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Una industria receta medicamentos para bajar de peso a personas con anorexia y causa daños devastadores

Por Anna Cooban, CNN

Para AJ Jasper, los medicamentos aclamados como milagrosos han resultado ser una verdadera maldición.

En 2024, la tregua que Jasper había conseguido con mucho esfuerzo en su lucha intermitente contra la anorexia desde la infancia se vino abajo, lo que lo llevó a caer en su peor momento hasta entonces. Estaba apenas unas libras por debajo de su peso objetivo, pero un período de estrés lo impulsó a buscar una nueva y revolucionaria clase de medicamentos para bajar de peso.

Jasper contó que completó un formulario en la plataforma de telesalud Hims & Hers, en el que mintió sobre su peso y solicitó una receta de un medicamento GLP-1. Esperaba hablar con un médico y que le hicieran más preguntas.

Sin embargo, unos dos días después, el medicamento llegó a la puerta de su casa.

“Pensé que habría obstáculos”, dijo a CNN desde su apartamento en Chicago.

CNN habló con varios profesionales de la salud y especialistas en trastornos de la conducta alimentaria que informaron de fuertes aumentos en el número de pacientes con anorexia que utilizan medicamentos GLP-1, muchos de los cuales los obtuvieron a través de plataformas de telesalud con una facilidad sorprendente.

Millones de personas en todo el mundo utilizan estos medicamentos para bajar de peso, pero su presencia generalizada ha dificultado que algunas personas con anorexia se recuperen o mantengan su recuperación.

En todo el mundo, aproximadamente 3,9 millones de personas tienen anorexia nerviosa, un trastorno complejo de salud mental y de la conducta alimentaria en el que las personas restringen drásticamente su ingesta de energía para perder peso, según las estimaciones más recientes, de 2023, del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud, con sede en la Universidad de Washington.

Un estudio de 436 adultos con trastornos de la conducta alimentaria, publicado en junio por la Universidad de Louisville y el instituto de investigación RTI International, reveló que poco más del 20% de las personas que actualmente tienen un diagnóstico de anorexia dijeron haber utilizado alguna vez un medicamento GLP-1, una proporción superior al 15% de los adultos estadounidenses que afirman haber utilizado estos medicamentos en algún momento para bajar de peso.

Jasper, de 40 años, ha buscado tratamiento, ha logrado estabilizarse y ha sufrido recaídas varias veces durante los últimos dos años. Ha comprado los medicamentos en distintas plataformas de telesalud, entre ellas Ro, Good Life Meds, MEDVi y Priority Meds, y en ocasiones ha tomado varios simultáneamente para maximizar su efecto.

Solo ha utilizado versiones preparadas mediante formulación magistral que imitan medicamentos de marca, porque son más baratas y vienen en viales en lugar de plumas precargadas, lo que significa que podía administrarse dosis muchas veces superiores a las recomendadas.

Su peor momento llegó en enero, cuando su equipo de tratamiento insistió en que ingresara a un hospital. Un amigo llevó a Jasper, quien estaba postrado en cama y había llegado a un estado de desnutrición y bajo peso tan grave que apenas podía levantar la cabeza y su corazón, hígado y riñones habían comenzado a fallar.

“Estaba completamente debilitado”, dijo.

Durante toda aquella pesadilla, Jasper sabía que podía conseguir fácilmente lo que describe como “heroína para anoréxicos” y perder peso a una velocidad y en una magnitud desconcertantes.

Si una plataforma dificultaba la compra de medicamentos GLP-1 al exigir una consulta por video con un profesional de la salud, simplemente podía recurrir a otra. Si un formulario de solicitud le preguntaba por antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, podía marcar “no”, y un correo electrónico de confirmación, que a menudo llegaba en menos de 24 horas, le informaba que el medicamento ya estaba en camino.

Las normas que regulan las plataformas de telesalud en Estados Unidos son complicadas y varían de un estado a otro.

Todos los estados exigen que un profesional de la salud establezca una relación con el paciente antes de recetarle medicamentos. Esto puede hacerse mediante una videollamada o llamada telefónica en tiempo real, una consulta presencial previa o un método menos inmediato, como un cuestionario. Sin embargo, la mayoría de los estados no permite que este último sea la única base para establecer esa relación, según el Centro de Políticas de Salud Conectada (CCHP, por sus siglas en inglés).

Illinois, donde vive Jasper, exige, por ejemplo, que los optometristas realicen consultas presenciales para establecer una relación con el paciente, pero sus normas son menos explícitas sobre cómo hacerlo en muchas otras especialidades y tipos de recetas, según el CCHP.

Un portavoz de Hims & Hers dijo que la evaluación para detectar trastornos de la conducta alimentaria es una parte obligatoria de su proceso de prescripción y que, al igual que en las consultas presenciales, los profesionales de la salud necesitan que los pacientes sean sinceros sobre sus antecedentes médicos.

“Cualquier respuesta que indique conductas alimentarias alteradas, actuales o pasadas, da lugar a preguntas clínicas adicionales, una revisión más exhaustiva por parte del profesional y, en muchos casos, una remisión a servicios especializados en trastornos de la conducta alimentaria fuera de nuestra plataforma”, dijo el portavoz.

