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En su segundo día en Uruguay, el papa visita un barrio marcado por la pobreza y la violencia y preside una vigilia masiva

Por Darío Klein, Ángela Reyes Haczek y Mauricio Torres, CNN en Español

Isaac llegó temprano al Estadio Centenario de Montevideo, que este sábado convocó a decenas de miles de personas que participaron en la vigilia encabezada por el papa León XIV en el segundo día de su visita a Uruguay.

Visiblemente animado, Isaac dijo a CNN que él considera la gira del papa “una gracia muy grande” y que espera que sus palabras puedan motivar a muchos en Uruguay, el país más secular de América, que el pontífice ha elegido para empezar su primera gira por la región.

“Yo creo que viene a cambiar muchas cosas y, más que nada, la gente que no está acá, que pueda haber un mensaje, que pueda haber una palabra, una palabra de esperanza, algo para la familia”, señaló, mientras esperaba en la fila para entrar al mítico estadio que por segunda vez recibió a la cabeza de la Iglesia católica: en 1988 ya había estado allí el papa Juan Pablo II durante su segundo viaje al país.

Acompañada de sus amigas, Anabel expresó un anhelo similar.

“Muy emocionante estar acá. Que el papa venga a Uruguay, que en el país somos muy poco católicos, capaz es un acto que te mueva a la esperanza”, dijo la joven, quien junto con sus compañeras cantaba una tonada que se repitió a lo largo de la jornada: “Una gran alegría, una gran alegría, vengan todos que les anuncio una gran alegría”.

Lucas, otro asistente, se sumó: “Nos encanta que León haya venido a visitarnos. Como cristianos y como gente de fe, él de alguna manera significa un tiempo de esperanza para nosotros, un nuevo tiempo de esperanza. Que el mensaje de él ojalá llegue no solo a los cristianos, sino además que llegue a todo el Uruguay, su mensaje de amor sobre todo”.

Isaac, Anabel y Lucas estuvieron entre las alrededor de 60.000 personas que este sábado acudieron al Estadio Centenario, según estimaciones de la Iglesia.

La vigilia en el recinto deportivo fue la última actividad del papa este sábado, en el que su jornada comenzó temprano con una misa en la ciudad de Paysandú y continuó con una visita a Casavalle —uno de los barrios más pobres y con mayores problemas de violencia en Montevideo y en el país— y también con un encuentro con la comunidad de la Universidad Católica del Uruguay.

En Paysandú, el papa habló de los rasgos que distinguen el lugar: el puente que une la ciudad con Argentina; los palmares, esos conjuntos de palmeras de raíces profundas que resisten a los vientos; y el mate, que es signo de familiaridad, amistad y encuentro y “nos enseña a compartir”.

Más tarde fue a Casavalle, el área más carenciada de la capital de un país donde la pobreza infantil triplica la de los adultos. El barrio también está marcado por la violencia: en esa zona, la tasa de homicidios es de aproximadamente 44 cada 100.000 habitantes, el triple del promedio de la capital, según datos del Ministerio del Interior de 2025.

Entre los testimonios estuvo el de Katherine, víctima de violencia y abuso que relató cómo pudo rearmarse tras acercarse a una de las obras sociales de gran alcance de la Iglesia en Uruguay, el Movimiento Tacurú, que le brindó una oportunidad laboral y apoyo emocional. También habló un hombre cuyo hijo pequeño estuvo a punto de morir pero, según su relato, se encomendó a Dios y vio que el niño pudo recuperarse.

Durante la actividad, celebrada en torno a la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, el pontífice hizo un fuerte llamado contra la indiferencia. “No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos. No podemos ignorar que en nuestro entorno hay mucha gente que sufre, que está sola y es vulnerable”, dijo.

“Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles. Mucho menos debería sufrir violencia hasta el extremo de llegar a perder la vida”.

Durante el encuentro en la Universidad Católica, jóvenes escucharon el mensaje del papa, al que respondieron con un grito que se ha vuelto común desde que el pontífice llegó al país el viernes y que se replicaba en el estadio: “¡Papa León, te queremos un montón!”.

“Que el entusiasmo que ustedes están viviendo hoy lo encuentren todos los días y que puedan ser ustedes esa voz que el Uruguay necesita para descubrir de verdad cuándo es importante la fe en Dios, cuánto es valiosa la vida humana y cuánto valor tiene la vida de cada uno de ustedes”, les dijo.

Cuando ya estaba por caer la noche, el papa llegó a un Estadio Centenario con miles de personas de todas las edades en las gradas y en el campo, que lo esperaban al ritmo de música en vivo con banderas, carteles, camisetas, globos y hasta caras pintadas. La gran asistencia evocaba a la de un partido de la selección de fútbol y, de hecho, las referencias deportivas abundaron durante la vigilia en un día de un frío inusual para noviembre en Uruguay.

Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, dijo que tener al papa en Uruguay es “un golazo” y que los católicos deben “llevar con alegría la camiseta”.

Momentos después, el papa escuchó los testimonios de algunos feligreses. El último fue de la familia Gutiérrez Hernández, un matrimonio de 30 años que como parte de su mensaje planteó su preocupación por el aborto y la eutanasia, que en Uruguay se han legalizado durante gobiernos de izquierda y a los que la Iglesia históricamente se ha opuesto.

“En Uruguay, hay pocos matrimonios, nacen menos niños. Aborto, eutanasia, suicidio, enfermedades mentales, adicciones, violencias y el sinsentido golpean a nuestras familias. Leyes y corrientes ideológicas cuestionan el valor de la vida, el matrimonio y la familia (…) Hoy, en este Estadio Centenario, le preguntamos en clave futbolera, en el partido de nuestra vida, ¿cómo podemos parar la pelota, levantar la mirada, aprender a vivir el tiempo como un don de Dios y jugarnos la camiseta por la familia?”, expusieron.

Durante su discurso, el papa dijo que existe “una indiferencia religiosa cada vez más extendida” y en muchos lugares “la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores”. “Los creyentes que peregrinan en Uruguay han tenido que aprender a vivir y anunciar su fe en ese escenario, como hemos podido escuchar esta noche. Por eso, su experiencia puede ayudar a hermanos y hermanas en otras partes del mundo que comienzan a descubrir, de distintas maneras, qué significa ser una minoría”, agregó.

También llamó a los jóvenes a casarse y tener hijos y, en línea con los mensajes que dio el viernes en el primer día de su visita, pidió rezar para que más personas se dediquen a las vocaciones religiosas.

“La sociedad puede encontrar en otras instituciones muchas cosas muy valiosas, pero nunca puedes sustituir el anuncio de que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, el odio, la violencia, la guerra y el pecado. Esa es la alegría que llevamos, esa es la alegría que el papa viene a recordarles”, dijo el pontífice, quien este domingo tendrá su último día de actividades en Uruguay antes de partir hacia Argentina para continuar con su gira por América Latina.

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