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ICE detuvo a su esposo y se quedó sola con sus cinco hijos por más de seis meses. “No quería que vieran ese dolor”

Por Anabella González y Gonzalo Alvarado, CNN en Español

Esmeralda Mejía pasó más de 200 días sumida en una angustia silenciosa. No quería que sus hijos la vieran triste por la detención de su esposo, Juan Carlos, llevado por las autoridades de inmigración en Burbank, California. Durante el día intentaba mostrarse fuerte, pero por la noche ya no podía sostener esa voluntad.

“En el día yo era fuerte por mis hijos, porque no quería que vieran ese dolor. Pero en la noche era el sufrimiento para mí de saber que mi esposo no llegaba, de no estar ahí”, dice a CNN.

Esmeralda y Juan Carlos Mejía son padres de cinco hijos, que tienen entre nueve y 19 años, todos ellos nacidos en Estados Unidos. De ascendencia guatemalteca, Juan Carlos llegó al país hace 23 años como indocumentado.

Las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) detuvieron a Mejía el pasado 19 de junio en las inmediaciones de un local de Home Depot ubicado al noreste de Los Ángeles. En esta cadena de la industria de la construcción, un sitio habitual donde se reúnen inmigrantes jornaleros en busca de empleo, ICE enfocó muchos de sus esfuerzos en los últimos meses para detener y deportar inmigrantes.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) reportó en enero que durante el primer año del Gobierno de Donald Trump cerca de 3 millones de inmigrantes salieron del país. De esa cifra, alrededor de 2,2 millones de personas se autodeportaron y 675.000 fueron deportadas.

Juan Carlos Mejía es el sustento económico de su hogar. Con su detención, sus hijos y su esposa, que es ama de casa, se quedaron sin su única fuente de ingreso.

“Yo dije: ‘Aquí se acabó todo, mi familia, todo perdido’, y pues solo me puse a llorar y a llorar. Y nada más”, dice Juan Carlos.

Mientras tanto, Esmeralda Mejía pasaba sus días intentando sobrellevar su nueva realidad, pero seguir adelante parecía una tarea casi imposible para ella, dice. “Era muy difícil, pero pidiéndole a Dios todas las noches que me diera fuerza para poder estar en pie”.

Entonces, la comunidad tomó protagonismo.

“Hubo unos clientes de mi esposo, que prácticamente son su familia, ellos abrieron una página en Internet para pedir ayuda a la comunidad”, cuenta Esmeralda.

Gracias a esa recaudación voluntaria de fondos, tanto la iglesia de la comunidad como otros vecinos los ayudaron económicamente para seguir adelante durante esos más de seis meses. Con esos aportes pudieron sostenerse “prácticamente por todo el tiempo que mi esposo estuvo detenido”, afirma la mujer.

Mayra Todd, directora de la organización Mujeres de Hoy, se enteró del caso y conectó a la familia con un abogado para que pudieran recibir ayuda legal.

Dos semanas después de su detención en Los Ángeles el 19 de junio, las autoridades trasladaron a Mejía a El Paso, Texas, donde estuvo privado de su libertad hasta 6 de enero.

“Es algo terrible que yo no se lo deseo a nadie”, dice el padre de familia.

Su abogado, Jeremy Anderson, presentó una petición de libertad bajo fianza y Mejía fue excarcelado por orden de un juez de inmigración.

En su casa lo esperaban entusiasmados sus hijos y su esposa. En la cocina habían pegado carteles coloridos y fotografías de todos juntos para recibirlo con alegría. “Gracias Dios por regresarlo con nosotros”, dice una de las pancartas escritas con una letra infantil.

Por estos días Mejía tiene una tobillera electrónica en su pie izquierdo que monitorea su paradero en todo momento.

El defensor Anderson aseguró a CNN que su cliente no tiene antecedentes penales, algo que también CNN pudo corroborar de forma independiente.

“No, aparte de cosas sencillas como multas de tránsito, algo así no nos lleva a nada, no lleva un récord penal. Entonces, su nivel de peligro ante la comunidad es nulo y su riesgo de huir de los Estados Unidos o huir del ojo del Gobierno estadounidense era casi nulo por su situación familiar”, dijo el abogado.

La audiencia por su caso está pautada para mayo en una corte en Venice, California, donde él tendrá que entregar su solicitud de cancelación de deportación. “Va a obtener un permiso de trabajo mientras pelea su caso y más adelante va a tener que comprobar ante el juez migratorio allá en Venice, no siendo detenido, porque él debería recibir el beneficio de la cancelación de deportación”, sostuvo Anderson.

CNN consultó al DHS sobre la detención de Mejía y hasta el momento no obtuvo respuesta.

Los Mejía dicen tener paciencia y también esperanza en que las autoridades de inmigración permitirán que Juan Carlos pueda seguir en Estados Unidos.

El defensor de la familia explicó a CNN que, al tener un hijo ciudadano estadounidense que ya es mayor de edad, el matrimonio puede solicitar la residencia legal permanente en el país.

“Mi consejo a esas familias que están sufriendo, porque mi familia sufrió también, es que tengan fe y que nunca firmen su deportación”, dice Mejía. Tanto él como su esposa lamentan que haya muchas otras familias que estén pasando por lo mismo que vivieron ellos, meses que describen como “una pesadilla”.

“La niña, era la 1 a.m., no se dormía y decía: ‘Mi papá no está, no llega’”, recuerda Esmeralda sobre la ausencia de su esposo. Al menos por ahora, las noches en vela y la incertidumbre quedaron atrás para ella.

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