Cuatro cosas a seguir en el discurso sobre el Estado de la Unión de Trump
Por Kevin Liptak, CNN
Mucho ha cambiado desde que el presidente Donald Trump se dirigió al Congreso hace un año. Pero en un aspecto, al menos, su discurso sobre el Estado de la Unión de este martes por la noche parece que será similar al que dio durante su última visita al recinto de la Cámara de Representantes.
“Va a ser un discurso largo”, dijo, tras haber pronunciado el discurso ante una sesión conjunta más largo de la historia el pasado marzo. “Tenemos mucho de qué hablar”.
Después de un año de agitación política y de caída en su popularidad, Trump ciertamente tendrá mucho que abordar cuando suba al estrado este martes a las 9 p.m., hora del este. Tradicionalmente, el Estado de la Unión —una enumeración tanto de logros como de propuestas de políticas— suele contar con la mayor audiencia televisiva del año para un presidente.
Para Trump, que aparece en distintos espacios de televisión varias veces por semana, el desafío será ir más allá de los autoelogios, los agravios y las promesas vagas que suelen caracterizar sus discursos habituales. En el pasado, ha llegado a este discurso con al menos algunas sorpresas, ya sea contenidas en sus palabras o en forma de invitados sentados en las galerías.
Estas son cuatro cosas a seguir en el discurso de Trump:
Trump entrará al recinto de la Cámara de Representantes este martes buscando desafiar las expectativas históricas: como suele decir con frecuencia, los partidos de los presidentes en funciones suelen sufrir reveses en las elecciones intermedias.
Y los republicanos esperan que su discurso funcione como punto de partida del mensaje de campaña para una temporada electoral que bien podría depender de la propia posición de Trump entre los votantes estadounidenses.
Durante una sesión privada de estrategia política realizada la semana pasada entre altos funcionarios del Gobierno de Trump, encuestadores y estrategas plantearon un punto —quizás nada sorprendente—: los temas económicos marcarán las elecciones de noviembre y enfocarse en ellos es imperativo. En una encuesta de CNN realizada antes del discurso, el 57 % de los estadounidenses señaló que la economía y el costo de vida eran el tema más importante de cara al mensaje del martes.
Trump, sin embargo, suele tener otros planes. Incluso los discursos centrados, en apariencia, en la economía terminan desviándose hacia otros temas, incluida su ofensiva migratoria y viejos agravios contra personas que desaprueba.
Cuando habla de la economía, suele hacerlo para elogiar su fortaleza relativa, un enfoque que algunos asesores republicanos temen que minimice las preocupaciones económicas de los estadounidenses.
El discurso del martes estará cuidadosamente estructurado con referencias a iniciativas para reducir costos, incluidas la baja en los precios de los medicamentos recetados y los recortes de impuestos. Pero muchos estadounidenses siguen diciendo que la economía no está funcionando, lo que supone una prueba para Trump al momento de reconocer que aún hay trabajo por hacer.
Cuatro días antes del discurso sobre el Estado de la Unión, la Corte Suprema asestó un golpe a uno de los pilares de su agenda: los aranceles unilaterales que ha utilizado como herramienta de presión en el mundo, tanto en comercio como en su política exterior más amplia.
Trump insiste en que aún tiene alternativas. Ya anunció que aplicaría un arancel global del 15 % utilizando otra facultad —distinta, pero no probada—. Aun así, la decisión representó un golpe, que provocó una fuerte molestia en Trump incluso días después y casi con certeza obligó a hacer algunos cambios en el discurso que planeaba pronunciar.
Uno de los principales problemas para Trump derivados del fallo del tribunal fue la lista de políticas que, según ha afirmado, se financiarían con esos aranceles. Entre ellas figuran un rescate de US$ 12.000 millones para agricultores anunciado el año pasado y cheques de reembolso por US$ 2.000 para los estadounidenses, cuyo calendario nunca fue anunciado.
Cómo Trump abordará los aparentes incumplimientos de sus promesas pasadas sigue siendo una incógnita.
Tradicionalmente, al menos un puñado de jueces de la Corte Suprema asiste al discurso sobre el Estado de la Unión, a menudo sentados cerca de la parte frontal del recinto. Tras la decisión del viernes, Trump arremetió contra quienes fallaron en su contra, en particular contra los dos jueces conservadores que él mismo designó, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett.
Si optan por asistir, podría provocar otra diatriba del presidente.
El amplio despliegue militar en torno a Irán, y las amenazas de guerra de Trump contra ese país, constituirán un telón de fondo tenso para el discurso del martes. Aunque el presidente ha insinuado que busca un cambio de régimen y ha insistido en que Irán no obtenga un arma nuclear, aún no ha explicado al pueblo estadounidense qué podría justificar un conflicto prolongado.
Parece poco probable que utilice el Estado de la Unión para exponer ese argumento. Sus asesores han planificado un discurso centrado fundamentalmente en asuntos internos. Y, en la encuesta de CNN, solo el 2 % de los consultados dijo que quería escuchar al presidente hablar de política exterior en su mensaje, el porcentaje más bajo entre todos los temas.
Aun así, los rumores de guerra han generado preguntas sobre qué facultades invocaría el presidente para lanzar un nuevo ataque contra líderes o instalaciones iraníes. No ha hecho ningún intento formal por obtener el respaldo del Congreso, que tiene la autoridad constitucional para declarar la guerra.
Es quizás más probable que Trump recuerde la misión del año pasado en la que atacó instalaciones nucleares iraníes, algo de lo que se jacta con frecuencia cuando enumera los logros de su primer año desde el regreso al poder.
Sin embargo, eso podría abrir interrogantes sobre acciones pendientes respecto a Irán. Aunque Trump afirma que las instalaciones nucleares fueron “totalmente obliteradas”, ahora sugiere que podrían ser necesarios más ataques para impedir que Teherán obtenga un arma nuclear.
Tras una respuesta caótica y desarticulada al discurso del año pasado —que incluyó la expulsión del representante Al Green del recinto mientras agitaba su bastón—, los demócratas esperan mostrarse este año más unidos en su oposición al mensaje de Trump.
La respuesta oficial del partido estará a cargo de la gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, cuyo discurso desde Colonial Williamsburg probablemente abordará la protección de la democracia estadounidense, cuando el país se acerca a su 250º aniversario.
Spanberger, quien llegó a la gobernación el año pasado tras una victoria por 15 puntos, ofreció lo que muchos demócratas esperan que sea un anticipo de una temporada electoral exitosa. Dijo que abordará “el aumento de los costos, el caos en sus comunidades y un temor real sobre lo que cada día podría traer”.
Pero la tarea figura entre las más ingratas de la política. Muchos, en ambos partidos, que han sido seleccionados para ofrecer la respuesta oficial terminan, en el mejor de los casos, olvidados y, en el peor, ridiculizados tras el discurso.
Algunos demócratas en el Congreso planean ausentarse por completo del mensaje de Trump y optar en su lugar por asistir a distintos actos y concentraciones de protesta.
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