Menos buses y tortillas más caras: pese al cese al fuego en Irán, la vida en América Latina aún sufre el impacto de la guerra
Por Anabella González, Djenane Villanueva y Ana María Cañizares, CNN en Español
Aún impera el cese del fuego entre Israel, Estados Unidos e Irán, pero el impacto de la guerra, que comenzó el 28 de febrero pasado, aún se deja sentir en la vida diaria de millones de personas en América Latina.
Los hogares latinoamericanos son testigos de cómo siguen creciendo los precios en el litro de combustible que cargan cada día para usar sus autos o en el costo y la frecuencia del transporte público que toman para ir al trabajo y en los alimentos que compran.
Aunque un escenario posible sea que el conflicto termine en el corto plazo, revertir la estela de malestar económico que ha creado no será fácil, plantean diversas instituciones y analistas consultados por CNN.
Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), incluso si la guerra terminara pronto, el mundo sufrirá una escasez de petróleo este año. Y mientras más se prolongue la guerra, serán cada vez mayores sus efectos, al punto de poder llevar al mundo a una recesión, advierte el organismo.
CNN relevó la situación de varios países Latinoamérica y el Caribe, que da cuenta de cómo la tensión que escala en el estrecho de Ormuz, vía marítima clave por donde pasa alrededor del 20 % del suministro mundial de petróleo y de gas natural licuado (GNL), repercute en la región y por qué sus efectos generarían retrocesos e impactos duraderos que tardarían meses en disiparse.
A corto plazo, el conflicto en Medio Oriente está afectando la vida cotidiana en toda Latinoamérica principalmente a través del aumento del costo de vida, dice a CNN Cecilia Godoy, analista para Latinoamérica y el Caribe del Economist Intelligence Unit (EIU).
Incluso si el fin de la guerra fuese inmediato, algunos de sus efectos económicos “seguirían afectando a las economías latinoamericanas durante un período prolongado”, advierte Godoy.
La inflación, uno de los temas que más preocupa a los argentinos, ya ha mostrado efectos directos que el Gobierno del presidente Javier Milei atribuye, en parte, al contexto de Medio Oriente.
Desde el inicio de la guerra, el aumento de los combustibles en Argentina superó el 20 %. En enero, el litro de gasoil costaba alrededor de $1.601 (poco más de US$ 1) y actualmente asciende a más de $2.000 (alrededor de US$ 1,4).
Los pasajeros del transporte público que se mueven en la capital y la provincia de Buenos Aires tuvieron que lidiar desde principios de abril con demoras por la baja de las frecuencias de los colectivos, una medida que tomaron varias cámaras empresarias de transporte debido a aumento “intempestivo” del costo de gasoil que encarece los costos para las operaciones del sector.
Largas filas en las calles, enojo y molestia de los pasajeros fueron una escena frecuente de las últimas semanas, sobre todo en las zonas céntricas y en los horarios de mayor demanda. Un trayecto de rutina en la ciudad que antes llevaba entre una y dos horas, ahora les consume a los ciudadanos casi el doble de tiempo.
En marzo “se registró un impacto significativo de la guerra en Medio Oriente, en línea con los efectos registrados en otros países”, dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, cuando se dieron a conocer los últimos datos de inflación mensual, que fue del 3,4 %.
Hugo Vasques, licenciado en Economía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y exauditor general de la Ciudad de Buenos Aires, prevé que el traslado del aumento del combustible a los precios, sobre todo a nivel de la producción y consumo mayorista, podría extenderse en los próximos meses.
“El impacto de la guerra todavía no terminó de completarse en la economía argentina y eso es un problema, porque hay una sensación de que todo pasó en marzo, pero lo cierto es que no”, dice Vasques a CNN.
La inflación, que alcanzó su punto más alto en décadas en el año 2023 y desde hace meses va en ascenso sostenido, contradice los pronósticos del presidente Milei, quien dijo meses atrás que “a mediados de 2026” la inflación desaparecería.
