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Los mayores ganadores y perdedores de las elecciones intermedias de 2026

Análisis de Aaron Blake, CNN

Los resultados de las elecciones intermedias de 2026 siguen llegando. Pero el panorama general de lo que acaba de ocurrir ya es evidente: una victoria demócrata histórica y un revés histórico para la presidencia de Donald Trump, que ahora entra en una etapa de menor capacidad de maniobra política.

Acá hay un vistazo a algunos de los grandes ganadores y perdedores que explican lo ocurrido.

El poder político de la población negra: antes del martes, solo tres personas negras habían sido elegidas para gobernar un estado. El próximo año, habrá cinco en esos cargos al mismo tiempo. Esto se debe a las victorias del gobernador electo republicano de Florida, Byron Donalds; el gobernador electo demócrata de Wisconsin, David Crowley; el gobernador electo demócrata de Nevada, Aaron Ford; y la gobernadora electa demócrata de Georgia, Keisha Lance Bottoms, quien será la primera mujer negra en ocupar una gobernación. Además, los demócratas ganaron en el sur gracias, en gran medida, a un aumento de la participación de los votantes negros. Y si un demócrata negro —Scott Colom— logra derrotar a la senadora republicana de Mississippi, Cindy Hyde-Smith, en un estado donde Trump ganó por 23 puntos y con una larga historia de problemas raciales, será quizás el mensaje más contundente de todos.

La izquierda religiosa: dos de los demócratas que más superaron las expectativas el martes fueron el senador electo de Kansas, Adam Hamilton, quien es pastor, y el senador electo de Texas, James Talarico, cuyo discurso recuerda al de un pastor de jóvenes y quien citó con frecuencia su fe durante la campaña. Cabe esperar que los demócratas empiecen hoy mismo a buscar más candidatos como ellos.

Jon Ossoff, por partida doble: ganó la reelección al Senado con un impresionante margen de 18 puntos en un estado de tendencia electoral incierta, lo que consolida su rápido ascenso como figura nacional. Además, la victoria de Lance Bottoms significa que puede aspirar a la presidencia en 2028 sin preocuparse por un gran obstáculo: un gobernador que lo reemplazaría con un republicano.

James Talarico: es cierto que se enfrentó a un rival con importantes debilidades, el fiscal general de Texas, Ken Paxton. Pero prácticamente nadie anticipaba que ganaría por un margen de dos dígitos. Actualmente, lleva una ventaja de 12 puntos en un estado donde los demócratas no ganaban una elección de alcance estatal desde 1994.

Gina Hinojosa: pero no hay que pasar por alto a la otra gran ganadora demócrata en una contienda estatal en Texas: la gobernadora electa Hinojosa. Atrajo a votantes de todos los sectores y de todos los rincones del estado, y derrotó a Greg Abbott, un gobernador republicano con tres mandatos cuya posible derrota nadie contemplaba al inicio de la contienda.

Annie Andrews: también cabe esperar que reciba mucha atención la senadora electa de Carolina del Sur. La pediatra se benefició de los problemas de la senadora republicana designada Darline Graham, pero las encuestas previas a las elecciones mostraban que Andrews gozaba de buena aceptación por méritos propios. Hizo una campaña muy sólida.

Las aspiraciones presidenciales de los demócratas: no solo salen fortalecidos Ossoff, el gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, y otros posibles aspirantes para 2028, sino que los demócratas demostraron que pueden competir en muchos lugares. Si logran que Texas sea competitivo —algo que está lejos de ser seguro—, cambiarían por completo los cálculos del Colegio Electoral a su favor. Además, los resultados del martes sugieren que la coalición de Trump, cuya participación ya sabíamos que disminuía cuando él no figuraba en la boleta, se está desmoronando.

El poder demócrata en los estados: aún esperamos algunos resultados clave, pero los demócratas han obtenido el control total de al menos seis gobiernos estatales, según Daniel Nichanian, de la revista Bolts. El Partido Republicano se ha beneficiado durante mucho tiempo de su mayor control en los estados.

El ala progresista de la Corte Suprema: la magnitud de la mayoría demócrata en el Senado hace que la posibilidad de que los republicanos confirmen a un juez conservador para reemplazar a Samuel Alito o a Clarence Thomas parezca bastante lejana; posiblemente hasta principios de la década de 2030, según sostuvo el gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, a última hora del martes.

