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¿Quién puede gobernar Israel? Los escenarios tras unas elecciones sin ganador claro

Por Tal Shalev, Kara Fox, Andrew Carey, Henrik Pettersson y Soph Warnes, CNN

Israel se enfrenta a semanas, posiblemente meses, de limbo político después de que los resultados finales mostraran que no hay un ganador claro en las elecciones.

Ninguno de los dos bloques principales —uno liderado por el partido de derecha Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu y el otro por el partido centrista Yashar de su principal rival, Gadi Eisenkot— ha alcanzado la mayoría necesaria de 61 escaños para formar Gobierno en el parlamento israelí, que cuenta con 120 asientos.

Entonces, ¿cómo podría formarse un nuevo Gobierno?

Ciertamente, no parece tarea fácil, ya que las profundas divisiones políticas e ideológicas hacen que cualquier coalición, aparentemente sencilla, resulte casi imposible.

Aun así, es posible lograrlo, aunque el resultado sea una alianza frágil que sobreviva poco más de un año en el poder. Si los líderes de los partidos no logran encontrar una solución en las 12 semanas de que dispondrán, los israelíes tendrán que volver a las urnas.

Aquí se presentan algunos escenarios posibles que podrían evitar ese desenlace.

Sobre el papel, la vía más segura para que la oposición desplace a Netanyahu se basa en la cooperación entre judíos y árabes. Y ese es precisamente su mayor obstáculo.

Dos de los líderes de partidos de derecha del bloque opositor, el ex primer ministro Naftali Bennett y el exministro de Defensa Avigdor Liberman, se oponen a cualquier Gobierno que dependa de los dos partidos árabes del parlamento —la Lista Conjunta y Raam—, ya sea desde dentro de la coalición o como apoyo externo a un Gobierno en minoría. Ambos líderes han endurecido sus posturas tras el ataque liderado por Hamas el 7 de octubre de 2023.

Solo un Gobierno en la historia de Israel ha contado con la participación plena de un partido árabe. Raam formó parte de una coalición de ocho partidos que logró desplazar a Netanyahu en 2021, pero el Gobierno colapsó tras apenas un año en el poder.

Incluso sin llegar a formar Gobierno, los partidos de la oposición podrían colaborar y aprovechar su mayoría parlamentaria para reemplazar al presidente de la Knéset y ocupar otros cargos clave, limitando así la capacidad de acción del Gobierno interino de Netanyahu mientras este permanezca en el poder. No obstante, las perspectivas de formar una coalición para sustituirlo como líder de Israel siguen siendo sumamente complejas y están cargadas de tensión política.

Otra opción implicaría la disolución de los dos bloques actuales en favor de un Gobierno de unidad. El partido Likud de Netanyahu sin duda participaría, junto con algunos de sus actuales socios de coalición y —lo que es crucial— al menos un partido del bloque opositor.

En este caso, se cree que Netanyahu estaría dispuesto a romper lazos con su ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha, Ben-Gvir, pero no con el ministro de Finanzas de extrema derecha, Bezalel Smotrich, ni con los partidos ultraortodoxos.

Sin embargo, Eisenkot ha descartado sentarse a negociar con Netanyahu; si cambiara de opinión, muchos israelíes —deseosos de ver a “Bibi” fuera del poder— lo considerarían un acto de traición.

Otro escenario posible es que Netanyahu fomente deserciones en los partidos de la oposición o entre legisladores a título individual.

No obstante, los líderes de los cuatro partidos del bloque opositor —Eisenkot, Bennett, Liberman y Yair Golan— han declarado que no negociarán con él. Además, dado que al bloque de Netanyahu le faltan ocho escaños, convencer a ocho desertores individuales supone un desafío considerable.

Mientras se debaten todas estas posibilidades, el presidente de Israel, Isaac Herzog, llevará a cabo una ronda de consultas pública con los líderes de los partidos que han obtenido representación parlamentaria.

Una vez recabadas sus opiniones, encomendará a uno de esos líderes la tarea de intentar formar Gobierno. Se espera que los partidos árabes expresen su apoyo a Eisenkot, por lo que podría pedirse al líder de Yashar que sea el primero en intentarlo.

Quien reciba el encargo dispondrá de 28 días para completar la tarea, con una posible prórroga de 14 días si fuera necesario.

Si todo queda en nada, el presidente pedirá a un segundo líder que lo intente. Este dispondrá de solo 28 días para lograrlo.

Posteriormente, una mayoría de los miembros de la Knéset podría solicitar al presidente que encargue la tarea a un tercer candidato, quien contaría entonces con 14 días para formar una coalición.

Si ninguna de estas opciones permite desbloquear la situación, se convocarán nuevas elecciones.

Netanyahu es quien parece estar en mejor posición para desenvolverse en este calendario. Como primer ministro en funciones, puede permitirse esperar: si su principal rival, Eisenkot, recibe el primer encargo —y fracasa—, es probable que el mandato pase a manos de Netanyahu. Y si este también fracasa, el bloqueo político conducirá casi con toda seguridad a Israel a una nueva ronda electoral, con Netanyahu permaneciendo en el cargo de forma interina durante meses hasta que se forme otro Gobierno.

La repetición de las elecciones —que no tendría lugar antes de la próxima primavera— es una posibilidad real, dado que estos resultados parecen abocar a Israel a un estado de parálisis política y a lo que serían los séptimos comicios generales en ocho años.

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