Más que los jugadores o las selecciones, la estrella de esta Copa del Mundo podría ser la seguridad
Análisis por Mario González, CNN en Español
La Copa del Mundo de FIFA 2026, que se celebrará este verano en México, Estados Unidos y Canadá, se distinguirá por los enormes retos en materia de seguridad y los programas de control y vigilancia que se han implementado, como nunca en la historia de esta competencia. Y no es para menos, existen muchos factores y amenazas que hacen que sea el tema más importante para los organizadores y las autoridades de los tres países. Cada detalle cuenta.
Primero hay que decir que en esta edición de la copa se implementó un nuevo formato con más selecciones participantes (48 en lugar de las 32 de las anteriores ediciones). Eso en sí mismo es un nuevo reto logístico y por lo tanto de seguridad: más delegaciones, aficionados, turistas y ciudadanos que atender, en un enorme desafío que implica garantizar la seguridad en las 16 sedes de los tres países: 11 en Estados Unidos, tres en México y dos en Canadá.
Además, el reto aumenta por el entorno de violencia que se vive en algunas ciudades sede, con amenazas que van desde la delincuencia común y acciones del crimen organizado —principalmente en el caso de México—, hasta amenazas terroristas que podrían incrementarse tras el inicio de la guerra en Irán.
El pasado 22 de febrero se registró una de las primeras alertas de preocupación con los enfrentamientos entre las fuerzas armadas de México y el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el municipio de Tapalpa, en el estado occidental de Jalisco, que derivaron en la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”.
Líder fundador de esa organización criminal, era uno de los hombres más buscados por las autoridades de México y Estados Unidos, quien ofrecía hasta US$ 15 millones por información que lleve a su captura. El operativo para ubicarlo se logró gracias a la colaboración entre ambos países, como lo han reconocido tanto la presidenta de México Claudia Sheinbaum como su par estadounidense, Donald Trump. En el enfrentamiento entre las fuerzas federales y el CJNG murieron al menos 25 elementos de la Guardia Nacional.
La muerte de Oseguera Cervantes provocó una inmediata y violenta reacción del CJNG, con enfrentamientos, “narcobloqueos” e incendios en distintos municipios de Jalisco, incluidos Zapopan, donde se encuentra el estadio de fútbol mundialista; Guadalajara, la capital de la entidad, y Puerto Vallarta, uno de los destinos turísticos de playa más concurridos por visitantes de todo Norteamérica.
Estos hechos dieron la vuelta al mundo con imágenes que mostraban el poder del narcotráfico y desataron un temor más allá de las fronteras mexicanas. El miedo es justificado por la cercanía del mundial de fútbol y también por lo sucedido en el estado de Sinaloa tras la detención del fundador del Cártel de Sinaloa, Ismael “el Mayo” Zambada, en julio de 2024, que desató una guerra entre dos facciones de esa organización que, más de un año después, no ha podido contenerse.
Sin embargo, las acciones en Jalisco pudieron ser sofocadas en pocos días por las autoridades federales, encabezadas por la presidenta, que de inmediato establecieron una estrategia de contención. Además, al parecer, la sucesión del liderazgo del cartel tras la muerte de su líder ha sido muy diferente a la guerra intestina que se generó en Sinaloa después de la detención del Mayo Zambada, que se habría producido por una traición de la familia de su exsocio, Joaquín “el Chapo” Guzmán, también preso en Estados Unidos y sentenciado a cadena perpetua.
Hoy una gran pregunta es si las autoridades mexicanas podrán garantizar la seguridad durante la Copa del Mundo, tomando en cuenta la actividad criminal en el país que ha sido calificada como terrorista en algunas ocasiones, por el evidente temor que generan entre la población. Sobre el tema he conversado con varios especialistas en materia de seguridad que, sin restar importancia al poder de los carteles en México, hacen notar que su lógica está lejos de generar algún evento terrorista que afecte a población civil de manera indiscriminada y mucho menos a turistas.
Esta lógica criminal tiene que ver con un negocio y su eficiencia. En este sentido la violencia que generan y han generado viene de su afán por controlar territorios y evitar que su competencia tome posiciones.
Esta misma lógica es lo que ha llevado penetrar estructuras gubernamentales y de seguridad, pero lejos de generar una violencia que tenga como motor un acto de reivindicación ideológico, político o religioso. Es cierto que en algunas ocasiones las líneas se han desdibujado y hay antecedentes de actos criminales que pueden calificarse como terroristas por su afectación a la población civil, pero esa no ha sido una constante.
Hace un año el presidente de EE.UU., Donald Trump publicó un decreto en el que calificaba a los carteles mexicanos, como el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación, como actores terroristas. Pero lo hizo en el contexto de las miles de muertes que provoca cada año el consumo de drogas como el fentanilo, entre los jóvenes estadounidenses. Por eso también declaró más tarde a esa sustancia (el fentanilo) como un arma de destrucción masiva, una estrategia que en teoría buscaba ampliar las facultades del ejecutivo para tomar acciones extraterritoriales, como los ataques contra embarcaciones que hemos visto en aguas del caribe y el pacífico. Y también, basado en esos decretos, es que hemos visto a Trump amenazar permanentemente con una intervención militar contra los cárteles en territorio de México y Colombia.
