Mientras Trump elogia a los negociadores iraníes como “razonables”, existen dudas sobre la capacidad de decisión que tienen
Por Kevin Liptak, Jennifer Hansler y Kylie Atwood, CNN
Mientras los enviados del presidente Donald Trump se preparan para un nuevo intento diplomático con Irán, una pregunta fundamental planea sobre sus esfuerzos: ¿tienen los funcionarios con los que se comunican la influencia necesaria para llegar a un acuerdo?
Según miembros del Gobierno estadounidense y de los países del Golfo, no está del todo claro para los funcionarios de Trump si las figuras del régimen que reciben sus mensajes —que han sido transmitidos por Pakistán y Turquía— tienen la autoridad final para aprobar cualquier acuerdo de paz, y mucho menos para implementarlo.
Hasta el momento, Trump parece dispuesto a poner a prueba el poder relativo de sus nuevos interlocutores iraníes, a quienes nadie en la administración está dispuesto a identificar públicamente.
A pesar de que Teherán ha calificado la propuesta estadounidense de 15 puntos para poner fin a la guerra de “poco realista” y mientras Trump acumula tropas en la región, el presidente afirma que las conversaciones van bien y ha presentado a los nuevos negociadores como “más razonables”.
Sin embargo, aún no está claro si este intercambio indirecto, que podría derivar en conversaciones presenciales, impulsará a Irán a hacer concesiones que no estaba dispuesto a hacer antes de la guerra.
Algunos miembros del régimen iraní desconfían de Estados Unidos después de que rondas diplomáticas anteriores se vieran frustradas por ataques estadounidenses, según una fuente cercana a la situación.
Y ahora, con la mayor parte del régimen derrotada, existe incertidumbre sobre quién tomará la decisión final sobre cualquier acuerdo para poner fin a la guerra.
“Nadie puede asegurar hoy que quienquiera que se presente en Islamabad tendrá el poder para el régimen iraní”, declaró una fuente regional, refiriéndose a la capital paquistaní, que se rumorea que podría ser el lugar donde se celebren eventualmente conversaciones presenciales entre Estados Unidos e Irán.
Según fuentes estadounidenses y regionales, la administración Trump ha estado intercambiando mensajes indirectamente con el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, y con el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf.
Los funcionarios consideran a este último como la persona —posiblemente la única— que podría tener influencia sobre el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei.
Sin embargo, la administración sigue buscando un amplio abanico de funcionarios con quienes hablar, dada la incertidumbre sobre quién toma las decisiones en el régimen iraní, según informaron cuatro fuentes regionales.
Cuando el alto funcionario de seguridad iraní Ali Larijani murió en un ataque aéreo israelí hace aproximadamente dos semanas, surgieron aún más interrogantes sobre quién estaba al mando. Funcionarios regionales y estadounidenses consideraban a Larijani, quien formaba parte del equipo negociador iraní, como alguien del círculo íntimo y alguien que podía dialogar de manera confiable en nombre de los responsables de la toma de decisiones del régimen, quienesquiera que fueran.
Las altas esferas del Gobierno islámico de Irán se han visto tan mermadas que incluso las segundas opciones para muchos cargos fueron eliminadas como parte de la guerra conjunta entre Estados Unidos e Israel que comenzó hace un mes.
“El primer régimen fue diezmado, destruido, todos están muertos. El siguiente régimen está prácticamente muerto”, afirmó Trump el domingo por la noche a bordo del Air Force One. Ahora, según el presidente, Irán ha pasado a un “tercer régimen” con el que funcionarios estadounidenses están negociando indirectamente, refiriéndose a ellos como “un grupo de personas totalmente distinto”.
La situación se complica aún más por el paradero desconocido de Mojtaba Jamenei.
Altos funcionarios estadounidenses han declarado públicamente que creen que está herido o incluso muerto, aunque las autoridades iraníes insisten en que está vivo y al mando.
No se le ha visto ni oído desde que fue elevado a líder supremo tras la muerte de su padre, y solo se comunica mediante declaraciones escritas.
“Nadie lo ha visto. Nadie ha sabido nada de él”, declaró el secretario de Estado Marco Rubio en Al Jazeera el lunes. Añadió que la estructura del régimen iraní es “muy opaca en estos momentos. No está del todo claro cómo se toman las decisiones”.
Los mediadores de Pakistán y Turquía también están teniendo dificultades para comunicarse con los funcionarios iraníes, ya que a menudo están lejos de sus teléfonos o dispositivos durante largos períodos, resguardados para evitar ser eliminados.
“No es fácil obtener una respuesta de ese país en poco tiempo, por lo que hay que conceder más tiempo como requisito previo para el diálogo posterior”, comentó una fuente familiarizada con los esfuerzos en curso.