El traslado de los aumentos hacia otros bienes de la economía diaria es un temor recurrente para los argentinos, que ahora amenaza con profundizarse aún más por un factor externo. El ministro de Economía dijo que entre los impactos directos de la situación internacional están los incrementos en marzo de un 9 % en combustibles, 24 % en pasajes de avión de cabotaje y del 22 % en transporte interurbano.
Los incrementos en el precio del combustible también afectan a los costos del sector del transporte de carga, que en marzo tuvo un incremento del 10 % con respecto al mes anterior, según el Índice de Costos del Transporte (ICT) de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC). Se trata de la cifra más alta en dos años, dijo la entidad.
Si el conflicto terminara en los próximos días, igualmente sus efectos en la economía argentina “se van a sentir por lo menos hasta mitad de año, quizás incluso hasta los meses siguientes”, prevé Vasques.
Para los países “importadores netos” de combustible como Costa Rica y gran parte de Centroamérica, el efecto de la guerra de Estados Unidos con Irán es “claramente negativo” en la economía de sus ciudadanos: genera “mayores costos de combustible, transporte y alimentos más caros, y una creciente presión sobre los presupuestos familiares”, dice la analista del EIU.
En las estaciones de combustible costarricenses se escuchan en repetición dos preguntas cuando los clientes bajan la ventanilla: “¿Ya subió?” y “¿Tengo suerte hoy, no ha subido?”.
Kevin Calvo es asistente de enfermería y vive en Cartago, una provincia ubicada en el centro de Costa Rica. Su mayor intranquilidad surge al ver cómo sus gastos diarios podrían crecer. “Hay una alta preocupación porque al subir los precios del combustible, sube todo. En mi caso que viajo en transporte público y me preocupan los pases”, dice a CNN.
Además del impacto en los precios del combustible, la petrolera estatal de Costa Rica, Recope, advierte que las tensiones en Medio Oriente también afectan a bienes y servicios que dependen “del transporte y sus derivados” lo que, anticipan, tendría efectos en la economía en los próximos meses.
Para el mes de mayo, la petrolera estima un aumento del litro de diésel de ₡565 a ₡699 (de US$ 1,16 a US$ 1,54), y aseguró que el país podrá contener “parte del ajuste” y amortiguar parte del impacto en los consumidores.
La escalada del conflicto, con las interrupciones en el estrecho de Ormuz, está generando un impacto directo en las materias primas petroquímicas, la base para la producción de plásticos a nivel mundial y que se utiliza para el empaque de productos alimenticios, de higiene, salud y limpieza, explicó la Cámara Costarricense de la Industria del Plástico (Aciplast).
En Costa Rica, la industria del plástico da empleo a cerca de 14.000 personas, exporta más de US$ 528 millones por año y depende de la importación de materias primas.
El gas y el petróleo son insumos esenciales para la producción de esas resinas plásticas. “En las últimas semanas, el mercado ha registrado incrementos del 80 % hasta el 110 %” en esos insumos, dijo Aciplast en un comunicado, en el que explicó que los insumos plásticos atraviesan a toda la economía y, por lo tanto, sus costos se trasladan a todos los productos.
“Nos enfrentamos a aumentos constantes en cuestión de días, sumado a un contexto de alta incertidumbre. Como industria hemos hecho esfuerzos por maniobrar estos incrementos, pero es importante entender que se trata de un fenómeno global y que son porcentajes altos”, dijo Rosa Gutiérrez, presidenta de Aciplast.
Independientemente de que las condiciones internacionales se estabilicen en el corto plazo, la afectación ya está dada, advierte el sector.
Un panorama que a muchos costarricenses les genera angustia. Una de ellas es Maritza Quesada, una estilista que reside en Cartago y transmite su desánimo. “Ya de por sí todo está caro y con esto se va a poner más… entonces las preocupaciones aumentan. Uno se levanta triste. Hay que entregarle todo al Señor”, dice a CNN.
