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La mayoría de los líderes europeos ha evitado pronunciarse sobre la guerra de Trump con Irán. No es el caso de Pedro Sánchez

Por Tim Lister, CNN

La mayoría de los líderes europeos ha caminado por una delgada línea entre ofrecer un apoyo limitado a la acción militar de EE.UU. contra Irán y advertir sobre una conflagración regional.

No el priesidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Ha sido franco en su crítica a los ataques estadounidenses, provocando la ira y amenazas de la Casa Blanca. Pero en lugar de retroceder, Sánchez y su Gobierno han redoblado su postura.

España tiene importantes lazos comerciales y de inversión con Estados Unidos y es también miembro de la OTAN. El año pasado, 4 millones de estadounidenses visitaron el país. Y solo este mes, Amazon dijo que ampliaría su inversión en centros de datos en España hasta alcanzar casi US$ 40.000 millones.

Estados Unidos también tiene importantes instalaciones militares en el sur de España, en Rota y Morón. Fue el uso de esas bases lo que desató el último enfrentamiento, cuando el Gobierno español prohibió su utilización en apoyo a los ataques contra Irán.

En comentarios airados durante una conferencia de prensa el martes, Trump amenazó con cortar el comercio con España. Y añadió: “Podríamos usar sus bases si queremos, podríamos simplemente volar y usarlas, nadie nos va a decir que no las usemos”.

Sánchez hizo precisamente eso. En menos de 24 horas después de la diatriba de Trump, salió en la televisión nacional con un mensaje simple: “No a la guerra”.

Describió los ataques estadounidenses e israelíes como “temerarios e ilegales”, y dijo que su país “no será cómplice de algo que es malo para el mundo —y que también es contrario a nuestros valores e intereses— simplemente por miedo a represalias de alguien”.

Sánchez acusó a EE.UU. de estar jugando a la “ruleta rusa con el destino de millones”.

Pero fue más allá y argumentó que los líderes tienen el deber de mejorar la vida de las personas, haciendo una crítica implícita a Trump. “Es absolutamente inaceptable que aquellos líderes que son incapaces de cumplir con ese deber utilicen el humo de la guerra para ocultar sus fracasos y, de paso, llenar los bolsillos de unos pocos”, señaló.

Cuando la Casa Blanca dijo que su amenaza comercial había obligado a España a aceptar cooperar con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, la afirmación fue rápidamente contradicha.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dijo que la postura de Madrid “sobre la guerra en Medio Oriente y el bombardeo de Irán, en lo referente al uso de nuestras bases, no ha cambiado en absoluto”.

Trump lanzó sus amenazas contra España durante una reunión en la Casa Blanca con el canciller alemán Friedrich Merz, quien observó en silencio, lo que constituye un elocuente testimonio de otro dilema para Europa a la hora de tratar con Trump.

Durante el último año, muchos líderes europeos han intentado apaciguar a Trump con una combinación de halagos y concesiones, trazando a veces líneas rojas, como con los intereses estadounidenses en Groenlandia, un territorio autónomo danés.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dijo en cierto momento sobre Trump: “Papá a veces tiene que usar un lenguaje contundente”.

Esta vez, la cuestión es si Europa permitirá que se utilicen bases en su territorio para apoyar los ataques de EE. UU.

Trump elogió a Alemania y a la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, por su cooperación. Dijo a un periódico italiano el sábado: “Amo Italia, creo que ella es una gran líder”.

No tanto a Keir Starmer, del Reino Unido.

El Reino Unido inicialmente rechazó la solicitud de Washington de usar bases británicas para bombardear Irán, antes de que el primer ministro, Keir Starmer, dijera que el Reino Unido permitiría a EE.UU. usar sus bases para “operaciones defensivas”.

La concesión no le valió mucho ante los ojos de Trump.

“No estamos tratando con Winston Churchill”, dijo Trump sobre Starmer. Y el sábado, respondiendo a la noticia de que el Reino Unido enviaría un portaaviones al Mediterráneo, Trump publicó en redes sociales: “¡No necesitamos gente que se una a las guerras después de que ya hemos ganado!”.

Pedro Sánchez, en cambio, al menos ha sido coherente, además de ser una molestia constante para Trump en múltiples cuestiones, incluyendo Groenlandia, las relaciones con China y el gasto en defensa. “No sé qué está pasando con España; parece que quieren viajar gratis”, dijo Trump en enero después de que Sánchez se negara a aumentar los objetivos de gasto en defensa al 5 % del PIB para 2035, en línea con los compromisos de otros miembros de la OTAN.

“España ha triplicado su gasto en defensa desde que soy presidente del Gobierno”, replicó Sánchez.

Para Sánchez, un enfrentamiento con Trump puede ser arriesgado, pero también puede ser una jugada política inteligente, reforzando el apoyo del centro-izquierda a su frágil gobierno de coalición.

Sánchez “está utilizando la política exterior para recuperar la iniciativa política en casa”, dijo Paco Camas García, de la firma de encuestas Ipsos, en una publicación en X. “El escenario internacional le permite proyectar una sensación de liderazgo y claridad estratégica”, y también pone al conservador Partido Popular “en una situación especialmente difícil”.

Camas García señala que la popularidad de Trump en España está en su punto más bajo de la historia –solo un 16 %, según una encuesta realizada en febrero– y que si la oposición “critica duramente la postura de Sánchez, se arriesgan a parecer que están del lado de un presidente estadounidense al que su propia base rechaza mayoritariamente”.

Sánchez es plenamente consciente de que la oposición de su partido socialista a la guerra de Iraq “fue fundamental para su victoria en las elecciones de 2004”, como señaló esta semana Chatham House. De hecho, Sánchez ha comparado la campaña actual de Estados Unidos con la guerra de Iraq.

Económicamente, las amenazas de Trump a España –la cuarta economía más grande de Europa– pueden no ser tan graves como parecen. España es una de las economías más vibrantes de Europa y solo alrededor del 5 % del comercio de España es con EE.UU. La Unión Europea estaría obligada a defender a cualquier miembro señalado por discriminación.

Pero España depende de Estados Unidos para gran parte de su suministro de gas natural licuado.

Hay otra dimensión en la hostilidad de Sánchez hacia la influencia estadounidense. Durante años, él y su familia han sido objeto de ataques en las redes sociales, y ha arremetido contra las empresas tecnológicas estadounidenses por no hacer lo suficiente para combatir los discursos de odio.

“Las redes sociales que se suponía que iban a aportar unidad, claridad y democracia, en cambio nos han dado división, vicio y una agenda reaccionaria”, dijo Sánchez en enero, anunciando que España prohibiría las redes sociales para los menores de 16 años.

Ahora, en su octavo año como presidente del Gobierno español, Sánchez parece no preocuparse ya por enfrentarse a “Papá” ni al movimiento MAGA en general.

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