El factor X en la crucial reunión de Trump con Xi podrían ser los votantes estadounidenses enfadados
Análisis por David Goldman y John Liu, CNN
El presidente Donald Trump parece tener una clara ventaja de cara a sus próximas negociaciones con el líder de China, Xi Jinping.
- Economía: la economía estadounidense está creciendo con fuerza, impulsada por la IA y el gasto de los consumidores. El crecimiento general de China sigue siendo robusto, pero su economía se enfrenta a desafíos derivados del colapso del mercado inmobiliario de hace cinco años. ✔️ EE.UU.
- Empleo: las empresas estadounidenses están contratando y el desempleo se mantiene bajo. La crisis inmobiliaria de China frenó en seco la construcción de viviendas, provocando la pérdida de empleos. ✔️ EE.UU.
- Gasto e inflación: los consumidores estadounidenses siguen gastando, incluso con el repunte de la inflación (aunque lejos de los niveles de hace cuatro años). El gasto de los consumidores en China sigue siendo bajo, y los precios apenas comienzan a recuperarse de la prolongada deflación, una preocupante tendencia económica que provoca la caída de los precios y los salarios. ✔️ EE.UU.
- Precios de la energía: Estados Unidos, con sus vastos recursos de petróleo y gas, está mucho más protegido de los efectos económicos de la guerra con Irán que la mayoría de los países. Como importante importador de energía, China es más vulnerable a las fluctuaciones de los precios del petróleo, incluso con unas reservas de crudo considerables. ✔️ EE.UU.
Trump está ganando en todos los frentes. Pero el presidente de Estados Unidos acude a China con mucha menos influencia de la que cabría esperar.
Los consumidores de ambos países se mostraron hartos de sus economías en 2022, y esos informes sobre el sentimiento del mercado siguen siendo pesimistas.
Trump y su partido republicano podrían sufrir las consecuencias en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Pero Xi mantiene el control absoluto de su partido y de la economía.
Puede permitirse priorizar la estrategia a largo plazo sobre la debilidad del sentimiento del consumidor, siempre y cuando consiga evitar que el crecimiento general se estanque por completo, incluso si sus ciudadanos pagan un precio a corto plazo.
✔️ China.
Y esa última casilla marcada puede ser la única que importa: el bajo nivel de apoyo a Trump en un año electoral está perjudicando su capacidad para maximizar su influencia con China.
Trump se enfrenta a una especie de revuelta en su país.
La confianza del consumidor ya se encontraba en mínimos antes de que comenzara la guerra con Irán. La semana pasada, bajó de manera histórica —en una encuesta que se remonta a la década de 1950— debido al continuo aumento de los precios de la gasolina.
Los consumidores estadounidenses aún no se han adaptado a los enormes aumentos de precios derivados de la crisis inflacionaria de 2022.
Mientras tanto, el mercado inmobiliario lleva años paralizado, impidiendo el acceso a la principal fuente de riqueza de Estados Unidos a quienes aspiran a comprar una vivienda.
Los precios de productos básicos como el cuidado infantil, los alimentos, la educación y la electricidad subieron más rápido que la inflación general durante esta década.
A esto se le sumó el impacto del aumento del precio de la gasolina, lo que ha agravado la profunda incertidumbre de los estadounidenses sobre la economía y ha hecho que los índices de popularidad de Trump caigan a su nivel más bajo de ambos mandatos.
El alto precio de la gasolina impacta de inmediato en los bolsillos de los estadounidenses, y los grandes carteles que anuncian gasolina a US$ 4 por toda la ciudad sirven como un recordatorio constante de cuánto dinero tienen que gastar en combustible.
Ante la proximidad de las elecciones de mitad de mandato, los republicanos buscan desesperadamente respuestas. Esto limita las herramientas de Trump para presionar a Xi en el tema comercial.
“Xi es muy consciente de que Trump tiene muy poca influencia”, afirmó Steve H. Hanke, profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins y exmiembro del Consejo de Asesores Económicos del expresidente Ronald Reagan. “Xi sabe que la retórica amenazante de Trump y la imposición de sanciones y aranceles no están siendo bien recibidas por los votantes estadounidenses”.
Es casi seguro que Trump pedirá ayuda a Xi para presionar a Irán, aumentar las exportaciones de minerales de tierras raras e incrementar las compras de productos estadounidenses, todo ello mientras amenaza con elevar los aranceles a China.