Pese al incremento “desmesurado” en el precio de los combustibles por la situación en Medio Oriente, la inflación en México “está contenida”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum la semana pasada al reconocer que el índice aumentó con respecto a las mediciones de 2025.
La presidenta mexicana incluso dijo que su gobierno haría lo posible para evitar que el precio de la tortilla, uno de los alimentos más tradicionales de su país, subiera, como amenazó hace algunos días ante la advertencia de los productores de que debían aumentarlo por el incremento de sus costos por la guerra.
El 75 % del gas licuado que consume México y el 50 % de las gasolinas los importa de Estados Unidos, una dependencia compleja en el contexto actual de la guerra, donde el tráfico en el estrecho de Ormuz sigue siendo mínimo debido al bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes y a los recientes ataques y capturas de buques en la región.
Para mitigar el traslado a precios, el Gobierno de la presidenta Sheinbaum subsidia el precio de ambos combustibles, pero eso podría tener efectos en otras áreas de la vida de los mexicanos.
“El Gobierno intenta subsidiar, pero eso implica asignar recursos quizá de otros programas”, explica a CNN Moritz Cruz, doctor en Economía, profesor e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Aunque varios de los gobiernos latinoamericanos, como México, han tomado medidas para morigerar el impacto del incremento de precios, esto también tiene un costo fiscal estatal.
“En la práctica, o bien los hogares absorben el aumento directamente a través de precios más altos, o bien el costo se traslada a las finanzas públicas mediante mayor déficit y una reducción del gasto en otros sectores”, afirma Godoy.
Cruz dice sin dudas que la guerra ha afectado negativamente a la economía mexicana, y coincide en un panorama de largo plazo. “Todo indica que, incluso si termina la guerra pronto, retornar a la normalidad va a tomar algo de tiempo por lo que el precio del petróleo se mantendrá elevado”, asegura Cruz.
Estas dificultades en Medio Oriente y la dependencia energética han llevado al Gobierno mexicano a analizar la viabilidad del fracking en el país, un anuncio que desató cuestionamientos y rechazos de organismos ambientalistas.
Sheinbaum dijo que evaluará con un comité de especialistas las posibilidades de diversas tecnologías y su impacto ambiental, además de asegurar que no hará nada que afecte a las comunidades.
Ecuador está sufriendo el impacto de la volatilidad de los precios del crudo debido a la guerra de Estados Unidos con Irán. En este país petrolero, donde el costo de los combustibles ha sido motivo de frecuentes protestas, los ciudadanos ya sienten el impacto de los precios, que han superado una barrera histórica.
Las gasolinas más populares superan los US$ 3 en el país, una cifra que, pese al subsidio estatal, no tiene precedentes. Analistas prevén que los precios seguirán subiendo, esto a pesar del sistema de bandas que rige en Ecuador para un aumento mensual y controlado.
A bordo de su auto de trabajo, Washington Ibadango, taxista de Quito, hace una pausa en una reconocida estación de servicio para recargar combustible antes de retomar la jornada. El precio “está mucho, está bastante. Ya no alcanza el dinero”, le dice a CNN.
Él ya ha notado algunos impactos en su ritmo de trabajo: “La gente también se abstiene de tomar taxis”, dice.
Los incrementos en los combustibles han sido frecuentemente un motivo de protestas sociales en el país. Ahora, una vez más, la preocupación para muchos ecuatorianos es cuánto subirán los precios que deriven de esos aumentos.
“Se dispara todo y ya hay especulaciones. Los productos básicos de primera necesidad están subiendo”, dice Miguel Mejía, un conductor de Uber que pasa a cargar su tanque por la misma estación de la capital ecuatoriana.
Carolina Puya trabaja en una empresa de transporte en Quito y cuenta a CNN que ya ve diferencias “en todos los costos” de los productos finales y costos de fletes.
Algunos expertos sostienen que el conflicto en Medio Oriente está generando una presión adicional en el gasto público ecuatoriano, que absorbe -en un contexto de un crudo caro- parte del costo de la gasolina.
