Vendía postres en la secundaria. Ahora dirige una panadería mexicano-japonesa que conquistó las redes
Por Karen Esquivel, CNN en Español
A los 19 años, Laura Molinar hizo realidad su sueño de tener una panadería propia, después de años de esfuerzo y sacrificio. La joven mexicoamericana horneaba y vendía pan desde la adolescencia; hoy, su negocio —que fusiona las tradiciones panaderas de México y Japón— ha conquistado a clientes en Texas y en las redes sociales.
Su historia, ligada a la de Pan Pan Bakery & Cafe, celebra sus raíces hispanas y demuestra que el orgullo por la cultura propia puede ayudar a transformar un sueño en realidad.
Al terminar sus clases de secundaria, Laura se dedicaba a hornear pan dulce y preparar postres para venderlos donde fuera posible: en la esquina de una gasolinera o frente a alguna casa. No importaba si hacía calor o llovía.
“Yo vendía mis postres también los fines de semana. Mientras mis amigos salían a festejar, de fiesta o a pasar el tiempo juntos, yo vendía lo que hacía porque lo que quería era abrir una panadería algún día”, cuenta en entrevista con CNN.
Fue una etapa de muchos sacrificios. Entre los 15 y los 20 años, cuando la mayoría de los adolescentes busca actividades de ocio con amigos o familiares, Laura tenía muy claro que quería hacer realidad su sueño.
“Incluso puedo recordar ocasiones en las que estaba despierta toda la noche, a veces no dormía porque viernes, sábado y domingo solo horneaba, preparaba, lavaba trastes. Era mucho sacrificio para mi cuerpo”, relata la joven, que ahora tiene 22 años.
Finalmente, el esfuerzo valió la pena. Desde hace más de tres años dirige Pan Pan —palabra que significa lo mismo en español y en japonés—, un establecimiento que ofrece bebidas y panes auténticos y emplea a 40 personas.
Laura es hija de inmigrantes mexicanos. Sus padres, Raúl y Laura, nacieron en Chihuahua, en el norte de México, y sus historias de vida, dice, han sido su mayor inspiración para cumplir sus sueños.
Su madre tuvo una infancia difícil. Llegó a Estados Unidos cuando tenía un año, enfrentó carencias económicas y alimentarias, comenzó a trabajar a los 13 años y sufrió abuso doméstico.
Años después conoció a Raúl, quien llegó al país a los 14 años, sin pertenencias y sin hablar inglés. Trabajó en todo tipo de restaurantes para ganarse la vida y, por las noches, sacrificaba horas de sueño con la esperanza de hacer realidad su deseo de ser locutor.
“Él se quedaba despierto y trabajaba gratis en una radio station —resalta—, hacía radio y hablaba y hablaba para tener experiencia, aunque fuera trabajando gratis, era su pasión y lo logró y estoy muy orgullosa de él. Es mi inspiración”.
Añade que su padre le dio un consejo: hacer primero lo que le gustaba y apasionaba, y pensar después en el dinero.
“Esa es su historia, es lo que se puede decir el american dream. Entonces estoy muy orgullosa de ellos, pasaron tiempos muy difíciles, pero nunca lo usaron para no trabajar y me han dado una vida hermosa”, indica.
Su familia, además, la ha acompañado en cada paso del camino. Cuando abrió Pan Pan, su madre se levantaba todos los días a las 4 de la mañana para ayudarla, hasta que Laura encontró una panadera. Una de sus hermanas, por su parte, atendía a los clientes. Actualmente, dos de sus hermanas, un hermano y su madre trabajan en el negocio.
Desde niña, Laura veía a su abuela preparar galletas y otros alimentos y le preguntaba cómo lo hacía. Sin embargo, su abuela improvisaba sus propias recetas y no le daba muchos detalles. Laura decidió entonces aprender por su cuenta y desarrollar un estilo propio.
Creció bajo la influencia de la cultura japonesa debido al gusto de su padre por ella. A los 17 años viajó con su familia a Japón, una experiencia que fue su principal inspiración para recrear el shio pan —pan salado— y el shokupan —pan de leche japonés—, dos de los panes más populares de Japón, conocidos por sus texturas suaves.
Entre los productos que se venden en Pan Pan hay conchas de vainilla, chocolate y matcha; marranitos —un pan dulce tradicional mexicano con forma de cerdito y sabor a piloncillo y canela—; shio pan de Nutella; daneses de fresas con crema, y galletas de distintos sabores, incluido el matcha.
La oferta salada incluye trenzas de jamón y queso, pan de tocino y birria pan, una preparación que combina el shio pan con un relleno de birria tradicional mexicana. Entre las bebidas, la estrella de la casa es el matcha, que se ofrece combinado con sabores como horchata, mango o coco. El menú también incluye café de origen mexicano, chocolate caliente y chai.
“Lo que nos distingue también es el amor. Nos aseguramos de que todo está hecho con amor, que cada pan dulce, cada bebida que está en el menú tomó horas de prepararse, tomamos el tiempo y el dinero de nuestros clientes muy en serio”, dice Laura Molinar.
Vestida con un chaleco con forma de concha, Laura explica que, para ella y su equipo, los clientes son como una familia que los apoya y disfruta de lo que hacen. El establecimiento está ubicado en Dalworthington Gardens, Texas, un estado que alberga a 5,7 millones de personas nacidas en el extranjero —alrededor del 18 % de su población—, según cifras del Censo de Estados Unidos.
En Pan Pan no solo se combinan el pan y las bebidas, sino también elementos de ambas culturas. Hay charolas y pinzas para elegir las piezas —como en las panaderías tradicionales de México—, cerámica artesanal mexicana y cojines con forma de concha o marranito. La influencia japonesa aparece en un inodoro típico del país asiático, tazones para preparar matcha, dulces japoneses y una colección personal de figuras Sonny Angel.
En agosto de 2025, se viralizó un video en el que Laura muestra parte de su negocio, explica la idea que lo inspira y presenta la mezcla de las culturas mexicana y japonesa presente en cada rincón de Pan Pan.
Nunca imaginó que llegaría a tanta gente y mucho menos que marcaría el futuro de la panadería. En el establecimiento se formaron largas filas de personas que esperaban probar los panes y las bebidas que aparecían en aquel contenido, que ha acumulado casi 20 millones de reproducciones.
“Me da mucha alegría, yo no lo esperaba. Cuando subí ese video le dije a mi hermana: ‘vamos a hacerlo nomás para que la gente vea, vamos a hablar de la fusión en el negocio y de las cosas japonesas y mexicanas, pero lo vamos a hacer divertido’, pero no esperaba que tanta gente lo viera”, recuerda.
Agrega que se siente honrada de que las personas lo hayan recibido con tanta emoción, quieran tomarse una fotografía con ella o le digan que conocieron Pan Pan gracias a ese video.
Con esa idea siempre presente, Laura planea conservar la calidad del pan dulce que ofrece. También le gustaría llevar su propuesta gastronómica a otras partes del país.
“Me gustaría abrir muchos más locales para que todos puedan probar Pan Pan”, concluye.
De aquellas tardes en las que vendía postres al salir de la escuela, Laura convirtió el sacrificio de su familia y el orgullo por sus raíces en el ingrediente principal de su proyecto. Su historia es también un mensaje para otros jóvenes: los sueños pueden comenzar con una receta, muchas horas sin dormir y la determinación de no rendirse.
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