La estrategia de Ucrania es matar a 50.000 soldados rusos al mes. ¿Una señal de confianza o un indicio de debilidad?
Análisis por Andrew Carey, CNN
Volodymyr Zelensky ha estado destacando las bajas rusas en el campo de batalla y ha pedido a su nuevo ministro de Defensa que haga de ello una prioridad.
Solo en diciembre, más de 35.000 soldados rusos murieron o resultaron gravemente heridos, según el líder ucraniano, y el objetivo debería ser elevar esa cifra aún más, hasta 50.000 al mes.
“Convertir el costo de la guerra para Rusia en uno que no pueda sostener y, de ese modo, forzar la paz mediante la fuerza”: esa fue la tarea que le fijó el presidente, dijo Mykhailo Fedorov a los periodistas en su primera comparecencia como ministro de Defensa.
La afirmación de que Rusia está sufriendo grandes pérdidas no es nueva. Un informe publicado la semana pasada estimó que 1,2 millones de rusos han muerto, han resultado heridos o están desaparecidos desde la invasión a gran escala de Ucrania hace casi cuatro años, la cifra de bajas más alta sufrida por una gran potencia militar desde la Segunda Guerra Mundial. El informe situó el número de bajas ucranianas entre 500.000 y 600.000.
“Los datos sugieren que Rusia dista mucho de estar ganando”, escribieron los autores del informe.
Tal vez no, pero mientras altos funcionarios de Ucrania, Rusia y Estados Unidos se preparan para la próxima ronda de conversaciones directas en Abu Dhabi el miércoles, sería un error que los aliados de Ucrania se dejen llevar por el entusiasmo.
“Destacar las enormes cifras de muertes rusas es un indicio de que la principal estrategia de Ucrania es el desgaste. Pero necesitamos algo más que eso si queremos cambiar la dinámica de la guerra en una dirección más favorable”, dijo a CNN un exfuncionario ucraniano.
Por un lado, centrarse en cifras llamativas ofrece una perspectiva clave sobre la negativa de Ucrania a ceder Donetsk como parte de cualquier acuerdo de “paz” con Rusia.
La lógica detrás de la postura de Kyiv es simple: muy pocos ucranianos creen que Vladimir Putin tenga otro objetivo distinto a la total subyugación de su país. Entonces, ¿por qué entregar territorio a cambio de nada si Ucrania puede esperar matar a cientos de miles de soldados rusos mientras Moscú sigue intentando capturar Donetsk por la fuerza?
Las fuerzas ucranianas aún controlan cerca del 20 % de la región oriental, que incluye ciudades fuertemente fortificadas como Kramatorsk y Sloviansk, y las estimaciones más recientes del Institute for the Study of War sugieren que Rusia podría tardar otros 18 meses en capturarla por completo.
Si esos soldados rusos no mueren combatiendo —continúa la lógica—, permanecerán en territorio ucraniano ocupado, listos para reiniciar la guerra desde una posición más ventajosa tan pronto como el Kremlin fabrique un pretexto para hacerlo.
Muy pocos en Ucrania creen que Putin vaya a abandonar sus exigencias territoriales, y la mayoría ha perdido la confianza en que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ejerza la presión necesaria para hacerlo cambiar de postura.
“A pesar de que el Gobierno negocia de buena fe, muchos creen que todo el proceso se hace para garantizar el respaldo del Gobierno de Estados Unidos”, dijo el exfuncionario ucraniano.
“La gente es extremadamente escéptica respecto del proceso de negociación”.
Pero si no hay confianza en que las negociaciones vayan a llegar a algún lado, ¿qué ocurre con la estrategia de Ucrania en el campo de batalla? ¿Acumular las bolsas mortuorias del bando contrario es el mejor camino a seguir?
Un excombatiente estadounidense, Ryan O’Leary, quien lideró una unidad internacional de voluntarios llamada Chosen Company, cree que no, lo que desató un intenso debate tras exponer sus argumentos en una publicación en redes sociales.
O’Leary cuestionó el muy promocionado sistema de “e-points”, mediante el cual las unidades ucranianas obtienen puntos por cada soldado ruso abatido o por cada pieza de material destruida. Esos puntos se canjean por nuevo equipamiento, y el Ministerio de Defensa afirma que el esquema genera una gran cantidad de datos que ayudan a dar forma a planes futuros.