Algunas advertencias de los sectores económicos ya se hicieron escuchar. La Confederación Ecuatoriana de Transporte Pesado (Confetrape), que agrupa a pequeños y medianos transportistas del país, advirtió días atrás que el sector podría “apagar motores” si el Gobierno del presidente Daniel Noboa no toma medidas ante el incremento del precio del diésel, cuyo subsidio fue eliminado por el mandatario en 2025.
Desde hace años Haití atraviesa una situación de inseguridad alimentaria aguda, en el que más de la mitad de su población enfrenta crisis para cubrir sus necesidades alimentarias básicas, de acuerdo con datos del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP, por sus siglas en inglés).
Si bien en 2025 el país caribeño había mostrado “una ligera mejoría” en la seguridad alimentaria en comparación con lo que se había proyectado para el periodo, el aumento de los precios del combustible impulsado por el conflicto en el Medio Oriente pone en serio riesgo ese pequeño progreso, dice el WPF.
La crisis alimentaria está impulsada por la violencia de grupos armados, la agitación política y la crisis económica, dice el organismo de Naciones Unidas, y se produce en un contexto en que la actividad de las pandillas se profundizó en el país tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse, ocurrido en julio de 2021.
Las familias vulnerables están ahora en mayor riesgo. “Los elevados precios del combustible y el consiguiente aumento de los costos de los alimentos corren el riesgo de revertir estos avances, hundiendo aún más en la crisis a las familias vulnerables y desestabilizando todavía más la situación”, dijo Wanja Kaaria, directora de WFP en Haití.
Unos 5,8 millones de haitianos enfrentan niveles de crisis o peores de inseguridad alimentaria. De ellos, más de 1,8 millones atraviesan niveles de emergencia para el periodo de marzo a junio de 2026, lo que significa que no podrían cubrir incluso sus necesidades alimentarias básicas.
Ante el contexto internacional que impacta en la realidad haitiana, el Gobierno anunció medidas de austeridad para controlar el gasto público y garantizar la continuidad de los servicios esenciales ante el riesgo latente de interrupciones en el suministro del petróleo.
El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé dijo que el panorama del conflicto de Estados Unidos e Irán “permite anticipar graves repercusiones” en un equilibrio macroeconómico “frágil” del país y en las finanzas estatales, necesarias para dar servicios básicos y de seguridad.
Entre las medidas, el Gobierno de Haití anunció límites a los viajes de funcionarios públicos, redujo asignaciones de gastos para combustible en instituciones públicas, vehículos de seguridad para funcionarios y prohibió la adquisición de nuevos autos oficiales.
Los efectos son variables en cada país y por tanto tendrían consecuencias diversas.
Godoy explica que si bien los que son exportadores de energía como Argentina y México pueden beneficiarse de mayores ingresos por exportaciones de petróleo y gas, lo que impulsa la generación de divisas, por otro lado, estos países dependen de las importaciones de combustibles refinados como la gasolina y el diésel, por lo que los consumidores seguirán enfrentando precios más altos.
En ese escenario, los países que ven alza en sus índices de inflación puede que probablemente no la vean retroceder rápidamente a los niveles previos al conflicto, lo que podría presionar aún más sobre los ingresos de los hogares latinoamericanos, quizás durante meses, apuntan los especialistas consultados.
En aquellas economías más vulnerables, estas presiones también afectarán el crecimiento, dice la analista de Latinoamérica y el Caribe del EIU. “Esto probablemente se traduzca en una menor creación de empleo y un crecimiento más lento de los salarios reales, prolongando el impacto económico, incluso después de que la conmoción inicial se disipe”.
En el escenario más grave que prevé el FMI, el de un conflicto prolongado, los precios del petróleo y el gas natural se disparan entre un 100 % y un 200 % con respecto a enero. Eso equivaldría a “una situación muy cercana a una recesión mundial”, definida como un crecimiento económico inferior al 2 %, algo que solo ha ocurrido cuatro veces desde 1980, dice el organismo.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
