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Perú no irá a la cumbre de Trump, pero cada vez hace más equilibrio entre China y EE.UU.

Por Claudia Rebaza, CNN en Español

Perú no estará entre los países representados en la cumbre entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y América latina, destinada, entre otras cosas, a contener la influencia china en la región. Pero el país está en el centro de la batalla geopolítica entre EE.UU. y China por la región y se encuentra en una posición única entre ambas potencias económicas.

Por un lado, China es ya el principal socio comercial de Perú, tras desplazar a Estados Unidos, y ambos países han forjado una importante alianza económica y de cooperación en las últimas décadas, basada en lazos históricos y culturales.

Por el otro, Washington ha sido un aliado tradicional, pero con otras prioridades en los últimos años. La administración del presidente Trump busca, sin embargo, un acercamiento para expandir sus intereses económicos y de seguridad en la región como parte de la “doctrina Donroe” y para contener la inversión de China.

En ese escenario, Trump recibirá en Miami a un grupo de líderes de América Latina y el Caribe para una cumbre de alto nivel este sábado, en la primera reunión regional desde que regresó a la Casa Blanca hace más de un año.

El gobierno peruano fue invitado cuando José Jerí era aún presidente. Pero Perú no figuraba en la lista de asistentes enunciada el miércoles por la secretaria de Prensa de EE.UU., Karoline Leavitt, y el canciller de Perú, Hugo de Zela, dijo que el nuevo presidente, José Balcázar, estaba enfocado en la emergencia nacional ocasionada por las lluvias que afectan el país.

Sin embargo, en medio de una inestabilidad política sin precedentes, Perú se enfrenta a la creciente necesidad de hilar muy fino para mantener un delicado acto de equilibrio con ambos aliados, un reto que afecta también a sus vecinos regionales.

En Perú, ese desafío es particularmente urgente, con advertencias que llegaron desde Washington en las últimas semanas. A través de la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, EE.UU. advirtió, hace unas semanas, sobre una posible amenaza a la soberanía de Perú luego de un fallo legal a favor de la empresa estatal china Cosco Shipping Ports que opera el puerto de Chancay. El embajador de Estados Unidos en Lima, Bernie Navarro, dijo: “Todo tiene un precio, y (a) la larga lo barato sale caro. No hay precio más alto que perder soberanía”.

Fue una declaración que causó más que sorpresa en el país sudamericano.

En una entrevista con un medio local, el embajador Navarro describió a Perú como “clave” en el acercamiento de su gobierno a Sudamérica: “Por la estabilidad de la región, los minerales críticos y nuestro vínculo en la seguridad”.

En los últimos meses, funcionarios peruanos y enviados estadounidenses escenificaron ese acercamiento con apretones de mano y sonrisas frente a las cámaras durante múltiples encuentros diplomáticos. Y enfatizaron el deseo de cooperación en seguridad, lucha contra el crimen organizado, entre otros temas, seguido de algunos anuncios importantes por ambos países.

Se espera también una visita del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, en los próximos meses para conmemorar los 200 años de relaciones diplomáticas.

Esas escenas de acercamiento fueron varias. El gobierno peruano firmó un memorándum de entendimiento sobre cooperación en minerales críticos y tierras raras con Estados Unidos en la reunión ministerial convocada por Washington.

Por su lado, una delegación de congresistas estadounidenses estuvo en Lima a fines de enero enfatizando su interés. Diez de los sesenta minerales críticos buscados por la administración Trump están en Perú. Asegurar su comercio y cadenas de suministro serían clave para la autonomía energética.

A mediados de enero, además, Perú fue designado aliado principal de Estados Unidos no miembro de la OTAN. La condición de “país confiable” le permitirá obtener mayores facilidades en cooperación militar, integrarse a ejercicios militares conjuntos y la posibilidad de compra de equipos a un mejor precio, según el canciller Hugo de Zela.

También en enero, Estados Unidos anunció un acuerdo de US$ 1.500 millones entre ambos países para la construcción, compra de equipos y modernización de la base naval del Callao, la más importante del país. La base tiene una ubicación clave, al norte de la capital junto al puerto comercial del Callao en la costa del Pacifico.

El anuncio, a través de la Agencia de Cooperación de Seguridad de Defensa, fue tomado como una decisión de Washington de buscar contrapesos a la inversión china en infraestructura portuaria en Chancay, a aproximadamente 80 kilómetros de distancia.

“Con la inversión que hemos anunciado ahora en el Callao, vamos a incrementar el uso del puerto. Esa es la inversión estratégica que estamos haciendo: potenciar la infraestructura del Callao y asegurarnos que sea un puerto para el futuro”, dijo el embajador Navarro al ser preguntado sobre el tema.

Expertos militares en Perú aseguran que el otorgamiento del proyecto al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (USACE, por sus siglas en inglés) fue parte de una planificación de largo plazo, continuando una alianza histórica entre ambas fuerzas armadas. La base actual fue inaugurada en 1936 y construida con apoyo de EE.UU.

