Sheinbaum ahora apuesta por el fracking y ¿traiciona a la 4T?
Análisis por Mario González, CNN en Español
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, enfrenta un inesperado debate al interior de su movimiento: mantener los postulados económicos de la llamada Cuarta Transformación, que fundó su antecesor Andrés Manuel López Obrador, o trazar un camino pragmático que ayude a solucionar la estrechez presupuestal de su Gobierno -también heredada de la administración anterior- y la dependencia energética con Estados Unidos, que se ha complicado con el actual contexto de guerra en el Oriente Medio y sus repercusiones económicas globales. Hoy, el 75 por ciento del gas licuado que consume México y 50 por ciento de las gasolinas lo importa de EE.UU.
Son políticas de cambio que la presidenta ha delineado y que comienzan a generar fricción entre los distintos grupos de izquierda del movimiento. Los más radicales no han dudado en señalar una “traición” a los principios rectores de la izquierda mexicana. Ven en esas propuestas una amenaza contra la “soberanía nacional” que, según estos basamentos, radica en el sector energético y en otros temas que se han considerado intocables a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. En síntesis, las propuestas de Sheinbaum son consideradas un retorno al “neoliberalismo” que, se supone, había sido desterrado.
El pasado domingo 12 de abril, de gira de trabajo por el estado de Tlaxcala, en el centro de México, la presidenta dijo que “el Estado no puede hacerlo todo, requiere necesariamente de la coordinación con la iniciativa privada y por eso buscamos un modelo integral donde el pueblo viva mejor y al mismo tiempo haya más inversiones para genera mejores empleos, con mejores salarios”.
Sheinbaum se refería a su proyecto de 15 “polos de desarrollo”, uno de los cuales se instalará precisamente en Tlaxcala, con el objetivo de generar parques industriales para atraer a empresas nacionales e internacionales, con facilidades fiscales e infraestructura y así generar empleo y riqueza para esas regiones. El Estado mexicano se compromete a establecer las condiciones necesarias para que la inversión llegue y las empresas, a echar raíces y generar empleo, con proyectos que pueden ir desde el sector automotriz hasta el agrícola.
Se trata de una postura que parecería normal para cualquier país, pero que hoy en México rompe con lo que se ha planteado en los últimos siete años, en los que ha habido un alejamiento radical entre gobierno y sectores empresariales que son vistos, al menos hasta hace poco, como enemigos del pueblo. Esta postura llevó a que los grandes proyectos de infraestructura del país, en áreas tan amplias como la construcción de aeropuertos, puertos marítimos, aduanas, carreteras, trenes, refinerías e incluso hoteles, fueran delegados a las Fuerzas Armadas, algunos a la Marina Armada y otros al Ejército.
Otro componente de la estrategia y que genera más resistencias tiene que ver con el sector energético: la mandataria propone abrir contratos a empresas privadas, nacionales y extranjeras, para la explotación de yacimientos no convencionales, que por diversos motivos no han podido ponerse a producir y que representan una enorme riqueza enterrada en el subsuelo. Para ello Sheinbaum designó un comité de especialistas para que analice todos los escenarios para acceder a esos recursos, incluida la técnica de fracking o fractura hidráulica de rocas, que permitiría explotar los yacimientos de gas de la Cuenca de Burgos, de los más ricos de todo el país.
El problema es que el fracking cuenta con un enorme rechazo dentro de la Cuarta Transformación y grupos ambientalistas. Este rechazo llegó incluso a ser un postulado del expresidente López Obrador, quien lo prohibió en el país, aunque no de manera legal sino enunciativa.
La presidenta argumenta que, si bien el fracking representaba una amenaza al medio ambiente por el uso intensivo de agua dulce que requería, la tecnología ha avanzado enormemente y los riesgos ambientales han disminuido. Pero sus detractores argumentan que el fracking ha mejorado en cuanto a producción, pero no en cuanto a los daños ambientales y que la famosa Cuenca de Burgos tiene una histórica problemática de acceso al agua que al final terminaría afectando a las comunidades de esta región del norte de México.
En todo caso, Sheinbaum, como solución, propone analizar el tema con especialistas y ver el costo beneficio para el país, es decir, intentar apartarse de la ideología para tener un acercamiento más técnico y científico al problema.
Parece sencillo, pero ese será un enorme reto para la presidenta porque el tema energético está profundamente anclado en los conceptos doctrinarios de nación, patria, soberanía y libre determinación que ha acuñado la izquierda a lo largo de su historia. Y más complicado cuando esas críticas de sectores de la izquierda y del propio movimiento, viene acompañada de movilización social y de acusaciones hacia la presidenta y parte de su equipo por haber sucumbido “a los intereses de los grandes capitales”.
La disyuntiva para la presidenta viene de algo tan sencillo como analizar el presupuesto y de hacer un análisis del resultado, hasta el momento, de las políticas por la Cuarta Transformación. Simplemente no dan las cuentas entre mantener u aumentar las políticas de apoyo social y el nivel de recaudación que mantiene el país. Se ha apretado el cinturón a los contribuyentes, pero ya no se puede más sin un crecimiento de la economía. El contexto global marca un cambio de rumbo o a al menos una rectificación. Me parece que eso es lo que busca la presidenta al acercarse al sector empresarial: compartir los costos de los grandes proyectos de infraestructura que necesita el país y compartir también los riesgos de esas inversiones multimillonarias.
El modelo del Estado constructor y administrador de aeropuertos, hoteles, trenes y otras tantas cosas, fue demasiado costoso por su falta de pericia, por su opacidad y por su poco cuidado en los detalles y por la enorme corrupción que desató, y que ha quedado exhibida en casos como la rede de robo y contrabando de combustible.
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