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Este atleta olímpico luchó contra la adicción a la pornografía y ahora quiere ayudar a otros que sufren en silencio

Por Ben Church, CNN

Como casi todos los chicos, Freddie Woodward tuvo contacto con la pornografía a una edad temprana.

Al principio, no era más que un vistazo a revistas para adultos o material compartido entre amigos. Luego, al crecer, se adentró en el aparentemente infinito mundo de los videos en línea, que le proporcionaban una dosis rápida de dopamina para una mente curiosa.

Dejando a un lado la vergüenza, su relación con el contenido para adultos no tenía nada de extraordinario; es un camino común para millones de personas en todo el mundo.

Woodward siguió viendo pornografía durante una infancia en la que destacó en el deporte. En la escuela, lo descubrieron como un talento prometedor y lo encaminaron hacia el mundo profesional de los clavados (o saltos de trampolín). Su objetivo era llegar a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

“Siempre digo que los clavados me encontraron a mí; yo no encontré los clavados”, declaró a CNN Sports.

“Inmediatamente, entré en esta carrera de élite. Nunca fue algo recreativo. Desde el principio, el objetivo era formar atletas olímpicos, así que entrenaba cuatro, cinco o seis días a la semana casi desde el inicio”. El talento era innegable, pero Woodward admite que nunca creyó realmente que llegaría a formar parte del equipo olímpico, ya que creció en una generación dorada de clavadistas británicos, incluyendo a figuras como el campeón olímpico Tom Daley.

Sin embargo, gracias a su dedicación, sacrificio y una ética de trabajo obsesiva, Woodward consiguió el último puesto en el equipo de Gran Bretaña en 2016, donde terminó en el puesto 19 en la prueba de trampolín.

“Fue una sensación increíble y, en cierto modo, no estaba allí con expectativas de ganar una medalla, así que, aunque fue un gran logro para mí, sentí un poco menos de presión”.

Pero mientras destacaba en el ámbito deportivo, Woodward se había ido adentrando cada vez más en el mundo de la pornografía en línea.

No es que llevara una doble vida dramática —donde corría a casa después de entrenar y pasaba incontables horas frente a la computadora—, sino que su relación con el contenido para adultos era más insidiosa. Era tan sutil que no necesariamente se daba cuenta, o al menos no se lo admitía a sí mismo, de que algo andaba mal.

Aunque ver pornografía se convirtió en algo casi diario, Woodward seguía socializando, saliendo con chicos y llevando una vida plena. Pero, mirando hacia atrás, puede ver cómo su hábito estaba empezando a corroer diferentes áreas de su vida.

“Empecé a tener estas pequeñas inquietudes cuando era un adolescente algo mayor, intentando superar los exámenes”, dijo.

“Cada vez que intentaba estudiar, la pornografía estaba constantemente presente: ‘Aquí estoy, aquí estoy, aquí estoy’. Fue entonces cuando me di cuenta de que era un problema, porque veía claramente que no era tan productivo”.

“Algo no me cuadraba, pero lo dejé de lado y no le di mucha importancia”.

Woodward recuerda haber buscado en Google si la adicción a la pornografía existía durante su adolescencia y encontró un artículo que decía que podría haber un problema si alguien veía más de 10 horas de pornografía al día. Eso era mucho más de lo que Woodward veía de media y justificaba su consumo continuado.

Pero, como con otras adicciones, Woodward corría mayores riesgos en busca de una mayor dosis de dopamina. Empezó a intercambiar contenido suyo por videos e imágenes de otros. Esperar a que llegara el mensaje le resultaba emocionante, tanto que ignoraba las posibles consecuencias de sus actos.

“Ahora, en retrospectiva, era un comportamiento propio de un adicto. No ser honesto contigo mismo y justificar las cosas de una manera extraña para conseguir lo que quieres. Pero nunca era suficiente”, dijo.

En 2017, un año después de competir en los Juegos Olímpicos, se filtró contenido de Woodward en internet.

“Fue uno de los peores momentos de mi vida. Me destrozó por completo”, dijo.

“Obviamente, fue increíblemente vergonzoso y no sabía cómo afrontarlo. Pero también fue como un espejo; un reflejo de mí mismo: lo que había sido, lo que había estado haciendo, mis acciones y lo descuidado que había sido”.

En ese momento, Woodward seguía compitiendo en clavados y había estado intentando dejar de consumir pornografía. Fue entonces cuando supo que algo andaba muy mal. A pesar de las consecuencias y de lo mal que se sentía, no podía parar. Se dio cuenta de que era adicto.

Pero reconocer el problema fue el primer paso hacia su recuperación. Al alejarse de la vida como atleta profesional, Woodward se unió a una compañía de cruceros donde realizaba acrobacias de clavados en barcos por el Caribe.

Dados todos los acontecimientos, la idea de escapar a un barco le resultaba atractiva y le brindó el espacio necesario para descubrir quién era realmente.

Mediante la lectura sobre el tema y la meditación diaria, Woodward comenzó a afrontar su relación con la pornografía de frente. Sin embargo, le tomó seis años de intentos antes de poder dejarla definitivamente. Ahora, lleva dos años libre.

Desde entonces, Woodward ha decidido hablar abiertamente sobre sus dificultades en torno a un tema que muchos aún consideran tabú. Pero la enorme repercusión de su historia demuestra que no está solo y señala a muchos otros que sufren esto en silencio.

