¿Qué hace que un viaje sea una “odisea”?
Por Harmeet Kaur, CNN
“La Odisea” es un antiguo poema épico griego que cuenta la historia de Odiseo, el rey de Ítaca, que pasó 10 años luchando en la Guerra de Troya solo para pasar otros 10 años intentando regresar a casa.
Que le lleve una década recorrer las aproximadamente 560 millas náuticas de Troya a Ítaca no se debe a una tecnología de navegación primitiva (los registros de viajes en la literatura antigua indican que un trayecto así habría tomado alrededor de una semana, posiblemente hasta dos semanas con vientos desfavorables). A lo largo del relato de Homero, Odiseo se ve repetidamente frustrado por la ira divina, la naturaleza y la falibilidad humana.
Para quienes tengan oxidados los clásicos, un breve repaso: en el viaje a Ítaca, la tripulación de Odiseo come fruta que les hace olvidar su objetivo de regresar a casa. Quedan atrapados en una cueva con un cíclope tuerto y devorador de hombres. Cuando se acercan tentadoramente a casa, vuelven a ser desviados de su rumbo. Se encuentran con más monstruos devoradores de hombres. Los hombres de Odiseo son convertidos en cerdos. Odiseo viaja al inframundo y tiene que realizar un sacrificio de sangre. Luego están las Sirenas y los monstruos marinos Escila y Caribdis. Todos los hombres de Odiseo mueren al final, y, como si no hubiera sufrido lo suficiente, Calipso lo retiene durante años como esclavo sexual.
Sin embargo, la palabra “odisea”, tal como se usa hoy, no capta del todo la agotadora y miserable travesía que soportaron Odiseo y sus compañeros. El término, en cambio, evoca un viaje marcado por una aventura de capa y espada, un vagabundeo romántico y una curiosidad de ojos bien abiertos. Véanse algunos ejemplos de la cultura contemporánea, como la Mars Odyssey de la NASA y la competición creativa de resolución de problemas para escolares, Odyssey of the Mind (“Odisea de la Mente”). La Honda Odyssey, que debutó en los años 90, se comercializó como “la miniván para personas que, en el fondo, no son gente de miniván”. El ejecutivo de Silicon Valley John Sculley utilizó “Odyssey” (“Odisea”) en el título de sus memorias de 1987, que detallaban su trayectoria de director ejecutivo de PepsiCo a director ejecutivo de Apple.
Aunque el viaje epónimo de Odiseo es célebre por estar lleno de giros y vueltas, la evolución de “odyssey” en inglés es decididamente sencilla, dice John Kelly, exeditor de diccionario y autor del blog de etimología Mashed Radish. “Odyssey”, del latín “Odyssea”, deriva del título en griego antiguo del poema, “Odusseia”, que se traduce como “la historia de Odusseus”.
En cuanto al propio nombre “Odysseus”, Kelly señala que, aunque el verdadero origen del nombre no está claro, el propio poema ofrece una etimología popular: “odiado por dioses y hombres”. En “La Odisea”, Odiseo relata que su abuelo lo llamó así porque estaba destinado a sufrir y a hacer sufrir a otros también.
A medida que “La Odisea” se fue arraigando en el canon literario occidental, la palabra pasó al inglés como referencias directas al poema épico de Homero. El Oxford English Dictionary señala que apareció por primera vez en el manual espiritual “Enchiridion” del monje Byrhtferth, del siglo XI, plasmada en inglés antiguo como “Odissia”. Su siguiente uso registrado llegó en el siglo XVI, cuando el poeta inglés Edmund Spenser escribió en una carta a Sir Walter Raleigh que su propia epopeya “The Faerie Queen” se inspiró en “La Odise”.
