Dan la vida para encontrar a sus hijos desaparecidos: estas son las madres buscadoras de México
Por Mauricio Torres, CNN en Español
Alicia Trejo lleva más de 14 años buscando a su hijo Francisco Albavera Trejo, quien desapareció el 26 de marzo de 2012 cerca del Metro Pantitlán, en el oriente de la Ciudad de México. Recuerda que su familia recibió entonces un mensaje que decía que el joven estaba “guardadito”, pero no la exigencia para el pago de un rescate ni algún otro indicio sobre dónde podía estar. Alicia presentó una denuncia por la desaparición, sin que hasta ahora tenga noticias sobre avances en las investigaciones. Mientras tanto, ella no se queda de brazos cruzados.
“Con los colectivos, salimos a hacer búsqueda en vida, yo salgo a pegar fotos y vamos a hospitales, entramos a penales”, dijo la mujer a CNN durante una marcha realizada en la Ciudad de México el pasado Día de las Madres, el 10 de mayo, en la que ella y otras mexicanas hablaron de su lucha por buscar a sus familiares y de cómo hacen tareas que el Estado hasta ahora no ha podido atender.
Martha Angélica Martínez Pérez también sabe lo que esta batalla implica. Desde 2017 busca a su hijo Sergio Orlando Beltrán Martínez, quien desapareció en el municipio de Guadalupe, en el estado de Zacatecas. Tratar de localizarlo ha sido duro, reconoce Martha Angélica, quien dice que obtiene fuerzas de la fe. “Nosotras no descansamos hasta saber algo de ellos”, afirma.
Igualmente originaria de Zacatecas, María de la Luz Solís comparte tanto su lucha como su convicción. Desde 2016 busca a su hijo José Francisco Álvarez Solís, quien desapareció en el municipio de Fresnillo. Incluso después de una década de búsqueda, María de la Luz aún guarda la esperanza de poder encontrarlo con vida y advierte que la desaparición de un familiar es “una cosa horrible que no se le desea a nadie”.
Desde hace 20 años, el incremento de la violencia y de las desapariciones en México, atribuido a una mayor actividad de grupos criminales, dio pie al surgimiento de las madres buscadoras: mujeres que salen a buscar a sus hijas e hijos, ya sea con ayuda de las autoridades —policías, fiscalías, comisiones de búsqueda— o por su propia cuenta.
A lo largo de las últimas semanas, muchas de ellas han aprovechado la coyuntura del Mundial de Fútbol del que México es anfitrión, junto con Estados Unidos y Canadá, para realizar protestas y exigir que las autoridades les presten tanta atención como al torneo deportivo. Algunas manifestantes incluso han retomado el eslogan gubernamental “La pelota vuelve a casa” para transformarlo en “La pelota a casa, ¿ellos cuándo?”.
Hoy, en México hay más de 135.000 personas desaparecidas, según registros oficiales. En cambio, no hay un registro oficial de cuántas mexicanas se dedican a buscarlas. El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Pro), una organización no gubernamental que acompaña a este sector, estima que hay unos 500 colectivos en todo México y que los más grandes tienen entre 100 y 150 integrantes.
Dentro de otros países de América Latina también se han formado estos grupos en medio de diferentes contextos de violencia.
En Argentina, en la década de 1970 se crearon las organizaciones de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, que por décadas se han dedicado a buscar a personas desaparecidas durante la última dictadura militar (1976-1983). En Colombia, una ley publicada en 2024 reconoce a las mujeres buscadoras de víctimas de desaparición forzada “como constructoras de paz y sujetos de especial protección constitucional”.
Quienes buscan a un familiar desaparecido en México representan un grupo amplio, dijo a CNN Meyatzin Velasco, coordinadora del área de Educación del Centro Prodh. La atención tradicionalmente se ha centrado en las madres buscadoras, pero en los últimos años el sector se ha diversificado con una mayor participación de personas más jóvenes con diferentes tipos de parentesco con los desaparecidos.
“Cada día más se habla de familias o mujeres buscadoras, por lo mismo de que ya no solo son quienes encabezan las mamás, sino también hay muchas hermanas, muchas hijas, muchas esposas y, en el sentido amplio, lo que puede ser una compañera de vida”, explicó la especialista.
María del Rocío Hernández Romero es un ejemplo de esto. Desde 2011 busca a su hermano Felipe Hernández Romero, quien desapareció en la ciudad de Torreón, una de las principales urbes del estado de Coahuila, fronterizo con Estados Unidos.
Entrevistada también durante la marcha del 10 de mayo, contó a CNN que forma parte de Grupo Vida Laguna, un colectivo que realiza búsquedas en campo. Para organizar estas jornadas —en las que asegura que han encontrado restos de personas desaparecidas—, la agrupación entrega un calendario a la Fiscalía local, que analiza las fechas y coordina el acompañamiento.
