Skip to Content

El crédito privado está preocupando a Wall Street. Así es como podría afectar a todos los demás

Análisis de Allison Morrow, CNN

Además de todo lo demás que está golpeando a los consumidores en este momento —precios de la gasolina en alza, facturas del supermercado disparadas, un mercado laboral incierto—, hay un comodín que acecha en un rincón sombrío de las finanzas corporativas y que podría sumar aún más dolor.

El comodín es el crédito privado, un término paraguas para el ecosistema de endeudamiento y préstamo que opera fuera de la banca tradicional.

Últimamente, inversionistas nerviosos en crédito privado han estado pidiendo que se les devuelva su dinero, y sus inquietudes se han extendido rápidamente al resto de Wall Street. ¿Se volvieron un poco perezosos los prestamistas privados, tentados por ganancias cada vez más abultadas, a la hora de evaluar a los prestatarios? ¿Podría la adopción de la inteligencia artificial hundir a empresas de software más pequeñas que dependen en gran medida de préstamos privados y provocar una ola de impagos?

Es prácticamente imposible responder a esas preguntas porque a) el mercado, como su nombre sugiere, no es público, y b) la disrupción generalizada de la IA en el software, si no en cada faceta de la sociedad, sigue siendo especulativa.

Pero la cuestión del crédito privado suele presentarse como una de extremos: o bien es un episodio de ansiedad exagerado, o un apocalipsis financiero inminente. Eso puede ser un debate académico divertido para los locos de las finanzas. Sin embargo, para los consumidores normales, el resultado no tiene por qué ser apocalíptico para causar dolor.

Tanto si crees que el crédito privado es bueno como malo (más sobre ese debate en un momento), es innegable que ahora es una parte mucho más grande del andamiaje financiero de lo que era incluso hace una década.

Después de la crisis de 2008, los bancos se volvieron más estrictos a la hora de prestar, y las pequeñas y medianas empresas que no cumplían los estándares más altos tuvieron que buscar financiamiento en otra parte. Entra el crédito privado, en aquel momento con solo unas pocas firmas especializadas, para cubrir el vacío.

Avancemos hasta 2026, y el crédito privado ya es un salvavidas para las pequeñas y medianas empresas, en lugar de ser solo un último recurso, en parte porque los préstamos suelen ser flexibles y adaptados a necesidades empresariales específicas. A nivel mundial, los activos bajo gestión del crédito privado se han disparado a más de diez veces desde 2007. Moody’s espera que el crédito privado aproximadamente se duplique en términos de activos bajo gestión, hasta US$ 4 billones, para 2030.

Si los engranajes del crédito privado se ralentizan, muchas de esas empresas podrían perder acceso a préstamos que les permiten expandir sus operaciones o, en algunos casos, evitar que su negocio quiebre.

¿Eso por sí solo hundiría la economía estadounidense de US$ 30 billones? Probablemente no: aunque el número de empresas que recurren a líneas de crédito privado ha crecido sustancialmente, sigue siendo una porción relativamente pequeña del pastel. Las empresas estadounidenses que recibieron inversiones de crédito privado emplearon directamente a unos 811.000 trabajadores en 2024, según un estudio del sector.

Pero una restricción del crédito solo amplificaría los diversos otros shocks con los que los líderes empresariales están lidiando ahora, como el costo del combustible en alza, la incertidumbre sobre el futuro de los aranceles y una inflación persistente.

“Las señales de estrés que estamos viendo son una fuente de preocupación” para el consumidor típico, me dijo Itay Goldstein, profesor de finanzas en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania. “Un escenario en el que se verán afectados es si hay un colapso de instituciones financieras, y eso ciertamente es una preocupación muy, muy grande. Pero menos crédito para las empresas medianas también es una fuente de preocupación, porque están empleando a personas”.

Al igual que el debate sobre la IA, la conversación sobre el crédito privado tiene agoreros y optimistas.

Los agoreros señalan las similitudes entre ahora y el período previo a la crisis financiera de 2008, como unos estándares de suscripción aparentemente laxos y la rápida proliferación de instrumentos de deuda en gran medida no regulados, absurdamente complejos, diseñados para exprimir valor de la nada. Después del punto álgido de la pandemia de covid-19, cuando los mercados estaban rebosantes y las tasas de interés cerca de cero, los prestamistas quizá estuvieron un poco demasiado dispuestos a conceder préstamos a empresas que ahora están teniendo dificultades.

Los alcistas dicen que los temores son exagerados: los impagos de los prestatarios siguen siendo bajos, y las recientes medidas de las firmas para “poner compuertas” o restringir los retiros de los inversionistas son una práctica estándar en un mercado ilíquido para evitar el equivalente a una corrida bancaria. Y aun si el éxodo de capital de los últimos meses fuera una señal de problemas más profundos, el mercado sigue siendo demasiado pequeño —el crédito privado está valorado en alrededor de US$ 2 billones, mientras que el mercado público estadounidense de bonos corporativos se sitúa en alrededor de US$ 13 billones— como para justificar comparaciones con el desastre de las hipotecas subprime de los años 2000.

Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, dio a esa visión alcista un impulso sorpresivo la semana pasada, al escribir en su carta anual a los accionistas que “el crédito privado probablemente no presenta un riesgo sistémico”. (Esa fue una evaluación más optimista que su reflexión del otoño pasado, cuando dijo que probablemente había más “cucarachas” acechando en el crédito privado después de que dos incumplimientos muy sonados despertaran preocupaciones sobre los estándares de préstamo).

Reiteró su confianza esta semana, diciendo a los analistas que “no le preocupa particularmente” la exposición de US$ 50.000 millones de JPMorgan al crédito privado.

Y el Fondo Monetario Internacional también dijo esta semana que la turbulencia en titanes del crédito privado como Blue Owl Capital, Ares Management y Blackstone parece ser limitada, con potencial de un “impacto sistémico contenido”.

Por supuesto, los agoreros podrían replicar aquí que eso es casi exactamente lo que Ben Bernanke, el expresidente de la Reserva Federal, le dijo al Congreso en la primavera de 2007, cuando testificó que los problemas en el mercado subprime parecían “probablemente estar contenidos”. (Voz de narrador: no lo estaban).

Incluso Dimon, pese a su confianza, cree que una contracción del crédito “ocurrirá algún día”. Y cuando ocurra, las pérdidas en el crédito privado podrían ser mayores porque la industria “no tiende a tener gran transparencia ni ‘marcas’ de valoración rigurosas de sus préstamos”, dijo, refiriéndose a las estimaciones de los fondos privados sobre el valor de mercado de sus activos. (Estimaciones que, por supuesto, no son públicas, así que los externos simplemente tienen que creerle a los gestores de los fondos.)

La participación del crédito privado en el financiamiento total de la economía estadounidense ha crecido, y cuando ese crecimiento se desacelera o se detiene, las pequeñas empresas con pocas opciones quedan asfixiadas.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN-Spanish

Jump to comments ↓

Author Profile Photo

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

KIFI Local News 8 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.