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Los sectores más radicales de Irán amenazan con arruinar la celebración de victoria del régimen

Por Leila Gharagozlou, CNN

Mientras comenzaban a conocerse los detalles del acuerdo entre Estados Unidos e Irán la semana pasada, un poderoso político iraní se presentó ante una multitud en Teherán y leyó en voz alta lo que afirmó era el texto final del memorando.

Mahmoud Nabavian, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, advirtió que el acuerdo convertiría a la República Islámica en una “colonia de Estados Unidos” y abriría el estrecho de Ormuz incluso a Israel.

El discurso, transmitido en vivo en todo el país, ayudó a encender una reacción en contra. Partidarios del régimen se manifestaron frente al Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán y lanzaron una campaña bajo el lema “no aceptaremos”, en rechazo a lo que consideraban una capitulación humillante ante Washington.

El pacto que Washington y Teherán finalmente firmaron ha sido descrito ampliamente como muy favorable para Irán. Funcionarios iraníes y medios estatales lo han celebrado como una victoria para la República Islámica y una derrota para Estados Unidos. Pero no todos en Irán lo ven de esa manera, y muchos de los críticos del acuerdo son influyentes y tienen conexiones importantes. El episodio protagonizado por Nabavian y la reacción que generó ponen de relieve el desafío que enfrenta el régimen mientras intenta vender el acuerdo dentro del país y, al mismo tiempo, atraviesa una disputa más amplia sobre quién tendrá el poder de definir el futuro de Irán después de la guerra.

La guerra le dio al Gobierno iraní una nueva oportunidad de mantenerse en el poder, dijo Dina Esfandiary, líder de geoeconomía de Medio Oriente en Bloomberg Economics. Permitió que “un Gobierno debilitado por las manifestaciones de descontento y la crisis recuperara su control del poder”. Pero eso no significa que el Gobierno tenga el respaldo necesario para que el acuerdo tenga éxito, y, según Esfandiary, todavía tendrá que enfrentar los numerosos problemas internos que existían antes de la guerra.

Antes de la guerra, contener la disidencia contra el Gobierno era una de las principales prioridades internas del régimen. Ahora enfrenta un desafío diferente: gestionar la oposición dentro de sus propias filas. Según Vali Nasr, autor de “Iran’s Grand Strategy”, el líder supremo y quienes lo rodean primero tendrán que mirar hacia una facción ultraconservadora conocida como Jebhe-ye Paydari, cercana a Nabavian.

“Para que este acuerdo funcione, (el líder supremo) Mojtaba (Jamenei) y la Guardia Revolucionaria tienen que controlar precisamente a las fuerzas que ellos mismos ayudaron a crear”, dijo. La facción radical ha intentado sabotear el acuerdo con Estados Unidos durante todo el proceso de negociaciones. Considera que un pacto de este tipo representa una capitulación y, según Nasr, contener a estos sectores es más importante que apaciguar a los grupos opositores al régimen en Irán.

Un mensaje publicado el jueves y atribuido a Jamenei confirmó que autorizó el acuerdo, aunque destacó que sus arquitectos habían asumido la responsabilidad del mismo, en un aparente intento por distanciarse de las consecuencias si el pacto fracasa.

“Como cuestión de principio, tenía una opinión diferente. Sin embargo, ante el compromiso que me presentó (el principal negociador Mohammad Bagher Ghalibaf), en nombre propio y de los demás miembros, de proteger los derechos de la nación iraní y del Frente de Resistencia —y dada su aceptación explícita de asumir la responsabilidad de hacerlo— lo autoricé”, decía el mensaje.

Parte de lo que hace que la facción Paydari sea clave para la aceptación del acuerdo es su influencia en las calles. El grupo ha demostrado su capacidad para movilizar a ciudadanos comunes y organizar a sus simpatizantes para salir a manifestarse durante la guerra. Según Vali Nasr, la facción Paydari ha encontrado respaldo entre iraníes más pobres y socialmente conservadores de orientación religiosa que han sentido con mayor intensidad los efectos de la guerra. Esos sectores de la población serán fundamentales para vender la paz dentro del país.

Gran parte del éxito del acuerdo dependerá del alivio económico prometido a los iraníes, según expertos. Aunque la apertura del estrecho es un elemento clave del pacto, lo que Irán y su Gobierno necesitan es un alivio económico y de las sanciones de manera inmediata. La situación económica iraní es grave y, para responder a las preocupaciones que han provocado protestas económicas y contra el Gobierno, las autoridades deben mostrar un beneficio tangible no solo de sus políticas anteriores, sino también de este acuerdo.

El pacto entre Estados Unidos e Irán reduce las amenazas militares externas contra Teherán, pero “no resuelve las quejas económicas, políticas o sociales internas de Irán ni garantiza una paz duradera”, dijo Sanam Vakil, directora del Programa de Medio Oriente y Norte de África del grupo de análisis Chatham House, con sede en Londres.

En última instancia, dijo, el respaldo público al pacto dependerá de si “el acuerdo mejora la vida cotidiana”.

Según Nasr, el apoyo al acuerdo dependerá de si puede conducir a mayores libertades culturales y beneficios económicos dentro del país, algo que, según él, el nuevo líder supremo y la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés) entienden claramente.

“No quieren volver a donde estaban en enero con el público. Durante la guerra hay una luna de miel: pueden controlar las calles, la gente puede aceptar ciertos sacrificios, pero eso no es sostenible indefinidamente. Entonces, si el acuerdo realmente les da cierta ventaja económica, la pregunta es cuánto tiempo pueden mantenerla y si pueden ampliarla”, dijo.

Mientras tanto, iraníes comunes como Reza, de 45 años, dicen estar agotados.

“Claro, un acuerdo suena bien, pero honestamente no tengo energía para nada de esto. Primero la masacre, luego la guerra, ¿y ahora son amigos?”, dijo, en referencia a Irán y Estados Unidos.

Los sentimientos de Reza son similares a los de otros iraníes que hablaron con CNN. Una sensación de desconcierto, desilusión y desesperanza parece dominar las conversaciones.

Fati, residente de Teherán, dice que espera que un acuerdo genere algún cambio.

“Si podemos ganar dinero, administrar nuestros negocios y vivir una vida que no sea solo sobrevivir, entonces está bien. Lo aceptaré”, dijo.

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