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“Una incómoda reunión familiar”: Trump y los líderes del G7 se reúnen en Francia en medio de divergencias geopolíticas

Por Kevin Liptak y Alayna Treene, CNN

Durante semanas, el presidente de EE.UU., Donald Trump, y sus asesores han mirado con recelo hacia la cumbre del G7, que se celebrará esta semana en Francia.

Mientras la guerra en Medio Oriente estaba estancada en un peligroso limbo entre el alto el fuego y el conflicto abierto, Trump se aproximaba a llegar al balneario de Évian-les-Bains sin un acuerdo y bajo el escrutinio de algunas de las personas más poderosas del mundo.

En cambio, Trump aterrizará el lunes ansioso por presumir el acuerdo que anunció durante el fin de semana, el cual parece poner fin a las hostilidades con Irán por ahora y, según el presidente, reabrir el estrecho de Ormuz.

Trump quería llegar a la cumbre de las principales naciones industrializadas en una posición de fortaleza y con un acuerdo en mano, según declararon fuentes cercanas. Y tras meses de conflicto y negociaciones que generaron un enorme escepticismo entre los demás líderes del G7, lo conseguió. De todos modos, aún hay importantes interrogantes sobre los detalles del acuerdo y el grado de cumplimiento por parte de cada bando.

Ya se preveía que la guerra con Irán dominaría las conversaciones de esta semana entre los líderes, quienes se vieron obligados a afrontar el aumento de los precios de la energía como consecuencia del prolongado cierre del estrecho de Ormuz. En los últimos meses, Trump arremetió contra casi todos ellos por su reticencia a colaborar en la vigilancia de esta vía marítima clave, lo que generó un ambiente incómodo en la reunión de esta semana.

Antes de la cumbre, funcionarios de cuatro de los países del G7 afirmaron que la forma de avanzar en Medio Oriente, incluso con un acuerdo en vigor, sin duda daría pie a intensas discusiones a puerta cerrada en el Belle Époque Hôtel Royal de Évian.

Trump planea presionar a los líderes para que ayuden en el estrecho ahora que se ha alcanzado un acuerdo, según informaron fuentes oficiales. Francia y Gran Bretaña han manifestado que formarían una coalición para ayudar a reabrir la vía marítima una vez finalizado el conflicto, lo que incluye la remoción de las minas colocadas por Irán durante la guerra.

El martes, los líderes de tres estados árabes —Egipto, Qatar y Emiratos Árabes Unidos— también participarán en conversaciones, invitados por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, para abordar los espinosos problemas que afectan a su región. Trump también se reunirá con ellos individualmente.

Macron también invitó al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, a asistir para intentar persuadir al G7 de que acordara apoyar a Kyiv y la necesidad de negociar el fin de la guerra de Rusia, que ya lleva cinco años. Trump dedicó gran parte de su primer año de regreso al cargo a intentar, sin éxito, mediar en un acuerdo entre Zelensky y el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Sin embargo, rara vez habla de ese conflicto, ya que Irán acapara toda su atención, y los funcionarios europeos están ansiosos por saber si Trump está dispuesto a ejercer mayor presión sobre Putin.

Los asesores de Trump indicaron que los temas centrales de sus conversaciones en la cumbre de esta semana serían los debates sobre la coordinación en el estrecho de Ormuz, el crecimiento económico, la resiliencia de las cadenas de suministro, la inmigración legal y la inteligencia artificial. Funcionarios de otros Gobiernos del G7 describieron agendas similares, pero agregaron a China, la crisis del ébola en África y la seguridad digital como posibles puntos de conversación.

Un funcionario estadounidense afirmó que Trump planeaba “replantear” los debates sobre desarrollo en la cumbre para centrarse en las asociaciones de inversión que beneficiarían tanto a los países receptores como a los que aportan los fondos.

Los funcionarios estadounidenses han sido francos al afirmar que el presidente no se acerca a la cumbre con ningún objetivo en particular en mente, y la administración no espera que surjan grandes anuncios ni resultados concretos.

“En realidad, todo es solo una gran sesión de fotos”, dijo un alto funcionario de la Casa Blanca. “No es que allí se logren grandes cosas. Se trata más bien de las reuniones que vienen después”.

El funcionario afirmó que la cumbre podría sentar las bases para conversaciones y acuerdos más sustanciales en el futuro. Algunos funcionarios europeos también señalaron que consideraban la reunión como un preludio de otra cumbre importante —la de los líderes de la OTAN, en Turquía, a principios de julio— que muchos de ellos prevén que podría resultar polémica.