No fue hasta finales del siglo XIX cuando “odyssey” pasó a denotar, en sentido general, una aventura larga y errante, dice Kelly. El novelista escocés de aventuras Robert Louis Stevenson invocó la palabra en su libro de 1886 “Secuestrado”. Cuando el personaje principal, David, detalla su peligroso viaje a través de las Tierras Altas de Escocia a un abogado, el hombre responde: “esto es una gran epopeya, una gran Odisea suya”. En pocos años, “odyssey” había evolucionado de un nombre propio a una palabra en minúscula que se aplicaba por igual a viajes literales y figurados. Ya sea que describa una aventura emocionante o una serie de pruebas dolorosas, los diversos usos de “odisea” comparten una cualidad larga y errante, dice David Elmer, profesor de literatura griega en la Universidad de Harvard. “El núcleo semántico dice menos sobre la experiencia subjetiva del viajero y más sobre las características del viaje”, afirma. Para Alexander Forte, profesor adjunto de estudios clásicos en la Universidad de Nueva York, una cualidad perdurable de una “odisea” es que es un viaje que vale la pena contarle a alguien: puede caracterizarse por sucesos inesperados o largos desvíos, pero el viajero vivió para contarlo.
¿Cómo veían Homero y otros poetas antiguos los viajes de Odiseo? Forte señala la palabra griega antigua “nostos”, que significa “regreso a casa” y se usaba para referirse a poemas épicos sobre el retorno de un héroe. “Tiene muchas de las asociaciones complejas que tiene la palabra inglesa ‘return’”, dice. “Puede ser un regreso feliz, pero también puede haber un regreso realmente arduo o triste”.
Un relato tan vasto como “La Odisea” está destinado a inspirar una variedad de lecturas. Y aunque este autor pueda estar obsesionado con los obstáculos que encuentra Odiseo, sus viajes no están exentos de placer y emoción. La narrativa dominante en “La Odisea” trata del deseo de Odiseo de volver a casa, pero hay indicios de que está disfrutando el viaje, señala Sheila Murnaghan, profesora de griego en la Universidad de Pensilvania. Cuando Odiseo y sus hombres descubren una cueva en la isla de los Cíclopes llena de ganado y queso, su tripulación quiere llevarse las provisiones y salir corriendo. La curiosidad de Odiseo, en cambio, lo impulsa a quedarse y conocer al habitante de la cueva. Y después de que Odiseo pasa un año deleitándose en la isla de Circe, son sus hombres quienes lo instan a regresar a casa.
“Las personas que han leído la ‘Odisea’ de Homero han sentido repetidamente que el hecho de que Odiseo solo desee desesperadamente volver a casa no es toda la historia, y que también hay en Odiseo alguien que tiene sed de aventura y de viajar”, añade, al tiempo que señala el “Infierno” de Dante y el poema de Alfred, Lord Tennyson, “Ulises”, que retratan a Odiseo (o Ulises, como se le conoce en latín) como una figura inquieta que anhela la aventura.
Cómo entiende hoy la gente la palabra “odisea” podría tener que ver con cómo las audiencias modernas tratan el material de origen. Cuando la mayoría de los estudiantes se encuentran por primera vez con “La Odisea” en clase, o cuando los espectadores ven una adaptación cinematográfica como la de Christopher Nolan, dice Kelly, es probable que queden cautivados por las aventuras fantásticas y las criaturas míticas en la página o en la pantalla. “Tengo que preguntarme si abordamos la historia de ‘La Odisea’ de una manera muy diferente a como quizá lo hacían los antiguos”, dice. “Tal vez el oyente griego antiguo del poema, o el lector romano antiguo de la epopeya, se centraría más en el carácter de Odiseo: ¿qué puedo aprender sobre la virtud? ¿Qué puedo aprender sobre lo que significa ser un hombre? ¿Qué puedo aprender sobre lo que significa ser un guerrero, un héroe, un esposo, un padre?”
“Sí, muchos de nosotros sí sacamos lecciones sobre lo que ocurre cuando somos demasiado astutos o demasiado arrogantes”, añade Kelly. “Pero creo que muchos de nosotros solo queremos ver ya al Cíclope”.
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