.
Los ciudadanos palestinos de Israel —aproximadamente el 20% de la población israelí— estaban impulsados por un deseo urgente de derrocar a la coalición de derecha de Netanyahu, dominada en gran medida por los ministros de línea dura Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir.
Durante el mandato de Ben-Gvir como ministro de Seguridad Nacional, se ha producido un aumento drástico de la delincuencia y los homicidios en las comunidades árabes.
“Hemos demostrado que somos una fuerza política que no se puede ignorar y que es imposible construir un futuro aquí sin nuestra voz”, declaró Yousef Jabareen, presidente de la Lista Conjunta, calificando el día de “histórico”.
Mansour Abbas, presidente de la lista Raam, declaró a i24news que “este logro electoral sin precedentes se debe enteramente a Ben-Gvir, Smotrich y a todo el Gobierno que ha descuidado a la comunidad árabe israelí”.
La participación árabe puede haber impedido que Netanyahu obtuviera la mayoría, pero también complica los intentos de Eisenkot por reemplazarlo.
Eisenkot ha impuesto condiciones a cualquier socio para unirse a su Gobierno, incluyendo el reconocimiento de Israel como Estado judío y el reconocimiento de Hamas como una organización terrorista que debe ser desmantelada, términos que la mayoría de los legisladores árabes difícilmente aceptarán.
Además, dos de sus aliados de la oposición, Avigdor Liberman y Naftali Bennett, han descartado por completo la posibilidad de formar un Gobierno con los partidos árabes.
Eso hace que el camino de Eisenkot hacia la victoria sea incierto.
Las encuestas a pie de urna son meras proyecciones, y el panorama puede cambiar a medida que se cuentan y finalizan los votos reales, lo que suele tardar unos días.
Una vez certificados los resultados, el proceso electoral pasa al presidente de Israel, Isaac Herzog. En una serie de reuniones en Jerusalén, Herzog dará inicio a una ronda de consultas en la que cada partido electo recomendará a su candidato a primer ministro.
Basándose en estas recomendaciones, el presidente encarga a un candidato la tarea de intentar formar Gobierno. No se trata necesariamente del líder del partido mayoritario, sino de quien, a su juicio, tenga más probabilidades de lograr una mayoría de 61 escaños.
Ganar no se trata solo de votos y escaños, sino también de construir y mantener una coalición viable.
La primera decisión de Herzog será si le pide a Netanyahu o a Eisenkot que formen Gobierno.
Netanyahu cuenta con el mayor número de escaños, pero con el apoyo de los partidos árabes, es probable que Eisenkot tenga más recomendaciones.
Tras recibir el mandato, uno de los dos comenzará semanas de negociaciones políticas sobre los puestos del gabinete, las prioridades presupuestarias y los compromisos políticos.
El candidato designado tiene un plazo de 28 días —y probablemente una prórroga de 14 días— para formar Gobierno.
Si no lo logra, el presidente transfiere el mandato a otro candidato por cuatro semanas más. Si este también fracasa, la Knesset dispone de un breve plazo para proponer a otro candidato. Si no lo consigue, el país convoca automáticamente a una nueva ronda de elecciones.
Dado a que ninguna de las partes cuenta con una mayoría clara, el estancamiento parece un resultado plausible.
Es posible que Herzog intente persuadir a Netanyahu y Eisenkot para que formen un Gobierno de unidad entre los dos partidos más grandes, pero no está claro que tal acuerdo sea siquiera posible.
Netanyahu tiene un largo historial de romper acuerdos con los políticos con los que ha pactado gobiernos de unidad, y Eisenkot ha descartado gobernar con él.
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