Queda por ver cuánto cederá Xi ante Trump, ya que Beijing sin duda comprenderá los problemas políticos que enfrenta el presidente de EE.UU. en su país.
“Si los aranceles elevan los precios, afectan a los mercados o interrumpen las cadenas de suministro, los votantes lo notan enseguida”, afirmó Nigel Green, CEO de deVere, una firma de asesoría financiera. “Es probable que el bajo optimismo económico en el país limite la agresividad con la que impulse esta medida”.
Por la misma razón, Trump se ha resistido a reanudar los ataques contra Irán, a pesar de las prolongadas negociaciones de paz y del bloqueo del estrecho de Ormuz, que amenaza con un aumento aún mayor de los precios de la energía.
Sabe que la guerra no goza de popularidad en su país y que un mayor bombardeo empeora sus posibilidades de salir de este conflicto tan perjudicial.
Mientras tanto, Trump y sus colaboradores siguen colmando de elogios a la economía (ciertos, aunque poco sensibles).
El PIB estadounidense creció a una tasa anualizada del 2 % en el primer trimestre, una expansión sólida para la economía de Estados Unidos, valorada en US$ 32 billones. El gasto de los consumidores y las ventas minoristas aumentaron considerablemente el mes pasado, incluso sin tener en cuenta los precios de la gasolina ni la inflación.
Pero la brecha entre la sólida economía estadounidense y el débil sentimiento de los votantes puede tener graves consecuencias políticas. Basta con preguntarle al expresidente Joe Biden.
Mientras tanto, Xi ha ejercido cada vez más presión sobre Estados Unidos, en particular al restringir las exportaciones de tierras raras que la administración Trump necesitará para reconstruir sus arsenales de armas después de la guerra con Irán.
Xi Jinping y altos funcionarios chinos consideran que las tierras raras son fundamentales para su capacidad de contrarrestar cualquier nueva exigencia estadounidense, señaló Paul Triolo, experto en China y tecnología de la consultora Albright Stonebridge.
En los últimos años, China ha reforzado su arsenal de contramedidas estadounidenses. A principios de este mes, desempolvó una ley de 2021 —nunca antes utilizada— para impedir que los ciudadanos y las empresas chinas cumplan con las sanciones estadounidenses.
“China confía relativamente en su posición incluso si fracasan las negociaciones”, declaró Joe Mazur, analista sénior de la consultora Trivium China, señalando la estrategia “altamente eficaz” de Beijing del año pasado, que incluye aranceles recíprocos.
Xi tiene más margen de maniobra porque se puede permitir el lujo de tener una visión a largo plazo de la economía (eso es lo que ofrece un Gobierno unipartidista y no democrático).
No es que los desafíos económicos internos de China importen menos que los de Estados Unidos. Simplemente, Xi trabaja con plazos diferentes a los de Trump.
Los ciudadanos chinos siguen enfrentando dificultades financieras: un amplio sector de la población permanece desempleado, y el paro juvenil se ha mantenido por encima del 16 % en los últimos meses.
La confianza del consumidor se desplomó después de 2021 debido a la crisis inmobiliaria y a los estrictos confinamientos durante la pandemia. Desde entonces, el optimismo se ha mantenido bajo. Solo en los últimos meses han comenzado a aparecer señales de una recuperación gradual.
Pero el poder de Xi tiene límites.
El crecimiento relativamente débil de China ha intensificado la urgencia del impulso gubernamental para reformar la economía.
Los cambios de China, que priorizan la inteligencia artificial y las industrias de alta tecnología, han generado un auge en algunos sectores, pero los beneficios aún no se han extendido lo suficiente como para compensar los empleos perdidos durante la última década.
Y China también busca la ayuda de Estados Unidos: Xi probablemente le pedirá a Trump que prorrogue la suspensión de los aranceles abusivos. Querrá menos restricciones a la tecnología estadounidense para las empresas chinas y un mayor acceso a los mercados estadounidenses.
Taiwán e Irán también serán, sin duda, temas importantes.
No está claro hasta qué punto Trump cederá en todo esto. Legisladores de ambos partidos han identificado las ambiciones de China en robótica e inteligencia artificial como una amenaza para la seguridad nacional y tienen poco interés en otorgarle a Beijing mayor acceso a tecnologías estadounidenses cruciales.
Sin embargo, Xi llega a las negociaciones con ventaja. Porque Xi tiene algo que Trump no: tiempo.
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