Un portavoz de Ro dijo que la empresa pide a todos los pacientes que completen un formulario inicial que incluye preguntas sobre trastornos de la conducta alimentaria. Los profesionales de la salud utilizan esos datos “para evaluar si el paciente reúne los requisitos para recibir tratamiento y pueden, en cualquier momento, solicitar historiales médicos, exigir una evaluación por video u ordenar análisis de laboratorio para comprender mejor su estado de salud”, dijo el portavoz.

Añadió que a los pacientes con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria se les indica que “busquen atención presencial”.

Ambas plataformas afirmaron que realizan seguimientos periódicos de los pacientes para detectar problemas durante el tratamiento. Jasper dijo que ignoró todos los correos electrónicos de seguimiento.

La plataforma de telesalud RXPros adquirió PriorityMeds a principios de este año. “La seguridad de los pacientes y la supervisión clínica adecuada eran elementos fundamentales de los procesos de PriorityMeds”, dijo a CNN un portavoz de RXPros.

MEDVi y Good Life Meds no respondieron a las solicitudes de comentarios.

Jasper ha logrado enormes avances en su recuperación desde enero. No quiere demonizar medicamentos que sabe que están ayudando a muchas personas a mejorar su salud, ni tampoco quiere que su historia se convierta en otro relato de advertencia. Pero sí quiere que existan más medidas de protección en torno a las plataformas de telesalud.

El Centro de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Princeton antes trataba únicamente los casos más graves de anorexia, que requieren atención las 24 horas. Pero el centro de tratamiento de Nueva Jersey introdujo recientemente un programa que permite a los pacientes regresar a casa por la noche, lo que les ofrece mayor autonomía.

“El uso de medicamentos GLP-1 ya ha sido, en los tres meses que lleva funcionando este programa, un importante factor que ha interferido en el tratamiento de varios pacientes”, dijo su directora, Rebecca Boswell.

Boswell habló de casos en los que médicos que trabajan de manera independiente de las plataformas de telesalud recetaron medicamentos GLP-1 después de una consulta presencial, pese a que el diagnóstico de anorexia ya estaba claramente establecido. Según explicó, los médicos que desconocen las particularidades de esta enfermedad a menudo han coincidido con la creencia de los pacientes de que silenciar sus pensamientos constantes sobre la comida los ayudará.

En otros casos, los pacientes de Boswell han comprado medicamentos GLP-1 a través de plataformas de telesalud sin haber consultado nunca con un médico.

Las plataformas de telesalud tuvieron su primer gran éxito comercial en la década de 2010, cuando vencieron las patentes de Viagra y otros medicamentos para la disfunción eréctil, lo que permitió vender versiones genéricas más baratas.

Tuvieron otro gran éxito a principios de la década de 2020, cuando la enorme demanda de medicamentos GLP-1 fabricados por los gigantes farmacéuticos Eli Lilly y Novo Nordisk provocó una escasez mundial y los reguladores estadounidenses permitieron temporalmente que las empresas de telesalud vendieran versiones preparadas mediante formulación magistral.

La industria en su conjunto ha crecido rápidamente durante la última década y se basa en la demanda de medicamentos para tratar afecciones comunes a los que se puede acceder de manera discreta, como los tratamientos para la caída del cabello y las terapias de reemplazo hormonal. Durante la pandemia, la flexibilización de algunas normas que regulaban la prescripción de medicamentos por internet en Estados Unidos dio un impulso adicional a las empresas.

Pero la oportunidad que representaban los medicamentos GLP-1 “surgió prácticamente de la nada y nadie esperaba realmente que llegara a ser tan grande”, dijo Brian Tanquilut, analista sénior de acciones especializado en el sector de la salud de la firma de inversiones Jefferies.

Algunos modelos de negocio de estas empresas se basan en vender grandes volúmenes de un producto, explicó, por lo que necesitan que el proceso para obtener una receta sea sencillo.

“La prescripción es poco rigurosa”, señaló sobre los medicamentos GLP-1, que el Gobierno estadounidense no clasifica como “sustancias controladas”, es decir, aquellas que conllevan un riesgo de adicción o abuso y, por tanto, están sujetas a regulaciones más estrictas.

“En general, cualquiera que los quiera puede conseguirlos”.

El año pasado, investigadores de Yale pusieron a prueba esa percepción creando un perfil falso con el que intentaron obtener una receta de un medicamento GLP-1 a través de 49 sitios web diferentes.

El estudio, realizado mediante la técnica del “cliente misterioso”, reveló que el 92 % de los sitios web terminaron recetando los medicamentos, solo el 55 % preguntó por antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria y el 33 % exigió una videollamada o llamada telefónica con un profesional de la salud.

En promedio, las recetas se emitieron en el plazo de un día. Dos se emitieron en cinco minutos o menos.

Los investigadores señalaron que los resultados indicaban que algunos sitios web estaban dando prioridad a “las recetas rápidas por encima de la atención integral”.