“La modernización y reubicación de la base para permitir la ampliación del puerto comercial del Callao forma parte de un plan de desarrollo portuario nacional más amplio”, explicó a CNN Edward López Cazorla, contralmirante en retiro y presidente del Centro de Estudios Geopolíticos y de Seguridad Nacional (CEGESEN).

Pero Washington busca ir más allá del Callao para incrementar el comercio con puertos peruanos, según Navarro. Existe ya una asociación entre el puerto de Paita, al norte del país, y el puerto de Hueneme en California.

“Buscare que las relaciones con diferentes puertos de EE.UU. sean más fuertes, los de California, Louisiana, Miami, en todas partes. Queremos que esos lazos se fortalezcan. Antes de venir aquí, visité algunos puertos para ver qué se comercializa con Perú y cómo incrementar el intercambio comercial”, dijo Navarro.

El intercambio comercial entre ambos países desde la implementación del Tratado de Libre Comercio, en 2009, se ha triplicado, según el diplomático.

Aunque Estados Unidos impuso un arancel adicional del 10 % a los productos peruanos, que se elevaría al 15 % luego del anuncio del presidente Trump por el fallo de la Corte Suprema, más de 100 productos agrícolas peruanos gozan de una excepción otorgada en 2025.

Este acercamiento diplomático y de cooperación en seguridad también han incluido conversaciones para un puerto aéreo espacial en Perú y una oferta de Estados Unidos para renovar la flota de la Fuerza Aérea que incluiría la compra de aviones caza F-16 a EE.UU.

El megaterminal de aguas profundas de Chancay en la costa peruana se ha convertido en un símbolo y el resultado de décadas de inversión y cooperación luego de un tratado de libre comercio que entró en vigor 2010, además de lazos históricos y culturales entre Perú y China.

Esa relación crece. China aumentó sus compras en Perú en un 30 % durante 2025 y recibió el 32 % de las exportaciones totales del país, según el Ministerio de Comercio Exterior de Perú.

Perú fue el tercer país que estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China, luego de Cuba y Chile en la década de 1970.

“El inicio de esas relaciones fue lo que significó un punto de inflexión en el tratamiento de la participación de China en las Naciones Unidas”, dijo Juan Carlos Capuñay, exembajador de Perú en China, a CNN.

Luego, el apoyo de América Latina para el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio fue fundamental, agregó el diplomático con más de 20 años de servicio en Asia.

La comunidad de descendientes chinos más importante de América Latina está en Perú y, como resultado de la cercanía entre ambas culturas, está la fusión de la comida chino-peruana y sus restaurantes denominados “Chifa”. El Congreso peruano destituyó al presidente interino José Jerí como consecuencia del escándalo conocido como “Chifa-gate”.

El puerto de Chancay, parte de la iniciativa china de la Franja y la Ruta, busca convertirse en un hub regional y ha logrado un movimiento comercial de más de US$ 2.000 millones en su primer año, según un reporte del Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico de la Universidad del Pacifico. Su construcción representó una inversión de US$ 3.500 millones. Desde la perspectiva peruana, el puerto es ya una victoria económica, ahorrando dinero y tiempo al reducir en más de una semana el tránsito de carga a China, el mayor socio comercial de Sudamérica. Un corredor ferroviario que una a Brasil con Perú también está en planeamiento.

“La importancia de Chancay no solamente está en que es un factor de desarrollo para el país, para la costa y para la sierra y para la zona del Amazonas, sino que también es un factor de integración. Va a permitir que la carga de Chile, de Ecuador, de Colombia y en este caso Brasil, se traslade hacia Chancay, y de Chancay llegue directamente hacia los mercados de Asia”, explicó Capuñay.

El financiamiento que ofrece el Banco de Inversiones en Infraestructura de Asia con sede en China es también atractivo para países como Perú al no imponer condiciones estrictas, según Capuñay.

Perú necesita mantener las relaciones e inversiones con ambas potencias económicas y para eso, señaló Capuñay, aplica lo que él denomina “una actitud de neutralidad activa” sin tener que optar por una u otra.

Para Martín Cassinelli, director asistente del Centro para América Latina del Atlantic Council, el país sudamericano debe evitar una posición reactiva en este delicado balance e ir más allá en el caso del gobierno estadounidense.

“Debería ser propositivo en su relación con Estados Unidos, debería canalizar todo tipo de discusiones hacia una cartera de proyectos en los que EE.UU. puede invertir, dándole ciertas garantías a la inversión”, dijo Cassinelli a CNN. Se trata de retomar un proceso de integración económica que se inició con el tratado de libre comercio, añadió.

La inestabilidad política de Perú en los últimos años representa un desafío extra para esas garantías de inversión, agregó Cassinelli. El expresidente interino José Jerí se convirtió hace poco en el octavo presidente de Perú en solo 10 años y el cuarto en ser desplazado por el Congreso en el mismo periodo. La economía peruana depende mucho del éxito de ese delicado balance entre ambas potencias.

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