Los influencers, el nuevo “público” del US Open que genera críticas y adeptos
Análisis por Hannah Keyser, CNN
Tiene sentido que el público más atractivo para cualquier negocio lucrativo sea aquel que aún no ha sido explotado en gran medida. Vivimos en una época en la que el éxito no se mide por la sostenibilidad ni siquiera por el mero tamaño, sino por nada menos que un crecimiento infinito e indefinido.
Para un torneo de tenis, ese mercado tentador de posibles clientes futuros está compuesto por personas que, actualmente, no conocen el tenis o no les interesa demasiado. No hay ningún juicio moral en esta descripción. El desconocimiento o incluso la falta de interés por el tenis son actitudes perfectamente válidas para cualquier persona. Siempre y cuando no se esté asistiendo a un partido de tenis de alto perfil —y con precios cada vez más prohibitivos— ocupando asientos cómodos y gratuitos por invitación.
Al US Open le gustaría creer que esas personas son aficionados que aún no saben que lo son, o bien que tal actitud no impide disfrutar de un partido de tenis. Probablemente sea así.
El tiempo en Nueva York ha sido magnífico durante la mayor parte de la semana. El recinto del US Open rebosa de gente atractiva. La oferta gastronómica es exquisita. El cóctel Honey Deuce es peligrosamente delicioso (según un único sorbo, muy profesional, tomado por esta seria periodista). Y, sin embargo, el debate en torno al torneo se centra en el grupo de “casi 100” influencers acreditados que crean contenido relacionado con el tenis, situándose a veces demasiado cerca de la acción misma del juego.
En videos virales se puede ver a creadores de contenido grabando durante momentos activos del partido. Ha habido preocupación por el uso de anillos de luz o flashes de cámara durante el juego. Los jueces de silla han recordado repetidamente a los asistentes que guarden silencio entre los games.
Durante la primera semana del torneo, se preguntó a los jugadores sobre la posible distracción o molestia que suponía tal presencia en el US Open.
Coco Gauff comentó que la luz era un problema mayor que el sonido, “porque eso sí que molesta, y mira que soy una de las jugadoras más tolerantes”.
Para Naomi Osaka, ocurría lo contrario.
“Hubo un momento en el que se oía a gente gritando y cosas así, y se escuchaba con bastante claridad. Creo que a mi rival también le molestó”, dijo. “Realmente no me fijo en las luces porque, obviamente, cuando sacas, estás mirando hacia el sol o hacia la iluminación nocturna. Lo que más molestaba era el ruido”.
Más allá de los detalles concretos, la conclusión fue la que expresó Jessica Pegula: “Hay gente ahí abajo intentando rendir; es su carrera y su trabajo. Parece un tanto irrespetuoso”.
Según ESPN, las personas que aparecen en los videos virales no figuran entre quienes cuentan con acreditación de la USTA. La acreditación para creadores de contenido —introducida el año pasado— abarca desde editores de redes sociales vinculados a medios tradicionales hasta creadores independientes especializados en tenis e influencers de estilo de vida centrados en la gastronomía o la moda. No obstante, esto no impide que otros asistentes que han pagado su entrada utilicen el certamen como escenario para grabar contenido.
Sin embargo, estas personas resultan menos interesantes que la mentalidad que reflejan (basta con reunir a un grupo lo suficientemente grande —y con fácil acceso al alcohol— para que alguien se comporte de forma inapropiada).
El deporte está inmerso en una transformación global: está pasando de ser una manifestación de intereses tribales restringidos a convertirse en un pilar de la monocultura. En lugar de ser simples mecas o puntos de encuentro para aficionados incondicionales, los eventos deportivos en directo aspiran a posicionarse como grandes acontecimientos culturales.
Esto se hace evidente en la cobertura mediática: el deporte convertido en telenovela, en plataforma de moda o destino gastronómico, en fábrica de celebridades. Forma parte de una tendencia más amplia a convertirlo todo en… bueno, en todo a la vez. Basta con consumir suficiente contenido de influencers para comprobar que, tarde o temprano, mencionan su deseo de que su página ofrezca algo para todos los gustos. Así es el éxito hoy en día: convertirse en una marca con atractivo universal.
Para el mundo del deporte, esto ha supuesto tanto una gran oportunidad como una necesaria rectificación de rumbo. Ahora es posible ser un aficionado ocasional o un seguidor oportunista que se suma a la moda del momento sin complejos. Se han reducido esas barreras de exclusividad que, seamos sinceros, afectaban de manera desproporcionada a ciertos sectores demográficos. No hay nada malo en iniciarse en el tenis.
Por su parte, los deportistas reconocen eso y el valor de una audiencia más amplia. Al fin y al cabo, exigen más premios en dinero.
“No tengo ningún problema con que alguien haga algo y venga a ver tenis. Poner culos en asientos, ya sabes, diferentes rangos de edad, lo que sea, es enorme para nuestro deporte”, dijo Francis Tiafoe. “Eso es todo lo que me importa”.
“Puedo apreciar que las personas influyentes vengan y muestren la experiencia del US Open”, dijo Pegula. “Creo que eso es algo que el US Open ha utilizado mucho en cuanto a comida, bebida, actividades y tiendas. Eso es parte de la experiencia de los fanáticos y algo que la gente quizás no sepa y les haga querer ir”.
“Definitivamente creo que es genial tener un nuevo grupo demográfico y definitivamente creo que ayuda a hacer crecer el deporte”, dijo Gauff.
“Creo que hay aspectos muy positivos”, dijo Osaka. “Quieres que la gente siga impulsando el crecimiento de este deporte. Simplemente creo que debe hacerse de manera que todos conozcan las reglas y la etiqueta”.
Pero, por supuesto, son dos caras de la misma moneda. Ser nuevo conlleva intrínsecamente tener menos experiencia. Un público que abarca a “todo el mundo” incluye a quienes desconocen las normas y la etiqueta. Esto no exime a los individuos de usar el sentido común o mantener una decencia básica. Pero, vamos, tú ya has salido al mundo antes; ¿de verdad crees que todo el mundo posee eso?
Lo cierto es que muchas de las personas que pagaron por asistir al US Open parecen no conocer del todo la etiqueta o estar algo achispadas, o quizás ambas cosas. Durante un partido nocturno del Día del Trabajo entre Gauff e Iva Jovic, el personal encargado de instar a los asistentes a ocupar sus asientos con rapidez se vio tan desbordado por la tarea que tuvo que intervenir otro personal —con un tono más severo y vistiendo camisetas rojas de «SUPERVISOR»— para reprender al público.
Aun así, resultó ser una tarea titánica. Fue un partido brillante, una exhibición impresionante de la velocidad y potencia de Gauff frente a una digna rival adolescente que promete mucho. El público seguía con absoluta atención cada volea y vitoreaba en función de la intensidad del punto, sin importar qué jugadora estadounidense se impusiera (spoiler: ganó Gauff en sets corridos).
Y, sin embargo, durante toda la hora y media que duró el partido, hubo que pedir a los espectadores que dejaran de agruparse frente a sus secciones, ya que bloqueaban la visibilidad de los demás —y precisamente desde allí se disfrutaba de las mejores vistas de la pista—. Probablemente algunos, si no la mayoría, estaban tomando fotos.
Hoy en día no hace falta ser influencer para anteponer el registro gráfico de la propia experiencia a la experiencia vivida por los demás.
“No escuchan”, suspiró una acomodadora en un momento dado, como si hablara para sí misma. “Nadie escucha”.
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