Los reguladores apenas están comenzando a endurecer las medidas contra la industria desde varios frentes: desde la preparación generalizada de medicamentos mediante formulación magistral y la publicidad engañosa en Estados Unidos, hasta las prácticas de prescripción permisivas y potencialmente inseguras en Australia, Reino Unido e India.

Kerri Fleming, directora de desarrollo de servicios de Beat, una organización benéfica británica dedicada a los trastornos de la conducta alimentaria, dijo que los proveedores de telesalud suelen pedir a los pacientes que suban fotografías para ayudar a verificar su peso.

Señaló que algunas plataformas han introducido un sistema de “fotografía en vivo” para evitar el uso indebido. Según Fleming, algunas personas con anorexia han falsificado su imagen mediante inteligencia artificial o han enviado una fotografía de un amigo o familiar.

“Los profesionales de la salud que trabajan para muchas plataformas de telesalud son muy conscientes de los riesgos y están intentando mejorar continuamente sus prácticas”, dijo. “Es solo que se trata de un panorama en constante cambio que resulta difícil de manejar”.

Kyle Zebley, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Telemedicina (ATA, por sus siglas en inglés), dijo que el riesgo de prescribir medicamentos de manera inadecuada es el mismo tanto en las consultas virtuales como en las presenciales cuando se confía en que los pacientes informen sobre sus propios problemas.

“Un cuestionario que puede manipularse con información falsa representa una falla en la supervisión clínica, no un problema exclusivo de la telesalud”, dijo Zebley en un comunicado.

Añadió que la ATA apoya “la aplicación rigurosa de las normas contra cualquier empresa o profesional de la salud que tome atajos en materia de seguridad de los pacientes”.

Un portavoz de Eli Lilly dijo a CNN que los proveedores de telesalud que recetan sus medicamentos GLP-1, incluidos Mounjaro y Zepbound, operan de manera independiente y que “utilizan su propio criterio clínico al tratar a los pacientes”.

Lilly “no promociona ni fomenta” el uso de sus medicamentos para afecciones para las que no están aprobados, dijo el portavoz.

Mette Kruse Danielsen, directora de Comunicaciones de Novo Nordisk, fabricante de Ozempic y Wegovy, dijo que la seguridad de los pacientes es una “prioridad fundamental” para la empresa y que sus productos “no están aprobados para el tratamiento de trastornos de la conducta alimentaria”.

La anorexia tiene una de las tasas de mortalidad más altas entre los trastornos psiquiátricos, y los profesionales de la salud dijeron a CNN que el uso frecuente de medicamentos GLP-1 entre los pacientes, así como la presencia generalizada de estos fármacos en la cultura, están cambiando los enfoques de tratamiento.

Estos medicamentos “forman parte de todas las conversaciones” que Tom Hildebrandt mantiene con pacientes con anorexia en su clínica de la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en Nueva York. Muchos de ellos dicen sentirse rodeados de familiares y amigos que toman estos medicamentos.

A uno de sus pacientes, contó, le ofrecieron un medicamento GLP-1 en una fiesta.

Algunos pacientes buscan medicamentos GLP-1 para silenciar sus “pensamientos constantes sobre la comida”, dijo Hildebrandt. Y aunque están surgiendo pruebas de que estos medicamentos podrían ser un tratamiento eficaz para algunas personas con trastorno por atracón o bulimia, todos los profesionales de la salud entrevistados por CNN coincidieron en rechazar cualquier supuesto beneficio terapéutico para la anorexia.

Cuando el cuerpo está privado de alimento, el cerebro genera un ciclo incesante y a menudo angustiante de pensamientos sobre la comida, una respuesta adaptativa diseñada para priorizar la recuperación nutricional que los profesionales de la salud intentan aprovechar en lugar de suprimir.

Jasper, en Chicago, comprende el riesgo de silenciar esas señales de hambre. Se describió a sí mismo como una “calculadora andante” durante los períodos en los que luchaba contra la anorexia antes de tomar medicamentos GLP-1, cuando llevaba un registro constante de las calorías que consumía y quemaba. Pero dijo que los medicamentos lo convirtieron en un “zombi”. Las obsesiones, los miedos e incluso las pesadillas relacionadas con la comida desaparecieron, pero también perdió la capacidad de comprender la gravedad de su enfermedad.

“(Ni siquiera podía) comprender plenamente que me estaba muriendo. (…) Con el medicamento, nunca pude darme cuenta de lo desnutrido que estaba porque no pensaba en la comida en absoluto”, dijo.

Jasper creó una petición con la que espera llamar la atención de los legisladores y pedir que se introduzcan nuevas medidas de protección en la prescripción de medicamentos por internet.

“Esto es el Lejano Oeste, donde no hay reglas”, dijo Jasper.

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Si tú o alguien que conoces está lidiando con un trastorno de la conducta alimentaria, hay ayuda disponible. En Estados Unidos, llama gratuitamente a la línea de ayuda de la Alianza Nacional para los Trastornos de la Conducta Alimentaria al 1-866-662-1235. Puedes encontrar una lista de directorios internacionales en eatingdisorderhope.com

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