En todo caso la preocupación está presente y se ha implementado un gran dispositivo de seguridad coordinado por la presidencia de México, que ha denominado Operativo Kukulkán, y que incluye el despliegue de 100.000 agentes de policía, Guardia Nacional y Ejército, además de aviones, helicópteros y sistemas anti drones para resguardar todos los eventos y lugares de interés (estadios, hoteles, plazas, centros comerciales, Fan Festivals) de cualquier tipo de amenaza, principalmente en las ciudades sede, pero también en espacio aéreo y marítimo.
Por otra parte, según la amplia presentación que se hizo del operativo frente a los directivos de la FIFA, se ubicarán francotiradores en lugares clave, habrá elementos de inteligencia analizando en tiempo real, y equipos especializados para detección de todo tipo de armamentos y sustancias que puedan representar una amenaza.
Es importante decir que este operativo cuenta también con la coordinación y las capacidades de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, porque los riesgos van mucho más allá, principalmente con el escenario de guerra que hoy se vive en el mundo.
Sin duda este es otro factor de gran preocupación. La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha tenido repercusiones en todo el mundo y la copa de fútbol no ha sido la excepción.
Mientras escribo estas líneas Irán, a través del ministerio del deporte, anunció que decidió no participar en mundial de fútbol en rechazo a los bombardeos contra su población y la muerte del Ayatola Alí Jamenei.
Un día antes el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se reunió con Trump para hablar del tema y supuestamente se habría acordado que la selección iraní y su delegación podría participar en el torneo, pero que habría restricciones severas a los aficionados de esa nación que pretendieran asistir a la justa. Por lo visto la respuesta de Irán no deja lugar a dudas de que se tendrá que buscar un equipo sustituto, y que está dispuesta a asumir las sanciones que la FIFA impondrá al país, que honestamente son el menor de los problemas para el país.
Irán se había ganado su lugar en el mundial tras una dura eliminatoria. Su debut estaba programado para el 15 de junio en Los Ángeles, California, contra Nueva Zelanda y su segundo encuentro en la misma ciudad el 21 del mismo mes. Luego, el 26 de julio jugarían frente a Egipto en Seattle.
La salida de la selección iraní del mundial quita un poco de presión a la seguridad, pero se mantiene el temor a una acción de represalia dentro de territorio estadounidense. Los organismos de inteligencia trabajan para detectar cualquier tipo de amenaza terrorista de las llamadas “células dormidas” de radicales islámicos que están a la espera de una orden y una oportunidad, o de algún agente terrorista (lobo solitario) que pueda entrar por las amplias fronteras entre México y Canadá.
En este tema, a diferencia del narcotráfico y la delincuencia común, sí pueden existir todos los elementos para calificar un acto terrorista: una reivindicación política, ideológica e incluso religiosa. Y por eso la coordinación en materia de seguridad entre los tres países es vital, ni más ni menos. Hay que tomar en cuenta que no necesariamente pueda tratarse de un evento ordenado por el régimen iraní, ya que podría ser un acto gestado desde los tantos frentes abiertos de esta guerra.
Los grandes eventos se prestan para actos de esta naturaleza, como el mundo ya lo vivió en 1972 en los Juegos Olímpicos de Múnich, cuando un comando armado de la llamada Organización para la Liberación de Palestina (OLP) secuestró y asesinó a 11 atletas israelíes, en lo que hoy se conoce como el “Septiembre Negro”.
Y es por eso que la estrategia seguridad para el evento toma en cuenta a todas las instancias de seguridad de los tres países, de manera coordinada. Tan solo este 9 y 10 de marzo el Comité Interamericano contra el Terrorismo de la OEA convocó en Washington a una reunión con los representantes de los tres países para analizar todo el entorno en que se desarrollará la copa del mundo.
Finalmente y frente el ánimo un poco pesimista que pueda quedar después de leer estas líneas, hay que decir que, efectivamente, hay elementos de amenaza presentes, pero también capacidades desarrolladas de inteligencia como nunca se había visto. Tecnología de punta para identificación de riesgos, uso de investigación y bases de datos auxiliadas con AI, identificaciones faciales y biométricas y muchas otras cosas que quizás no sabremos a profundidad porque perderían su necesaria reserva.
Para los aficionados al futbol nos queda disfrutar de un gran evento y estar atentos sin caer en pánico. Ser colaborativos antes las peticiones de autoridades migratorias y policiales y, en todo caso, ser parte de la seguridad como ciudadanos, aficionados y turistas. Es el mundo complejo que nos tocó habitar en este 2026.
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