Grillete electrónico y terapia familiar: secuelas tras arresto de ICE a madre inmigrante con visa U
Por Susana Erazo y Krecyte Villarreal, CNN en Español
La mañana después de su liberación, luego de confundir una crema con su pasta de dientes, Iris confirmó que estaba atravesando un trauma psicológico. “Me quedé mirándome al espejo y dije: ‘¿Tan así es todo el daño que le causan a uno?’”, contó.
Ella asegura no saber cuántos días han pasado desde que fue liberada por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, (ICE, por sus siglas inglés) tras su arresto el 23 de febrero frente a su casa mientras su hija gritaba e intentaba mostrar sus documentos a los agentes. Aunque el arresto fue breve, Iris afirma que el impacto emocional ha sido difícil de superar.
Iris Contreras es una inmigrante mexicana que vive en City Heights —un vecindario en San Diego— desde hace 30 años, donde reside con sus tres hijos ciudadanos estadounidenses: dos hijas de 21 y 15 años, y un hijo de 27 con necesidades especiales. En entrevista con CNN, dice que dedica su vida a cuidar a su hijo con necesidades especiales, además de pagar sus impuestos y ser voluntaria por más de 22 años en distintas causas sociales y ambientales.
César Luna, su abogado, la describe como una “persona activa en su comunidad” que participa en organizaciones locales. Él cuenta que su caso empezó en 2018 cuando Contreras solicitó una petición de visa U, que, de acuerdo con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés), está destinada a proteger a víctimas de ciertos delitos, incluida la violencia. Iris relata que se trató de un caso de violencia doméstica con una de sus hijas y que fue algo muy difícil de atravesar.
Señala que, días antes de su arresto, ayudó a organizar un evento por el Día del Amor y la Amistad en su comunidad y que también participa como voluntaria en la patrulla escolar, supervisando la seguridad de niños y jóvenes. “Me encanta apoyar y siempre doy mi tiempo; es una terapia para mí”, dijo.
La mañana del 23 de febrero, Contreras estaba en su auto haciendo gestiones personales para su hijo desde el celular cuando agentes se acercaron para arrestarla. “Para cuando me iba a bajar, llegaron y me pidieron mis documentos. Yo les dije: ‘Tengo permiso de trabajo. No lo tengo conmigo, está adentro de mi casa’. Les dije: ‘Tengo visa U aprobada’. A ellos no les importó nada y me jalaron”, afirmó.
Contreras dice que sus hijas se enteraron cuando una vecina entró a la casa mientras grababa para avisarles que estaban arrestando a su mamá. “Mis hijos no sabían que yo estaba afuera. Si me llevaban, ellos no sabían: ‘¿Mi mamá dónde está? ¿Qué fue lo que pasó?’. Mi corazón estaba destrozado”, dijo.
ICE dijo a CNN que garantizará el pleno respeto a sus garantías procesales. CNN verificó además que Contreras no tiene antecedentes penales.
Tras su arresto, Contreras fue trasladada al centro de detención de Otay Mesa en San Diego, donde estuvo recluida casi dos semanas. Ella dice que su estado de salud se fue complicando: “Se me bajó la presión, me dio fiebre y me dio una infección estomacal”.
Dentro del centro, Iris cuenta que ella y otras detenidas se reunían a leer la Biblia y que, un día antes de su audiencia, oraron a su alrededor por su caso. “Siempre le dije a Dios que él llevaba el control de todo y que él me tenía que sacar porque mis hijos me necesitaban en casa y yo a ellos”, dijo.
Tras la audiencia preliminar de fianza, según Luna, se determinó que podía salir bajo fianza mientras enfrenta su caso de deportación ante un juez. Agregó que en los próximos meses podría tener una nueva audiencia.
Contreras dice que la experiencia fue “un trauma muy fuerte” y que, aunque recuperó su libertad, hay situaciones dentro de los centros de detención que, asegura, no se visibilizan. “Me tocó ver personas que traían curitas, pero nunca me acerqué a preguntarles qué estaba pasando. Tenemos que seguir alzando la voz: somos seres humanos y todos valemos”, afirmó.
Después de recuperar su libertad, en una cita de inmigración posterior, a Contreras le colocaron un grillete electrónico en el tobillo. Dice que, aunque le cuesta sobrellevar los juicios externos, debe salir adelante por sus hijos: “No es fácil que te señalen, pero yo soy mamá y papá y tengo que buscar el sostén de cada día”.
Iris dice que su familia asiste a terapia para superar el trauma del arresto. “Mi hijo no puede explicar lo que pasó. En las noches que estoy con él por los problemas de sus pulmones, en vez de que yo le pregunte cómo está, él me pregunta a mí”, contó.
Luna sostiene que, desde el punto de vista humano y legal, las autoridades de inmigración no tienen base para poner a personas como Contreras en un proceso de deportación. Agrega que el consulado de México también apoya su caso. “Estas tácticas no tienen ningún propósito más que amedrentar a la gente, intimidar a la gente y ponerlas con una imagen negativa, cuando la verdad es que son personas muy productivas en esta comunidad”, dijo.
Para Iris, la vida debe continuar por sus hijos. Asegura que “nunca será igual” y que siempre existirá “la impotencia y el miedo al salir y voltear a ver a los lados”.
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