El mercado de bonos manda una señal de alerta para la economía mundial
Análisis por Allison Morrow, CNN
Tomen nota de las palabras del propio presidente Donald Trump: las acciones y las materias primas pueden tener vaivenes que resultan fáciles de ignorar, pero cuando el mercado de bonos se pone “nervioso” (o “yippy”, en sus términos), hay que prestar atención.
A fin de cuentas, hizo falta una fuerte venta masiva en el mercado de bonos en abril de 2025 para que Trump pisara el freno a su ambiciosa agenda de aranceles “recíprocos”.
Una vez más, los operadores de bonos están dando señales de alarma. Pero, en esta ocasión, no está claro si Trump podrá hacer mucho para calmar al mercado en el corto plazo.
“El mercado de bonos está reaccionando, fundamentalmente, a la incertidumbre generada por los precios del petróleo, y [Trump] parece no saber cómo salir del problema en el que nos ha metido”, afirmó en una entrevista Daniel Alpert, socio gerente de la firma de inversiones Westwood Capital.
Dicho de otro modo: los operadores de bonos están empezando a pensar que el reciente repunte de la inflación —en gran medida consecuencia de que la guerra ha interrumpido el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz— podría no ser tan “transitorio” como ha afirmado Trump. Y es probable que esto deprima aún más los precios de los bonos.
Esto supone un problema para todos nosotros: tanto para los inversores como para el ciudadano común. Mi colega David Goldman propone una analogía muy útil: imaginen el mercado de bonos como una balanza de las de antaño, con los precios en un platillo y los rendimientos (los intereses que paga un bono) en el otro.
En este momento, los precios de los bonos se están viendo lastrados por una serie de preocupaciones económicas, entre las que se incluyen:
- El aumento de la inflación
- Una deuda nacional que crece más rápido que la economía
- La deuda de los consumidores
- El coste de la guerra con Irán
- Posibles subidas de las tasas de interés
- El coste de financiar la inteligencia artificial (IA)
Cuanto más bajan los precios de los bonos, más suben sus rendimientos. En esencia, los inversores les están diciendo a los gobiernos: “Oigan, si quieren seguir disponiendo de mi dinero, tendrán que pagarme más por él”. Esto significa que le costará más al gobierno (léase: a los contribuyentes) financiar la deuda nacional, dejando menos recursos para los servicios sociales. Y dado que las tasas hipotecarias, los préstamos para automóviles y las tarjetas de crédito están todos vinculados al rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años, los consumidores terminan pagando más para financiar esas necesidades básicas. Esto puede frenar el crecimiento económico y, potencialmente, desencadenar una recesión (aunque no parece que estemos ni remotamente cerca de ese escenario por el momento).
La ansiedad en el mercado de bonos fue tan aguda el martes —el rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años acaba de alcanzar el 5,2 %, su nivel más alto desde 2007— que incluso logró perforar la euforia en torno a las acciones tecnológicas que ha impulsado al mercado a alcanzar múltiples máximos históricos en las últimas semanas. El S&P 500 cayó por tercera sesión consecutiva.
Y si bien los mercados de acciones y de materias primas reaccionan con rapidez a los pronunciamientos de Trump y de otros líderes mundiales, el mercado de bonos es una bestia distinta.
Desde que comenzó el conflicto con Irán hace casi tres meses, Trump ha insistido en varias ocasiones en que la guerra estaba “muy cerca de terminar”. Casi siempre, esas declaraciones han impulsado al alza a las acciones y a la baja a los precios del petróleo.
El lunes, Trump anunció que había decidido suspender un ataque contra Irán mientras se llevaban a cabo “negociaciones serias”. Las acciones recortaron la mayor parte de sus pérdidas, y el repunte en los precios del petróleo perdió fuerza. Sin embargo, esto no inmutó a los mercados de bonos, que continuaron registrando ventas masivas en todo el mundo.
Esto se debe, en parte, a que los inversores no solo están preocupados por la guerra y la inflación derivada del petróleo, sino que están observando una confluencia de factores que presagian dificultades en el horizonte.
“La situación actual es sencilla e incómoda”, afirmó el lunes en una nota Ajay Rajadhyaksha, director global de investigación de Barclays. “El mundo desarrollado tiene demasiada deuda, muy poca disciplina fiscal y ningún apetito político para solucionar ninguna de las dos cosas… El shock energético global es la guinda del pastel”.
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