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Delcy Rodríguez rebasa los 100 días como presidenta encargada sin dar señales para una posible transición en Venezuela

Por Mauricio Torres, CNN en Español

Delcy Rodríguez acumula días como presidenta encargada de Venezuela, una silla donde está tan cómoda que su Gobierno no da señales de querer avanzar hacia una posible transición a pesar de los crecientes reclamos de la oposición mayoritaria.

Así es como analistas sintetizan el escenario político en Venezuela a más de tres meses de la captura del presidente Nicolás Maduro en un operativo militar de Estados Unidos, con un Gobierno encargado que, si bien critica el arresto de Maduro, también dice estar dispuesto a construir una nueva relación con Estados Unidos, una que gire en torno a temas económicos —petróleo, minería, inversiones— y deje en segundo plano todo lo demás.

En un mensaje emitido el domingo por la noche, Rodríguez hizo un corte de caja de su gestión y destacó los que considera sus principales logros. Aseguró que Venezuela vive una “nueva etapa” en materia política y económica y ha abierto sus puertas al mundo. De su lado, la oposición rechaza estas afirmaciones e insiste en su llamado a nuevos comicios.

Rodríguez rebasó ya el umbral de 100 días como presidenta encargada. La cuenta puede variar un poco ya sea que se considere desde el 3 de enero, cuando el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) le ordenó asumir el cargo y ella dio su primer mensaje al mando del Gobierno, o que se contabilice desde el 5 de enero, cuando rindió juramento ante la Asamblea Nacional.

En cualquier caso, organizaciones no gubernamentales como el Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea) señalan que, de acuerdo con la Constitución, un vicepresidente —el puesto que tenía Rodríguez— no puede ocupar la presidencia encargada por más de 180 días cuando hay una ausencia temporal del presidente. Por ello, dicen, la Asamblea Nacional debería declarar ausencia absoluta para que después, en un plazo de 30 días, se convoquen nuevas elecciones.

Sin embargo, este argumento choca con obstáculos de diverso tipo.

En el plano jurídico, la decisión que el TSJ emitió el 3 de enero dice que el país vive una situación inédita tras la captura de Maduro, que cataloga como una “ausencia forzada”, una figura no contemplada en la Constitución y que podría escapar a los plazos previstos. En el terreno político, además, el Gobierno de Rodríguez no muestra signos de querer impulsar cambios importantes.

“El discurso de Delcy Rodríguez es de ‘ahorita no es la prioridad, ahorita la prioridad es la estabilización, sobre todo la economía’, y el tema es que es un discurso que está respaldado por los actores que están ejerciendo el tutelaje ahorita sobre Venezuela, que es Estados Unidos”, dijo a CNN el académico venezolano Carlos Torrealba, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Hay una alineación entre ese tutelaje y Delcy Rodríguez en el poder, en torno a postergar el tema electoral y concentrarse en lo económico por el tiempo que se lleve”, remarcó.

Para Torrealba, un reflejo de esta sintonía entre los gobiernos de Trump y Rodríguez son las medidas económicas que se han tomado en ambos países. Desde Estados Unidos, Trump ha insistido en que las empresas estadounidenses están interesadas en invertir en Venezuela y ha levantado parcialmente algunas sanciones para permitir que esto ocurra. Desde Venezuela, Rodríguez ha impulsado reformas para abrir sectores clave a la inversión extranjera.

El analista Imdat Oner, académico de la Universidad Internacional de Florida, coincidió en que el Gobierno de Rodríguez no tiene interés en una transición política. A su juicio, los pasos que ha dado en este terreno, como la liberación de presos políticos, solo buscan “comprar tiempo y legitimidad”.

“Desde el día después de la captura de Maduro, Delcy Rodríguez ha estado concentrada en una cosa, que es mantenerse en el poder y asegurar su propia sobrevivencia política. Sus gestos recientes hacia la moderación son mayormente cosméticos y encaminados a mostrar cooperación con Washington”, dijo Oner a CNN.

“Estos movimientos están diseñados para comprar tiempo y legitimidad, no para abrir la puerta a elecciones reales. En el corto plazo, su meta es bloquear cualquier escenario que pueda llevar a una elección competitiva en Venezuela”, agregó.

CNN contactó a los gobiernos de Venezuela y de Estados Unidos para pedir comentarios sobre el tema y está en espera de respuesta.