Pero O’Leary sugirió que el sistema crea incentivos equivocados, al llevar a los comandantes ucranianos a priorizar ataques con drones más sencillos contra objetivos de infantería a lo largo de la línea de combate, en lugar de ataques en profundidad, más difíciles pero más significativos, contra la logística rusa, como vehículos y centros de comunicación, así como contra equipos de drones rusos que operan desde posiciones en la retaguardia.
“La guerra con drones no se trata de quién mata a más soldados hoy… La profundidad operativa es donde se deciden las guerras. Si el enemigo puede mover combustible, municiones, drones, tripulaciones y vehículos de reparación entre 10 y 40 kilómetros detrás de la línea sin temor, domina la profundidad incluso si pierde cinco veces más hombres en las trincheras”, escribió O’Leary en X.
En realidad, su acusación deja al descubierto dos desafíos estructurales clave para Ucrania.
En primer lugar, en tecnología de drones, tácticas operativas y contramedidas, Rusia se ha puesto al día y muy posiblemente esté por delante.
En una publicación en Facebook, Oleksandr Karpyuk, oficial de reconocimiento aéreo de la 59ª Brigada de Asalto Independiente, se quejó de que Ucrania no supo capitalizar su ventaja inicial en este ámbito, en particular por no diversificar la cantidad de frecuencias de radio que utilizan sus drones para transmitir señales.
Como consecuencia, una vez que Rusia mejoró sus tecnologías de guerra electrónica, solo necesitó interferir dos frecuencias para afectar de manera significativa la capacidad de Ucrania de operar drones detrás de las líneas rusas.
Además, escribe Karpyuk, las unidades rusas de defensa aérea táctica han mejorado notablemente, y Moscú sigue beneficiándose de haber tomado la delantera en el desarrollo de drones de fibra óptica, que son impermeables a las contramedidas de guerra electrónica de Ucrania porque no transmiten señales.
Y luego está el problema de personal de Ucrania.
La escasez de infantería es bien conocida. Rob Lee, del Foreign Policy Research Institute, estima que hay menos de diez soldados de infantería ucranianos por kilómetro de línea del frente. También calcula que la mayoría de las brigadas tiene como máximo un 10 % de su personal total en la infantería. Tradicionalmente, esa cifra superaría el 30 %.
Lee dijo a KI Insights, una unidad de inteligencia estratégica impulsada por Kyiv Independent, que incluso esas cifras tan bajas han sido suficientes para evitar una gran ruptura por parte de las fuerzas rusas, que solo han logrado avances pequeños y graduales.
Pero en una guerra en la que los drones —y no la infantería— son los que más importan, las carencias más urgentes de Ucrania están en las tripulaciones de drones, especialmente en la batalla clave por la profundidad operativa: la destrucción de objetivos hasta a 40 kilómetros (25 millas) detrás de la línea de combate.
En una defensa directa de los combatientes bajo su mando, el jefe de las Fuerzas de Vehículos Aéreos No Tripulados (UAV, por sus siglas en inglés) de Ucrania, Robert Brovdi, dijo la semana pasada que era necesario triplicar el número de operadores de drones. Actualmente, solo el 30 % del frente —que se extiende a lo largo de unos 1.200 kilómetros (745 millas)— está cubierto, escribió en su página de Facebook.
Fedorov, el nuevo ministro de Defensa, reconoce la magnitud del problema. Dijo al Parlamento ucraniano que alrededor de 2 millones de personas están ignorando sus citaciones de reclutamiento, mientras que otras 200.000 han desertado.
Mucho depende ahora de su capacidad para abordar el problema de personal y recuperar la ventaja técnica de Ucrania, al tiempo que se asegura de cumplir los objetivos fijados por Zelensky.
“A menos que nos mantengamos constantemente por delante de los rusos en tecnología y tácticas de combate, no puedo decir que la probabilidad de que prevalezcamos sea alta”, advirtió el exfuncionario ucraniano.
Victoria Butenko y Daria Tarasova-Markina, de CNN en Kyiv, contribuyeron a este reportaje.
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