Estos problemas de comunicación no han hecho sino agravar las dudas entre los funcionarios estadounidenses sobre quién ostenta la verdadera autoridad en Teherán. Aun así, fuentes internas de la administración insisten en que las negociaciones son reales, aunque preliminares, y que Trump mantiene la esperanza de alcanzar un acuerdo.
“Al final, tenemos que ver si estas personas terminan al mando y si tienen el poder para cumplir con lo prometido. Vamos a ponerlo a prueba”, indicó Rubio en una entrevista aparte con ABC News, y agregó que Estados Unidos debe estar preparado para la “probabilidad” de que quienes estén al mando no sean más razonables que los líderes del régimen antes del conflicto.
Según personas familiarizadas con las conversaciones, el secretario de Estado transmitió a sus homólogos en una reunión del G7 celebrada en Francia la semana pasada algunas de las reflexiones del Gobierno sobre las conversaciones con Irán, incluida la incertidumbre en torno a los responsables de la toma de decisiones.
Hasta el momento, ambas partes se toman en serio las conversaciones en privado, aunque una reunión presencial no parece probable esta semana, según informaron funcionarios estadounidenses y regionales.
Los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, han liderado los esfuerzos diplomáticos estadounidenses, y el vicepresidente J.D. Vance podría representar a Estados Unidos en posibles conversaciones si estas se concretan, indicaron funcionarios.
Sin embargo, persiste una profunda desconfianza en algunos sectores del régimen iraní respecto a la buena fe con la que Estados Unidos negocia, dado lo sucedido antes del inicio del conflicto: una serie de reuniones que parecían arrojar resultados positivos, solo para que Trump aprobara una ronda masiva de ataques aéreos.
Según una persona familiarizada con la situación, un sector de figuras del régimen sigue oponiéndose a las negociaciones, dada la historia previa.
Este grupo no quiere volver a ser engañado por Trump, sobre todo ahora que envía tropas estadounidenses adicionales a la región y profiere amenazas contra la infraestructura civil de Irán.
La Casa Blanca restó importancia el lunes a la respuesta pesimista de Irán a su propuesta de 15 puntos, que el Ministerio de Relaciones Exteriores calificó de “poco realista, ilógica y excesiva”.
“Lo que se dice públicamente es, por supuesto, muy diferente de lo que se nos comunica en privado”, declaró la secretaria de prensa Karoline Leavitt a los periodistas. Añadió posteriormente que “estas personas se muestran más razonables en privado, en estas conversaciones, que quizás algunos de los líderes anteriores, que ya no están entre nosotros”.
Algunos actores regionales creen que la decisión de Irán de autorizar un mayor número de buques para transitar por el estrecho de Ormuz es una señal de que Teherán quiere establecer las condiciones para el diálogo, aunque no haya respondido a la propuesta completa de Estados Unidos.
El control absoluto de esta vía marítima estratégica ha provocado un fuerte aumento en los precios del petróleo.
Pero incluso si ambas partes se involucran más activamente en las negociaciones próximamente, las fuentes regionales prevén que aún falta mucho para alcanzar un acuerdo general.
“Sea quien sea el que se presente, ya sea de alto o bajo nivel, no esperamos que estos problemas se resuelvan en unas pocas semanas”, añadió la fuente regional. “El proceso diplomático es bastante complejo y llevará mucho tiempo”.
Según una fuente, las partes interesadas están barajando algunas propuestas que se centran exclusivamente en el paso seguro por el estrecho, sin abordar el conflicto bélico en su conjunto.
La expectativa es que cualquier posible acuerdo en ese frente sea independiente de un acuerdo general entre Estados Unidos e Irán, añadió la fuente, describiendo dicho plan como una medida a corto plazo para fomentar la confianza.
Mientras Trump presiona para lograr un acuerdo, su operación militar ha continuado a buen ritmo.
La Casa Blanca informó el lunes que habían alcanzado 11.000 objetivos durante la guerra y que habían hundido 150 buques de guerra.
Según las primeras estimaciones del Gobierno, se preveía que la guerra duraría entre cuatro y seis semanas, lo que significa que ahora se ha abierto la ventana de oportunidad para ponerle fin. Leavitt reiteró ese calendario previsto el lunes.
Sin embargo, Irán continúa lanzando misiles y drones contra sus vecinos y manteniendo el estrecho de Ormuz bajo un férreo control. Además, retiene cerca de 1.000 kilogramos de uranio altamente enriquecido, que se cree que están enterrados a gran profundidad.
Si bien la Casa Blanca insiste en que el régimen está cada vez más dispuesto a llegar a un acuerdo, otros en la región perciben una realidad diferente.
“Quieren tomarse su tiempo”, declaró la fuente regional, calificando la capacidad de Irán para bloquear el estrecho como “un factor importante” en sus cálculos.
Y a pesar de las operaciones militares en curso, el régimen iraní sigue siendo muy ideológico y, por lo tanto, es poco probable que ceda fácilmente.
“Estás tratando con gente diez veces peor que Hamas”, indicó esa fuente.
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