Ron DeSantis: de acuerdo, no se trata solo de él. Pero lo ocurrido el martes ofrece un argumento para que el Partido Republicano busque a su candidato presidencial de 2028 fuera del Gobierno de Trump, más allá del vicepresidente, J. D. Vance, y del secretario de Estado, Marco Rubio. Florida fue uno de los pocos estados donde los republicanos lograron algunas victorias clave, y DeSantis se ha distanciado últimamente del enfoque político de Trump. También hay que seguir de cerca al gobernador saliente de Georgia, Brian Kemp, quien está aún menos vinculado al trumpismo. La publicación de Vance en X este miércoles, en la que culpó a la guerra con Irán de las derrotas republicanas, sugiere que él también ve la necesidad de distanciarse.

Los abogados de Washington: la actitud permisiva del Gobierno de Trump frente a la ética y el enriquecimiento personal ha dado a los demócratas numerosos posibles objetivos de investigación. El próximo presidente demócrata de la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, el representante Robert Garcia, de California, lo resumió a última hora del martes: “Busquen abogados”. Y algunos integrantes del Gobierno ya lo habían hecho.

Donald Trump: es evidente, pero resulta difícil exagerar la magnitud del rechazo personal al presidente que representan estas elecciones. Trump no solo sufrió una derrota devastadora que reduce su capacidad de maniobra política, sino que hizo que la campaña republicana girara abrumadoramente en torno a él. Asumió toda la responsabilidad por la economía con sus aranceles y por la guerra con Irán, de maneras que claramente le resultaron contraproducentes. Intervino en las primarias republicanas de formas que produjeron una lista de candidatos con menos posibilidades de ganar, una repetición de lo ocurrido en 2018 que sugiere que no aprendió la lección. Además, su conducta en la recta final de la campaña fue francamente extraña: desestimó las preocupaciones sobre el costo de vida y se centró con frecuencia en asuntos sumamente impopulares, como el estanque reflectante del Monumento a Lincoln, a menos de 24 horas de la jornada electoral. No hay buenas señales sobre lo que les espera al Partido Republicano y a Trump durante los próximos dos años, pero los republicanos siguen teniendo miedo de culparlo.

J. D. Vance: Trump se ha convertido en una pesada carga para él. Puede intentar distanciarse de Trump en asuntos como la guerra con Irán e Israel, algo que claramente comenzó a hacer este miércoles, pero será extremadamente difícil. Al fin y al cabo, Trump no querrá que su vicepresidente socave constantemente sus políticas y las iniciativas que considera parte de su legado, como la guerra con Irán. Y Trump no suele asumir voluntariamente las críticas para ayudar a otros miembros de su partido.

Elon Musk: gastó cientos de millones de dólares en apoyar al Partido Republicano, buena parte de ellos específicamente en uno de los mayores fracasos del partido: la contienda por el Senado en Texas. De hecho, al igual que en la elección de 2025 para la Corte Suprema de Wisconsin, su participación pareció dar a los demócratas una figura contra la cual hacer campaña: una versión republicana de George Soros. Además, Musk trasladó Tesla a Texas en los últimos años, y ahora el estado está gobernado por demócratas.

Los aranceles: este fue el pecado original de Trump y del Partido Republicano. Los votantes parecían abiertos a la idea, pero no está claro si realmente sabían qué eran los aranceles. Luego, Trump los aplicó de manera extraña y errática, con constantes cambios, suspensiones y restablecimientos. Un estudio reciente de la Reserva Federal de Nueva York concluyó que el costo general de los bienes de consumo habría disminuido en 2025 sin sus aranceles. Los republicanos del Congreso deben lamentar no haber hecho valer su autoridad o, al menos, no haber intentado con mayor insistencia disuadir a Trump.

Mike Johnson: el presidente republicano de la Cámara de Representantes afirmó durante semanas que las encuestas estaban equivocadas y, de manera bastante risible, que los republicanos iban a “desafiar a la historia” al conservar su mayoría. O hablaba por hablar o tenía información política pésima. Y ahora ni siquiera intentará seguir al frente de los republicanos de la Cámara: no se postulará para líder de la minoría, aunque quizá esté deseando dejar uno de los cargos más ingratos de Washington.

Los republicanos que negaban la validez de las encuestas: Johnson no fue el único. Muchos republicanos predijeron con confianza que las encuestas incluían una proporción insuficiente de partidarios de Trump. Al final, las encuestas subestimaron a los demócratas, a menudo por márgenes significativos.