En este contexto, Michael Kozak, alto funcionario de la Oficina de Asuntos para el Hemisferio Occidental en el Departamento de Estado, dijo el jueves en una audiencia en la Cámara de Representantes que Estados Unidos confía en que se siga el plan que el secretario Marco Rubio delineó tras la captura de Maduro, que incluye fases de estabilización y reconciliación antes de pasar a elecciones.

“No tenemos una fecha, tenemos condiciones que permitirían elecciones y traer una transición a la democracia, así que estamos viendo los hitos en el camino”, señaló Kozak ante el Comité de Relaciones Exteriores.

De acuerdo con el funcionario, Estados Unidos ve como avances la liberación de presos políticos y la ley de amnistía que aprobó la Asamblea Nacional, y espera que para los futuros comicios haya observadores electorales y que líderes opositores como María Corina Machado puedan volver a Venezuela.

Durante las últimas semanas, se han intensificado los llamados de la oposición mayoritaria a avanzar hacia una transición en Venezuela.

El 12 de abril, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), que en 2024 postuló a la presidencia al exembajador Edmundo González Urritia y asegura haber vencido a Maduro —quien entonces fue proclamado ganador—, propuso una hoja de ruta con tres etapas: 1) estabilización, 2) recuperación económica y reconciliación y 3) transición democrática.

Para la eventual primera etapa, la PUD plantea puntos como la liberación de todos los presos políticos, la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) y el levantamiento de inhabilitaciones políticas, una medida que beneficiaría a la líder opositora María Corina Machado. Para la segunda fase, prevé “la adopción de políticas orientadas a la recuperación social y productiva del país y la promoción de una convivencia democrática basada en el respeto, la justicia y la no persecución”. Y para la tercera, “elecciones libres, competitivas y reconocidas” y que tengan acompañamiento internacional.

Sin embargo, este llamado pronto fue rechazado por el ministro del Interior, Diosdado Cabello, quien en una rueda de prensa dijo: “Las elecciones serán cuando sean y ese día las fuerzas revolucionarias estaremos preparadas para ganar como siempre hemos ganado”.

De acuerdo con Torrealba, estas declaraciones son una muestra clara de que hoy existe un escenario poco favorable para una transición en Venezuela, cuando menos no en el corto plazo.

“Las perspectivas son bajas para esa transición más real y, más bien, lo que estamos presenciando es, otra vez, al chavismo ejerciendo un mecanismo de resiliencia autocrática, que además es su expertise: maniobrar, mutar, sin soltar el poder”, dijo.

Frente a este escenario, los analistas coinciden en que el factor que podría ser clave para echar a andar un proceso de transición en Venezuela sería la presión de Estados Unidos, aunque dudan sobre qué tan probable es que esto ocurra.

Oner consideró que la dinámica geopolítica global por ahora favorece en ese sentido al Gobierno de Rodríguez, porque el desarrollo de la guerra de Estados Unidos con Irán “ha disminuido algo de la presión externa que Venezuela enfrentaba antes”.

“Su Gobierno también está observando de cerca la dinámica política en Estados Unidos. Las próximas elecciones de medio término podrían cambiar la atención de Washington y reducir el nivel de escrutinio sobre Venezuela. Todo esto da a Delcy más espacio para maniobrar mientras trata de consolidar el control sobre el proceso de transición”, dijo.

Michael Shifter, académico de la Universidad Georgetown, señaló que sin la presión de Estados Unidos sería difícil que pronto haya nuevas elecciones en Venezuela.

“Aunque el secretario de Estado Rubio ha mencionado una transición, no hay calendario, no hay fecha. Es cierto que hay más espacios para organizarse en sociedad civil y en universidades y han liberado a algunos presos políticos, pero creo que las perspectivas son muy difíciles”, dijo Shifter el miércoles en el pódcast “Y esto no es todo”.

Torrealba coincidió en que la presión de Estados Unidos sería clave para empujar un proceso de transición, pero advirtió que depender de Washington para ello implica riesgos para Venezuela, como quedar sujeto a los ritmos propios de la política estadounidense. En contraste, consideró el especialista, Venezuela tendría que “nacionalizar” esta agenda.

A más de tres meses de que un Gobierno encargado asumió las riendas del país, mientras el chavismo mantiene cercanía con Estados Unidos y la oposición mayoritaria insiste en realizar cambios sin que sus llamados hagan eco, los especialistas dicen que lo único cierto en esta materia es que no es previsible esperar movimientos pronto.

“Cualquier cosa puede pasar en Venezuela, es difícil saberlo, pero por el momento me parece que la democracia vendrá pero no en el corto plazo. Creo que habrá que esperar un tiempo”, concluyó Shifter.

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