Dejó el éxito en Nueva York para encontrarse a sí misma en una playa de México
Por Karen Esquivel, CNN en Español
Andrea Cueva cambió el vértigo de Nueva York —horarios apretados, ruido constante y la promesa inagotable del éxito— por el ritmo pausado del mar en México, en una decisión que transformó por completo el rumbo de su vida.
Lo que antes estaba marcado por la prisa, la exigencia y una rutina absorbente, hoy transcurre entre la calma de una playa tranquila, donde encontró espacio para mirar hacia adentro y reconectar con una dimensión espiritual que, durante años, había quedado relegada.
Su historia es la de una ruptura silenciosa con una idea de realización ligada únicamente al logro profesional. Lejos de los rascacielos, Andrea construyó una nueva cotidianidad en la que el paisaje, el silencio y la introspección ocupan un lugar central. Más que una mudanza geográfica, su decisión representa una búsqueda personal: la de una vida con menos estruendo exterior y más sentido interior.
Su historia comenzó con el sueño de estudiar en Estados Unidos. Salió de su natal Nuevo León, en el noroeste de México, hacia Nueva York para estudiar Comunicación y Diseño en el año 2007, luego realizó una maestría en Dirección de Arte en Miami y regresó a la Gran Manzana para iniciar la vida laboral en reconocidas agencias de publicidad y producción.
Además, realizó proyectos independientes en otras grandes urbes como São Paulo, Brasil; Miami, Florida y Hamburgo, Alemania. Con más de 10 años de experiencia profesional, tenía la vida que había soñado y experimentaba el éxito en una ciudad considerada un centro de finanzas, cultura y diversidad.
La artista visual dice haber llevado una vida “muy tradicional”, trabajaba en agencias de publicidad y producción, trabajando entre nueve horas al día o más, cinco días a la semana, algo con lo que se sintió cómoda muchos años de su vida, hasta que poco a poco empezó a buscar algo más.
“En Nueva York la vida es acelerada, totalmente urbana y aunque también es muy creativa, con muchos artistas, a mí me llegó un momento en el que no podía con tanta carga, no se sentía equilibrado”, contó.
Detalla que en su tiempo libre y fines de semana buscaba dedicarse a su arte y otro tipo de terapias como tarot y reiki y empezó a preguntarse cómo podría encontrar tiempo para integrar esas actividades a su vida.
“Porque me daba cuenta de que mi trabajo me consumía más y la otra parte me hacía sentir más viva”.
Andrea señala que detrás del éxito que vivía, hubo situaciones de las que no pudo escapar como mexicana, inmigrante y mujer, incluido el sexismo en su ámbito laboral. “En aquella época, entre el 2010 y 2019, si destacabas, no faltaban los comentarios de que era por ser bonita o porque tuviste algo con un superior”, dice.
Sin embargo, recuerda esa época de su vida como buena, en la que aprendió mucho y logró comprobarse a sí misma que podía ser una mujer independiente y exitosa. Afirma que ama Nueva York y su experiencia en la ciudad, pero que no se sentía viva.
El pasar de los años y el trabajo interno que ha hecho la han hecho reflexionar en que la idea que la llevó a esa gran urbe fue una idea de querer encajar y hacer esfuerzos para ser vista, pero llegó un momento en el que no sintió más esa necesidad y supo con certeza y que su tiempo ahí había terminado.
Entonces, comenzó a dedicar cada vez más tiempo a leer sobre espiritualidad, yoga, reiki —una técnica de relajación para armonizar el cuerpo, la mente y el espíritu—, tarot o meditaba, pero no encontró ningún espacio para compartir eso. “Cerré un gran ciclo estando allá porque me estaba confundiendo”.
Con esa seguridad, en 2020 decidió renunciar a su trabajo y dejar su departamento para irse a Europa tres meses para seguir adentrándose en el camino espiritual y pensar en lo que seguía en su vida, una decisión que no fue bien recibida por su familia y amigos, quienes le cuestionaban las razones de su decisión de abandonar todo lo que había construido.
Pero eso no la detuvo, la empujó a reflexionar y saber que seguir su intuición era lo más importante. “Pensé entonces que debía confiar y que definitivamente necesitaba un descanso”.
Irse a Europa le permitió a Andrea bajar el ritmo en el que vivía en Nueva York y pudo abrirle paso a nuevos conocimientos, empezó a hacer yoga y terapia de sonido con cuencos que la ayudó a conectar consigo misma.
Al año siguiente, en 2021, regresó a un México en el que se sentía extranjera. “No conocía mi país y empecé un camino de autoconocimiento de mis raíces”, precisa.
Ese descubrimiento implicó viajar a otros lugares del territorio para aprender más sobre energía, medicina natural, rituales, entre otros.
Finalmente, eligió vivir en una playa en el estado mexicano de Nayarit. “Siempre quise estar cerca de la tranquilidad del mar, tener una vida en la que aprovechara todos sus elementos, la calma”, cuenta.
Su vida transcurre entre la medicina tradicional mexicana, clases de hatha yoga, reiki y ceremonias de cacao y trabajos de dirección creativa como freelancer.
Entre sus múltiples trabajos de creatividad, Andrea es autora de la obra Viva La Lotería MX, una versión fotográfica con 54 retratos que reinterpretan el clásico juego de mesa con personas y objetos reales de la cultura mexicana.
La obra –presentada en Brooklyn en 2018– tenía dos objetivos, por un lado, recaudar fondos para proteger a las familias inmigrantes en peligro de ser separadas durante el primer Gobierno del presidente Donald Trump y por el otro, y contrarrestar algunas representaciones y estereotipos de los mexicanos que se hacen en Estados Unidos.
Andrea pasó casi dos años trabajando en dicho proyecto en el que colaboraron otros compatriotas que dieron vida al juego con más de 250 años de historia de una forma contemporánea y es un homenaje a la riqueza cultural y las tradiciones de su país.
Por ejemplo, muchos de los personajes masculinos de la Lotería, como El Mundo, El Valiente y el Diablito fueron cambiados por mujeres fuertes y empoderadas, mientras que la imagen de El Gorrito pasó de ser una prenda anticuada a una gorra con la popular frase “Hecho en México” y El Nopal dejó de ser un dibujo genérico para mostrar una artesanía Huichol.
Al dejar atrás la velocidad de Nueva York para abrazar una vida con más calma, Cueva no solo cambió de paisaje, sino de propósito. En ese giro de vida, encontró una forma distinta de entender el éxito: menos atada al reconocimiento externo y más cerca de la paz interior.
Su historia deja una pregunta flotando: ¿cuántas veces lo que parece una renuncia es, en realidad, el comienzo de una vida más fiel a uno mismo?
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