Entre quienes se han puesto en contacto con él en las últimas semanas hay varios atletas, lo que plantea la pregunta de si los deportistas son más vulnerables a esta adicción que otras personas.

Si bien Woodward coincide en que el tamaño de la muestra es demasiado pequeño para obtener una respuesta objetiva a esa pregunta, cree que su profesión influyó en el desarrollo de su adicción, aunque de una manera compleja.

Otros atletas han hablado abiertamente sobre sus problemas similares, entre ellos el exjugador de la NFL Steve Weatherford, la exestrella de la NFL y actual actor Terry Crews y el atleta olímpico neozelandés Nick Willis.

“Creo que las personas con mayor probabilidad de convertirse en atletas exitosos también tienen una mayor probabilidad de desarrollar un consumo compulsivo de pornografía”, afirmó Woodward, reflexionando sobre su propia experiencia.

“No llevas una vida joven normal, y creo que esta mentalidad de alto rendimiento es una especie de trampa. Basas tu autoestima en lo que puedes lograr como atleta, así que si no consigues algo bueno, significa que has fracasado fundamentalmente como persona. Creo que esta expectativa, esta vergüenza y esta culpa hacen que la pornografía parezca una muleta más atractiva”.

“Es la vía de escape, es la constante que siempre está ahí, que no te va a desafiar. Es lo que te hará sentir mejor por la noche después de una mala sesión. Siempre está ahí. Siempre es nuevo”.

Es importante señalar que el consumo de pornografía aún no está reconocido oficialmente como una adicción. La Organización Mundial de la Salud lo incluye dentro del Trastorno de Conducta Sexual Compulsiva (TCSC).

Sin embargo, se están realizando investigaciones sobre este problema relativamente nuevo, que parece haberse acelerado debido a la facilidad con la que las personas pueden acceder a la pornografía en línea.

Paula Hall es una psicoterapeuta sexual y de pareja que ahora busca ayudar a personas con consumo excesivo de pornografía a través de programas como el Laurel Centre y Pivotal Recovery.

Los síntomas de lo que se denomina “adicción a la pornografía” pueden variar entre individuos, pero Hall explica a CNN Sports que lo fundamental es si la pornografía está teniendo un impacto negativo en su vida, ya sea en sus relaciones, trabajo o autoestima.

Hall se refiere a ello como un trastorno del espectro, que afecta principalmente a los hombres, y donde “en el extremo más leve, se usa la pornografía por placer y, quizás en ese nivel, es completamente recreativa”.

Pero añadió: “Lo que suele ocurrir es que se va acumulando y se usa como una forma de regular emociones incómodas, ya sea ansiedad, depresión, soledad, estrés, o cualquier otra”.

“Con el tiempo, la situación se agrava hasta el punto de que se usa simplemente para sentirse normal. Por eso, no usarla resulta difícil”.

Hall ha trabajado con varios deportistas en relación con su consumo de pornografía, pero, al igual que Woodward, es consciente de que no hay suficiente investigación ni evidencia para demostrar una correlación entre los atletas y la adicción a la pornografía.

Sin embargo, reconoce que el estilo de vida de un atleta, sobre todo durante la adolescencia, puede hacerlo más vulnerable.

Esto se debe a que los atletas jóvenes tienden a evitar otros vicios como el alcohol, las drogas o el tabaco, ya que son perjudiciales para su rendimiento. La pornografía se presenta como una forma aparentemente inofensiva de relajarse tras la intensidad del entrenamiento y la competición.

Los atletas profesionales también viajan mucho, se quedan solos en habitaciones de hotel vacías con mucho tiempo libre, y quizás no puedan entablar relaciones románticas normales debido a sus apretadas agendas.

“Si eres deportista profesional, necesitas un gran control físico. Tienes que cuidar tu alimentación. Obviamente, tienes que hacer ejercicio, así que se requiere un control físico estricto”, añadió Hall.

“La adicción a la pornografía y al sexo ofrece una oportunidad para una liberación fisiológica. Es un espacio donde perder el control en un entorno controlado. Creo que esa es otra razón por la que es popular”.

Si bien Hall afirma que hay poca investigación que sugiera que el rendimiento deportivo se vea gravemente afectado por la adicción a la pornografía, no lo descarta por completo.

Woodward, quien solo puede basarse en su propia experiencia, cree que sí experimentó un descenso en su rendimiento deportivo, tanto físico como, sobre todo, mental.

“Digamos que la primera vez que ves pornografía, de repente sientes un pequeño cambio en ti, y ves cómo serías y cómo pensarías dentro de 15 años. Creo que pensarías: ‘¡Alto, alto! No voy a tocar esto’”, dijo.

“Afectó mi confianza, mi concentración, mi madurez, mi control emocional, mi paciencia. Me pregunto si también afectó algún aspecto de mi fortaleza”.

Ahora, Woodward se ha convertido en un embajador para sensibilizar sobre un problema que claramente afecta a más personas de las que la sociedad se da cuenta, o está dispuesta a admitir.

Todavía hay noches en las que se despierta preguntándose si hablar públicamente fue la decisión correcta, pero le reconfortan los mensajes de apoyo que ha recibido de personas que dicen que escuchar su historia les ha hecho replantearse su relación con la pornografía.

Ahora quiere ayudarlas a obtener el apoyo que él deseó tener hace tantos años.

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