La guerra en Medio Oriente expone los límites del poder del Kremlin
Análisis por Zahra Ullah, CNN
Rusia ha expresado su preocupación y condena tras el reciente estallido del conflicto que involucra a Irán, uno de sus aliados clave, pero hasta el momento se ha mantenido prácticamente al margen.
El Kremlin declaró el lunes que está en “contacto constante” con los líderes iraníes, aunque Moscú no aclaró a quiénes se refiere tras la muerte del líder supremo de Teherán en los ataques aéreos.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, declaró a la prensa que “son días difíciles”, refiriéndose a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y añadió que Moscú también mantiene contactos con los líderes de los países afectados por el conflicto, incluidos los estados del golfo Pérsico.
Al preguntársele si el Kremlin está consultando a los países BRICS (el grupo de economías emergentes respaldado por China y Rusia del que Irán es miembro), Peskov afirmó que la pertenencia al BRICS no obliga a los miembros a prestarse asistencia mutua durante una agresión armada, lo que subraya el límite de la amistad de Moscú.
“Es una organización de naturaleza diferente e implica cooperación en otras áreas”, afirmó Peskov.
Irán y Rusia firmaron un tratado de 20 años en enero de 2025 para fortalecer su alianza económica, militar y política. Sin embargo, no llegó a ser un pacto de defensa mutua que obligara a Moscú a ayudar a Teherán en caso de agresión militar. Los límites del poder de Moscú también quedaron en evidencia tras los ataques israelíes-estadounidenses contra Irán en junio de 2025, cuando Moscú ofreció una condena retórica, pero no intervino ni ofreció apoyo militar.
En sus primeras declaraciones oficiales el domingo, el presidente Vladimir Putin calificó la muerte del líder supremo iraní de “asesinato cínico” que violaba “todas las normas de la moral humana y el derecho internacional”. Pero estas palabras fuertes son solo eso: palabras.
El líder supremo se une ahora a una creciente lista de socios a los que Moscú no ha podido proteger. El Kremlin no pudo impedir que Estados Unidos capturara al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una incursión de tropas estadounidenses en enero, y su antiguo aliado sirio, Bashar al-Assad, fue derrocado por fuerzas rebeldes en diciembre de 2024.
Estos episodios refuerzan la creciente percepción entre muchos observadores de que las alianzas del Kremlin son cada vez más simbólicas que estratégicas.
Es evidente que Moscú culpa a Estados Unidos e Israel del reciente estallido de hostilidades en Medio Oriente. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso calificó el sábado la campaña militar de “curso peligroso” con el objetivo de un cambio de régimen.
Pero con el Kremlin sumido en una larga y agotadora guerra en Ucrania y cada vez más limitado económica y militarmente, el papel de Moscú en el creciente conflicto de Medio Oriente podría limitarse a la retórica.
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