De acuerdo con María del Rocío, esta coordinación es algo que ha cambiado en comparación a los primeros años de la desaparición de su hermano, cuando no existían áreas especializadas en búsqueda y ni siquiera había leyes que contemplaran el problema. La Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas se publicó hasta 2017.
Sin embargo, tanto ella como otras mujeres buscadoras comparten el sentimiento de que las autoridades del país aún no hacen lo suficiente por buscar a los suyos.
“Creo que las ganas salen de todo esto, ¿no?”, dijo María del Rocío, mientras señalaba a las personas que se manifestaban frente al Ángel de la Independencia con fotos de sus familiares y consignas como “¡Hijo, escucha, tu madre está en la lucha!” y “¿Dónde están, dónde están, nuestros hijos dónde están?”.
“Desgraciadamente, tienen que ser las familias. A pesar de todo el dolor que están pasando, tienen que ser las familias las que tomen la iniciativa”, insistió. Durante la marcha, otras manifestantes secundaron ese reclamo.
Entre las personas que buscan, la gran mayoría son mujeres, dijo Velasco. De acuerdo con la especialista del Centro Prodh, esto se debe a varios factores, entre los que destaca que alrededor del 78% de los desaparecidos son hombres, según los registros oficiales.
Además, expuso la experta, aunque entre las buscadoras hay mujeres de varios estratos socioeconómicos, el grueso son madres solteras, principalmente habitantes de zonas periféricas y quienes tienen pocas redes familiares, lo que explica que decidan sumarse a colectivos con gente que comparte su situación.
“Los colectivos se vuelven para ellas un lugar de apoyo, de resistencia, una red que las sostiene”, dijo. “Tristemente, se dan cuenta de que solas van a pasarla peor. No va a ser más fácil en colectivo, pero al menos van a tener a otras personas que tienen experiencia, que les van a ayudar a presentar cosas en su carpeta de investigación y demás”.
En algunos estados, no es bajo el riesgo que corren las mujeres que buscan a sus familiares. En abril del año pasado, al menos dos madres buscadoras fueron asesinadas en Jalisco, María del Carmen Morales y Teresa González, quienes habían denunciado la existencia de un “campo de exterminio” en el predio del Rancho Izaguirre. Además de este caso, otros crímenes similares han ocurrido en lugares como Guanajuato y Sinaloa.
El reclamo de las mujeres buscadoras para que las autoridades atiendan sus casos, agilicen las búsquedas y trabajen para localizar a sus familiares es una constante a lo largo del país.
Cuando ha sido preguntada por este tema en sus conferencias de prensa diarias, la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que su equipo está atendiendo el problema y escucha a los colectivos.
El 19 de mayo, el Gobierno dijo en comunicado que la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y la fiscal general de la República, Ernestina Godoy, recorrerán México para reunirse con estos grupos y avanzar en medidas como obligar a que una carpeta de investigación se abra desde el primer reporte y que todas las fiscalías tengan áreas especializadas de búsqueda.
“La búsqueda de las personas desaparecidas, la verdad, la justicia y la no repetición son prioridad nacional que el Gobierno de México ha asumido por instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum; pero también tenemos un compromiso con la defensa de la correcta aplicación de los estándares internacionales”, señaló entonces la secretaría Rodríguez.
Para muchas mujeres buscadoras, sin embargo, el Gobierno aún no está haciendo lo suficiente e incluso busca minimizar la situación.
Alicia Trejo, la madre de Francisco Albavera Trejo, está entre quienes piensan así. Durante la marcha del 10 de mayo, mientras repartía volantes con la foto del joven desaparecido, dijo que espera que el Gobierno “reconozca la problemática que tiene nuestro país”.
Velasco añade otro dato que dimensiona la importancia de atender el problema. De acuerdo con la especialista del Centro Prodh, las desapariciones de personas y que miles de mujeres deban salir a buscar a sus familiares no solo muestran una crisis de derechos humanos en México, sino también un potencial que se está yendo de las manos.
“Que una mujer en sus 30, en sus 40, que puede estar haciendo otras cosas más allá de su familia, en el trabajo, en su proyecto de vida, se dedique en 100% a la búsqueda, y que sus fuentes de ingreso sean entre informales y poco estables, significa que sí estamos perdiendo mucho como sociedad en términos de un grupo poblacional”, advirtió.
Hoy, los costos de los altos niveles de violencia que prevalecen en México no solo se miden en homicidios u otros delitos. También se observan en las cifras de personas desaparecidas y en las historias de las miles de mujeres dedicadas a buscarlas.
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