“Un momento, hoy no hay partido…”: Para muchos aficionados, cuando termina el Mundial, comienza el bajón emocional
Por Maria Santana, CNN en Español
Durante más de un mes, la vida giró alrededor de los horarios de los partidos.
Se reorganizaron calendarios. Se movieron reuniones. Las horas de almuerzo se alargaron sospechosamente. Los chats de grupo no descansaban, llenos de memes, análisis tácticos y pronósticos que quedaban desmentidos apenas unos minutos después.
Para millones de aficionados en todo el mundo, el Mundial dejó de ser solo un torneo. Se convirtió en parte de la rutina.
“Sales del trabajo todos los días y piensas: ‘Bueno, son las 4:00 de la tarde, es hora del partido’”, contó Shreesh Byreddy mientras celebraba la victoria de España sobre Argentina durante la fiesta para ver la final en Central Park, Nueva York.
Pero, de repente, sonó el silbatazo final y el Mundial llegó a su fin.
Ya no había motivo para revisar el calendario de partidos mientras tomabas el café de la mañana. Ni para usar la camiseta de la selección en el trabajo. Ni para abrazar a un desconocido en un bar después de un gol de tu equipo. Ni decisiones arbitrales capaces de arruinarte toda la tarde.
“Los días van a ser aburridos”, dijo entre risas Amir, otro aficionado de España. “Nos acostumbramos tanto a ver todos los partidos”.
Amir está lejos de ser el único que se siente así.
El torneo más importante del mundo viene acompañado de algo que muchos conocen muy bien: el llamado “bajón del aficionado”. Los expertos en salud mental aseguran que es la reacción natural después de semanas de intensidad, tensión y emociones vividas por decisión propia.
Desde hace años, los psicólogos deportivos han observado que los grandes eventos crean poderosos hábitos tanto emocionales como sociales. Los aficionados invierten tiempo, identidad y expectativas en cada partido. Ya sea que su selección haya levantado el trofeo o haya quedado eliminada de la forma más dolorosa, perder de un día para otro esa rutina diaria puede hacer que muchos se sientan, inesperadamente, un poco desorientados.
“Definitivamente, hay como una especie de depresión”, dijo Byreddy. “Te pasas un mes entero yendo a partidos, comprando camisetas, discutiendo cuál será el próximo juego y saliendo a los bares. Y de repente el Mundial se acaba, y hasta te cuesta encontrar una razón para salir”.
Puede sonar exagerado o incluso, como muchos aficionados reconocen entre risas, un poco irracional. Tu casa sigue en pie. Tu familia está bien. Sigues teniendo trabajo —a menos que ese mes entero de “trabajo remoto” durante los partidos de la tarde haya despertado alguna sospecha en la oficina—. Y, aun así, sientes que falta algo.
Durante semanas, el Mundial les dio a millones de personas algo cada vez más difícil de encontrar en un mundo tan dividido: una experiencia compartida día tras día.
Países enteros celebraron y sufrieron al mismo tiempo. Las familias se reunieron. Viejas amistades se reencontraron. Incluso compañeros de trabajo que casi nunca hablaban terminaron debatiendo sobre alineaciones, tarjetas rojas y decisiones arbitrales.
“No hay nada que una más a la gente que el fútbol”, dijo Tashfique Tanim mientras los aficionados abandonaban poco a poco el Central Park. “Cuando todo termina, lo único que queda es volver a ver los mejores momentos y recordar todo lo que se vivió durante el Mundial”.
Y eso es precisamente lo que hace que el silencio después del último partido resulte tan extraño.
La alegría, la frustración, la angustia, el alivio y hasta las pequeñas crisis existenciales provocadas por un penal fallado pasan a formar parte de la rutina. Y, de un día para otro, todo vuelve a la normalidad.
Una normalidad que, desafortunadamente, tiene menos emociones, menos razones para abrazar a un desconocido en un bar y casi ninguna excusa aceptable para lanzar una bebida al aire en plena celebración.
“Te dejas llevar tanto por toda la emoción que sientes que nunca va a terminar”, dijo Glenn Viola, un apasionado aficionado al fútbol. “Pero un día despiertas y piensas: ‘Un momento, hoy no hay partido’. Y entonces caes en cuenta de que faltan otros cuatro años para el próximo Mundial. Sí, eso cuesta”.
La buena noticia es que esa sensación suele ser pasajera.
Los expertos en salud mental aseguran que una de las mejores formas de superar el bajón post-Mundial es conservar aquello que hizo tan especial el torneo: seguir reuniéndose con los amigos, mantener vivo el chat del grupo y encontrar algo nuevo que genere ilusión.
Con el tiempo, las camisetas volverán al clóset, las conversaciones tomarán otro rumbo y un nuevo gran evento deportivo acaparará la atención.
Así que, si hoy abriste el teléfono y sentiste un pequeño vacío al darte cuenta de que ya no había ningún partido por ver, no eres el único.
En este momento, millones de personas se hacen la misma pregunta: “¿Y ahora qué?”.
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