Keiko Fujimori apuesta por un cuarto intento de llegar a la presidencia de Perú. ¿Logrará su meta?
Por Claudia Rebaza, CNN en Español
Ciudad de Miami, 9 de diciembre de 1994: con solo 19 años, Keiko Fujimori participó en la foto oficial de la primera Cumbre de las Américas, junto a mandatarios latinoamericanos y sus anfitriones, el entonces presidente de EE.UU. Bill Clinton y su esposa y primera dama, Hilary.
Vestida de negro, tímida y nerviosa frente a las cámaras del brazo de su padre, el entonces presidente Alberto Fujimori, la joven debutó de esta manera en un evento internacional como primera dama del Perú.
“He estado 31 años bajo el ojo público”, aseguró Fujimori hace unas semanas con una sonrisa, recordando esa época durante una entrevista para un medio local.
Keiko asumió el papel de primera dama luego de que su madre, la difunta Susana Higuchi, se separara de su padre tras denunciar públicamente corrupción en su Gobierno con el manejo de donaciones internacionales. Este rol marcó el inicio de su vida política hasta convertirla en la heredera del fujimorismo y persistente candidata a la presidencia.
Este domingo, a sus 51 años, la hija mayor del fallecido expresidente de Perú intentará por cuarta vez llegar al sillón presidencial en segunda vuelta, pese a tres derrotas consecutivas: en 2011, frente a Ollanta Humala, en 2016, frente a Pedro Pablo Kuczynski, y en 2021, frente al izquierdista Pedro Castillo, este último caso por una diferencia de aproximadamente 44.000 votos.
Esta vez podría estar mejor posicionada para ganar, con una ligera ventaja pronosticada por algunas encuestadoras.
Mientras los peruanos viven en un constante estado de crisis política e institucional que ha resultado en ocho presidentes en los últimos diez años, exacerbado por escándalos de corrupción y una creciente criminalidad e inseguridad, Fujimori insiste que ofrece la mejor alternativa para devolver la seguridad a los peruanos y rescatar al país.
“Necesitamos orden, orden para vivir, orden para invertir, orden para trabajar”, reiteró la candidata conservadora durante el debate presidencial frente al candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez.
“Yo sé que esta elección no es acerca de mí, sino del tipo de gobierno y el rumbo que queremos para los próximos cinco años. O queremos el caos y el desorden, o recuperamos el orden y trabajamos por el futuro de nuestro país”, agregó Fujimori.
La heredera del fujimorismo se convirtió en congresista en el 2000, fundó Fuerza Popular y pasó 13 meses en prisión al ser investigada por corrupción y presuntamente haber recibido dinero de la empresa constructora Odebrecht para financiar sus campañas presidenciales, algo que ella ha rechazado reiteradamente. En enero de 2025, una corte declaró nulo el proceso en su contra. Fujimori asegura que vivió diez años de persecución política.
Luego de la dramática segunda vuelta frente al expresidente Pedro Castillo en 2021, con acusaciones que incluyeron denuncias de irregularidades en la votación, Keiko ha tenido que admitir errores en su trayectoria política al tratar de convencer al electorado.
“Sé que a lo largo de mi vida política he cometido errores. De ellos aprendí, pero me levanté además con mucha más fuerza”, aseguró, dirigiéndose a los peruanos al finalizar el último debate presidencial.
Durante esta campaña, la candidata de derecha ha tratado de proyectar una imagen más reservada, calmada y con posiciones menos extremistas. “Es verdad que fuimos confrontacionales y eso lo hemos corregido”, aseguró en una entrevista.
“Ha hecho un esfuerzo más calculado para sacarse de encima esa imagen de una persona que solamente estaba tratando de luchar contra el comunismo y todo lo demás, que fue un error fundamental en el 2021, porque ella encuadró su campaña entre la lucha contra el comunismo o la defensa de la democracia”, explicó a CNN Julio Carrión, profesor de ciencia política y relaciones internacionales de la Universidad de Delaware y experto en política peruana, refiriéndose a la segunda vuelta del 2021 frente al izquierdista Castillo.
Luego de la primera vuelta del 2026, Fujimori no se sumó inmediatamente a las acusaciones de un supuesto fraude en la votación impulsadas por el candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, como algunos esperaban.
El complejo legado de Alberto Fujimori ha dividido al Perú por décadas y activado el voto antifujimorista durante los previos intentos de su heredera, en los que se la vio como una continuación de un régimen autoritario y riesgoso para instituciones democráticas independientes.
