Sin comida, sin combustible, sin turistas: bajo la presión de EE.UU., la vida en Cuba se paraliza
Por Patrick Oppmann
Mandy Pruna recuerda con una sonrisa nostálgica la oleada de viajeros estadounidenses que llegó a Cuba después de que el entonces presidente de EE.UU., Barack Obama, restableciera las relaciones diplomáticas con la isla en 2015.
Pruna y su Chevrolet rojo brillante de 1957 estaban en constante demanda y dice que innumerables visitantes, incluidos celebridades como Will Smith, Rihanna y Kim Kardashian, pagaron sumas abultadas —al menos para Cuba— para hacer recorridos en autos clásicos con él.
Su Chevy fue uno de los tres autos americanos antiguos que los diplomáticos estadounidenses eligieron para estar de fondo en la ceremonia de izamiento de bandera en la embajada de Estados Unidos en La Habana, que marcó la restauración oficial de los lazos entre ambos países tras décadas de amarga enemistad.
“Todos los sectores de la sociedad se beneficiaron de eso”, dijo Pruna, refiriéndose a la breve mejora en las relaciones. “Veías a la gente pintando sus casas, abriendo nuevos negocios. Para mí fue fantástico. Fue la mejor época para el turismo en Cuba”.
Ahora, Cuba podría estar viviendo el momento de mayor incertidumbre económica que los residentes de la isla han soportado en décadas, si no en toda su vida.
A través de la acción militar en Venezuela y amenazas de aranceles sobre México, el Gobierno de Trump ha cerrado el flujo de petróleo hacia Cuba, intentando forzar a esta isla gobernada por comunistas a hacer reformas políticas y económicas significativas.
Cuba no parece tener aliados dispuestos a suministrar los cientos de millones de dólares en combustible necesarios para impulsar la economía.
El poco petróleo que queda en la isla se está acabando.
La doble pérdida de combustible y turistas para personas como Pruna ha sido catastrófica.
“Necesito gasolina para poder trabajar, necesito turistas para poder trabajar,” dijo.
A medida que se prolonga la crisis, la vida poco a poco se paraliza en toda esta isla de casi 10 millones de personas.
Las clases han sido suspendidas en muchas escuelas y los trabajadores, enviados a casa para ahorrar energía. Hoteles casi vacíos han sido cerrados y vuelos desde Rusia y Canadá cancelados porque no hay suficiente combustible para aviones en la isla para vuelos internacionales más largos.
El Reino Unido y Canadá han advertido a sus ciudadanos evitar viajes no esenciales a Cuba.
La semana pasada, los organizadores cancelaron el festival anual del habano que genera millones de dólares en ingresos. La empresa Sherrit International anunció este martes que está pausando las operaciones mineras de níquel y cobalto en Cuba debido a la escasez de combustible.
Muchos hospitales estatales han recortado servicios, y la falta de combustible y camiones de basura en funcionamiento ha hecho que la basura se acumule en barrios enteros.
En casi cada esquina, las conversaciones giran en torno a cuándo ocurren los apagones y por cuánto tiempo. Por la noche en La Habana, las estrellas suelen ser claramente visibles ya que la mayor parte de la ciudad permanece sumida en una oscuridad casi total.
El Gobierno de Trump dice que el gobierno cubano debe finalmente abrir la economía centralizada de la isla antes de que colapse.
“No hay petróleo, no hay dinero, no hay nada”, dijo el presidente estadounidense Donald Trump a los reporteros el lunes, agregando que el Secretario de Estado Marco Rubio lidera los esfuerzos para negociar con los principales funcionarios cubanos.
Rubio, quien es cubanoamericano y un opositor de larga data al gobierno cubano, ha dicho previamente que lo único que pretende discutir con el liderazgo comunista de la isla es cuándo cederán el poder.
“Este es un régimen que ha sobrevivido casi totalmente por subsidios, primero de la Unión Soviética, luego de (el fallecido presidente venezolano) Hugo Chávez”, dijo Rubio la semana pasada durante la Conferencia de Seguridad de Múnich. “Por primera vez, no tiene subsidios provenientes de ningún lado, y el modelo ha quedado al descubierto”.
Después de tantos años viviendo al borde del colapso económico, una crisis humanitaria podría avecinarse para Cuba.
Ya la mayor parte de los alimentos que consumen los cubanos son importados tras décadas de desastrosas políticas agrícolas de su gobierno.
Sin embargo, ese frágil salvavidas está en riesgo ya que políticos cubano-estadounidenses anti-Castro han pedido un corte total de la asistencia proveniente de Estados Unidos.
“Este es el momento de frenarlo todo: no más turismo, no más remesas, no más mecanismos que sigan financiando y sosteniendo la dictadura”, dijo la congresista republicana de Florida, Maria Elvira Salazar, ex periodista de CNN en Español.
“Es devastador pensar en el hambre de una madre, en un niño que necesita ayuda inmediata. Nadie es indiferente a ese dolor. Pero ese es precisamente el brutal dilema que enfrentamos como exiliados: resolver el sufrimiento a corto plazo o liberar a Cuba para siempre”, dijo Salazar.
Ya algunas de las empresas del sector privado que importan alimentos desde Estados Unidos han suspendido operaciones, diciendo que ya no pueden refrigerar sus productos durante los cortes de luz diarios.
Ante el empeoramiento de la escasez, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha llamado a la población a “resistir creativamente” y adoptar una mentalidad de tiempo de guerra.
“Vamos a comer lo que podamos producir en cada lugar. Ahora, si hay menos combustible entonces la comida no podrá salir de algunos municipios hacia otros”, dijo Díaz-Canel durante una aparición televisada en enero.
En los “agromercados” de La Habana que venden la pequeña selección de alimentos producidos en la isla, algunas personas advirtieron sobre la creciente dificultad de llevar frutas y verduras a la capital desde el campo donde se cultivan.
“Estamos pagando dos, tres veces más para reabastecernos y mantener contenta a la gente,” dijo Anayasi, una vendedora de alimentos que no quiso dar su apellido por hablar críticamente sobre el empeoramiento de la situación económica. “No hay comida. El impacto será terrible. No tendremos nada.”
El chofer de autos clásicos Mandy Pruna dijo que está considerando intentar emigrar a España con su familia. Después de 20 años ganándose bien la vida transportando turistas en su Chevy, ya no ve un futuro en su tierra natal.
“Todo es incierto en este momento. No hay combustible. No sabemos si habrá y cómo lo vamos a pagar”, dijo. “Si tengo que pagar la gasolina en dólares ¿cómo recupero ese dinero si no hay turismo?”
Más temprano esa misma mañana, dijo Pruna, había suspendido su licencia para trabajar como conductor de autos clásicos.
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