La manipulación republicana de los distritos electorales: el mapa diseñado por los republicanos en Carolina del Norte no solo resultó contraproducente —el partido está en camino de perder o va por detrás en 10 de los 14 escaños—, sino que podría no ganar ninguno de los cinco escaños que rediseñó a su favor en Texas ni los cuatro que rediseñó en Florida. Parece que toda la descarada ofensiva republicana para modificar los distritos a mitad de década le reportó prácticamente nada, al menos en estas elecciones. Además, el nuevo control demócrata en muchos estados significa que el partido podría rediseñar sus propios mapas antes de las elecciones de 2028, gracias al precedente que los republicanos acaban de sentar.

Las anteriores elecciones con victorias arrolladoras: lo sentimos, 2010 y 2006. Disculpas, 1994. Las elecciones de 2026 parecen haber establecido un nuevo referente de derrota política aplastante en unos comicios intermedios desde la época posterior al Watergate. Los demócratas parecen haber ganado el voto popular por unos 13 puntos, lo que sería el mayor margen para cualquier partido desde 1976, según The Economist.

Darline Graham: parece casi cruel incluirla aquí, porque nunca pareció haber buscado realmente esta situación tras la muerte de su hermano. Y ciertamente se podría culpar a Trump por la extraña decisión de impulsarla al cargo. Pero la senadora designada resultó ser una candidata desastrosa: los votantes afirmaron de manera abrumadora que no tenía las cualificaciones necesarias para ser senadora. Es una advertencia para cualquiera que se sienta obligado a lanzarse al agitado mundo de la política nacional.

Roger Marshall: puede resultar difícil identificar a los candidatos verdaderamente malos cuando los votantes estaban, en general, tan en contra del Partido Republicano. Pero Marshall ocupa sin duda uno de los primeros lugares de esa lista. Su recaudación de fondos fue escasa y no pareció contar con una verdadera estructura de campaña hasta que fue demasiado tarde. Además, según se informó, actuó por su cuenta al final de la campaña al grabar un video en el que explicaba sus gestiones para cobrar las deudas de sus pacientes. Al final, perdió por unos 5 puntos en un estado donde Trump había ganado por 16.

Ken Paxton: el resultado de Paxton fue aún peor. Está perdiendo por 12 puntos en un estado donde Trump ganó por 14: un cambio de 26 puntos.

Haley Stevens: la decisión tardía de la congresista demócrata de Michigan de retirar su respaldo a su antiguo rival en las primarias, Abdul El-Sayed, y apoyar al exrepresentante republicano Mike Rogers en la contienda por el Senado no parece haber marcado ninguna diferencia, a juzgar por la victoria de El-Sayed por siete puntos. Lo único que parece haber logrado es arruinar cualquier posibilidad de que Stevens continúe su carrera en la política demócrata.

Las tácticas de campaña realmente deplorables: el desagradable y polémico anuncio de Vivek Ramaswamy en el que aparecía la madre de la demócrata Amy Acton no funcionó: obtuvo peores resultados que cualquier otro republicano que compitiera por un cargo de alcance estatal en Ohio. Los insultos del Partido Republicano contra Andrews relacionados con las personas transgénero y los intentos de insinuar que James Talarico era gay y vegano parecieron no servir de nada: ambos estuvieron entre los demócratas que más superaron las expectativas. La situación es algo menos clara en Alaska, donde la exrepresentante demócrata Mary Peltola aún podría ganar después de que The New York Times informara que su campaña reclutó a un candidato señuelo llamado Dan Sullivan. El recuento de esos votos todavía llevará tiempo. En la política abundan las tácticas de campaña sucias, pero ¿quizá a los votantes no les gustan las que son tan evidentes y desesperadas? Como mínimo, estas maniobras no parecieron ayudar.

Los demócratas que ceden el paso a los independientes: la derrota por seis puntos del independiente Dan Osborn frente al senador republicano de Nebraska, Pete Ricketts, sugiere que los demócratas obtuvieron pocos beneficios de su estrategia de permitir que candidatos independientes compitieran sin rivales demócratas en estados de fuerte tendencia republicana. Los independientes también perdieron por más de 20 puntos en situaciones similares en Idaho y Dakota del Sur. Y en Montana, al no conseguir que la candidata demócrata se retirara, ella y el independiente se repartieron aproximadamente la mitad de los votos. Los resultados del martes sugieren que a los demócratas podría convenirles presentar candidatos moderados que se ajusten a esos estados.

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