Trump nunca ha sido un gran aficionado a asistir a las cumbres del G7. Durante su primer mandato, cuestionaba constantemente a sus asesores sobre la necesidad de su presencia y se preguntaba qué se podría lograr sin la presencia de países como Rusia y China.

Y de hecho, todas las cumbres a las que ha asistido han salido mal de alguna manera.

Interrumpió abruptamente su participación en dos cumbres en Canadá: una durante su primer mandato, en los bosques del norte de Quebec, y otra el año pasado, en Alberta. Al asistir a su primera cumbre del G7, en 2017, en la costa rocosa de Sicilia, parecía sentir que sus colegas líderes se confabulaban contra él para intentar convencerlo de que permaneciera en el acuerdo climático de París (algunos asesores creían que la presión lo obligó a retirarse del acuerdo más rápidamente de lo que lo habría hecho de otro modo).

La última vez que Macron organizó la cumbre, en 2019, una cena bajo el faro de Biarritz se tornó tensa cuando Trump exigió la readmisión de Rusia en la alianza tras su expulsión a raíz de la anexión de Crimea por parte de Moscú en 2014. Mientras degustaban atún vasco, los demás líderes mostraron escaso apoyo a la idea.

Cinco años y una invasión rusa a gran escala de Ucrania después, Trump inauguró la cumbre del G7 del año pasado con la misma exigencia.

Max Bergmann, director del Programa para Europa del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, comparó la cumbre con una “incómoda reunión familiar… donde tienes que ir a casa de tus suegros y hay un tío que no te cae muy bien”.

“Nadie quiere enfrentarse a alguien, aunque a veces las cosas se tornen pasivo-agresivas”, dijo Bergmann. “Pero siempre existe la posibilidad de que la situación se descontrole y se vuelva bastante dramática”.

Al planificar la cumbre de este año, los funcionarios franceses se aseguraron, ante todo, de que Trump cumpliera con su compromiso tras haber acortado su estancia en Kananaskis, Canadá, el año pasado. En el caso de Évian, los franceses no quisieron correr riesgos. Las fechas de la reunión se modificaron unos días para que Trump pudiera celebrar una pelea de la UFC en la Casa Blanca el día de su cumpleaños.

Y Macron, que ha mantenido una relación ambivalente con Trump durante casi una década, invitó al líder estadounidense a una cena en el suntuoso Palacio de Versalles, a las afueras de París, el miércoles por la noche, al concluir la cumbre.

Las expectativas de obtener resultados concretos son tan bajas que los organizadores afirman que no habrá un comunicado conjunto firmado por todos los líderes, como solía ser habitual en las reuniones del G7. En cambio, los líderes tienen previsto respaldar una serie de declaraciones ad hoc sobre temas como los minerales críticos, la salud y la protección de las infancias en internet.

Esto demuestra la escasa convergencia entre Trump y los demás líderes del G7 en los asuntos geopolíticos más acuciantes. Si bien se abordarán temas como Irán y la guerra en Ucrania, las conclusiones se reflejarán en un comunicado de la presidencia francesa. Canadá adoptó la misma solución antes de la cumbre del G7 del año pasado.

A pesar de las evidentes discrepancias, los anfitriones franceses de este año insistieron en que la reunión ya constituía una victoria incluso antes de comenzar, estableciendo una distinción temprana entre los dos conjuntos de temas que se iban a debatir.

“Para nosotros, esta cumbre de Évian ya es un éxito, en el sentido de que tenemos dos categorías de temas que abordar: cuestiones sustantivas, que son de naturaleza eminentemente estructural y configuran la agenda internacional, y acontecimientos y crisis actuales, que, por definición, requieren mayor flexibilidad y no pueden preverse por completo”, declaró un funcionario de la presidencia francesa. “En lo que respecta a las cuestiones sustantivas, esta cumbre del G7 ya es un éxito”.

Mientras tanto, la localidad costera de Évian se ha transformado en una auténtica fortaleza. La fuerte presencia policial y militar ha contribuido a la sensación de asedio que experimentan muchos de los habitantes de la ciudad balneario.

“Tenemos mucha gente que viene en coche a comprar el pan”, dijo Delphine, que regenta una panadería en el pueblo.

“Comprar pan no es esencial, y para cruzar los controles de carretera se necesita una razón esencial. Sinceramente, no creo que vaya a ser muy agradable. Dicho esto, solo están ahí para hacer su trabajo. No se puede recibir a siete presidentes tan importantes sin seguridad, pero es una situación muy inusual”.

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Con información de Elina Baudier Kim, Melissa Bell, Paula Newton y Sebastian Shukla, de CNN.

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