Fujimori padre fue presidente entre el 1990 y 2000. Su Gobierno sacó al país del borde del colapso económico y derrotó a los grupos terroristas Sendero Luminoso y MRTA, en un conflicto interno que dejó más de 60.000 muertos de acuerdo con una comisión de verdad y reconciliación.
Pero su régimen estuvo plagado de denuncias de violaciones de derechos humanos y corrupción, por las que fue condenado décadas después. Enfrentó cuatro procesos judiciales y uno de ellos ordenó una sentencia de 25 años de cárcel en 2009, por los delitos de homicidio calificado y lesiones por los casos de Barrios Altos y La Cantuta. El expresidente murió en el 2024 luego de varias batallas legales y controversia pública para lograr su indulto debido a su estado de salud.
Con el lema “Keiko no va”, colectivos ciudadanos, estudiantes y organizaciones de derechos humanos marcharon en el centro de Lima el pasado sábado rechazando su candidatura.
Pero el voto antifujimorista no se muestra hasta ahora tan significativo en las nuevas generaciones, sobre todo aquellos que vinieron luego de que el expresidente fuera removido del poder en el año 2000, resalta Carrión.
Otro factor que podría beneficiar a Fujimori esta vez es que su oponente, Roberto Sánchez, ha tratado de identificarse con la imagen que Castillo proyectó – incluyendo su famoso sombrero- pero parece no haberlo logrado. “No tiene el atractivo identitario, no tiene la imagen de candidato novedoso y de candidato del pueblo que Castillo tenía en 2021”, explicó Carrión.
Pero, para sus críticos, gane o pierda Fujimori comparte una responsabilidad y peso por la inestabilidad política y corrupción que ha vivido el país en los últimos años.
Como líder de Fuerza Popular, el partido con mayoría en el actual Congreso, Fujimori es acusada de gobernar el país a través de su bancada, mermando la autonomía del ejecutivo, interfiriendo en instituciones independientes, promoviendo leyes que protegen ciertos intereses como las denominadas leyes pro-crimen, provocando la vacancia de previos presidentes o protegiendo a otros. Un informe de Human Rights Watch (HRW) encontró que los parlamentarios, “en lugar de fortalecer las instituciones públicas”, debilitaron el marco jurídico e independencia de jueces y fiscales, facilitando la expansión del crimen organizado. Según HRW, la mayoría de los congresistas han estado dominados por “intereses personales y la búsqueda del beneficio propio”.
“Su partido y ella están asociados a lo que ha pasado en el Perú en los últimos tres o cuatro años, desde Dina Boluarte hasta ahora. Entonces eso es un peso que tiene que cargar”, dijo Carrión. “El problema de Roberto Sánchez es que no ha podido a articular este punto más débil de Keiko Fujimori porque él ha sido miembro del Congreso, porque su partido en algunos casos votó con el partido fujimorista a favor de algunas leyes, no siempre, pero en algunos casos”.
Este peso y responsabilidad, que también cargaron otros candidatos durante este proceso electoral, provocó el rechazo y hartazgo del electorado y se reflejó en los resultados de la primera vuelta, donde ningún candidato de una larga lista de 35 obtuvo más de un 20% de los votos.
A unos días de la segunda vuelta y con el voto obligatorio en el país, muchos peruanos aún están indecisos, mientras que otros aseguran que optarán por quien consideran “el mal menor” y algunos han llamado a viciar el voto, según los últimos sondeos.
Quienes se han decidido por apoyar a Keiko en su cuarto intento aseguran que esta vez está mejor preparada y posicionada para convocar a un equipo de Gobierno que reestablezca la confianza de los inversores que el país necesita.
“La señora Fujimori, con la que uno puede tener dudas o también discrepancias, se ha comprometido a respetar la Constitución, se ha comprometido a gobernar el plazo que la ley manda, propone una economía de mercado, convocar a la inversión privada, respetar las libertades y se ha comprometido a atender una agenda, una enorme agenda social y una deuda social que está absolutamente pendiente en el Perú”, dijo a CNN Rafael Belaúnde, excandidato presidencial en la primera vuelta con el movimiento Libertad Popular.
Belaúnde asegura que decidió respaldar a la líder de Fuerza Popular y unirse su equipo técnico luego de observar a una Fujimori más sólida que hace cinco años y frente lo que llama “el peligro que representa Sánchez para la economía y su efecto en las futuras generaciones”.
Así, entre apoyos, críticas y un escenario caldeado en Perú, Keiko Fujimori intenta quizá por última vez el retorno del fujimorismo al sillón presidencial.
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