Primero la ilusión, luego la desconfianza: así viven los venezolanos en otros países las excarcelaciónes de presos políticos
Por Anabella González y Pau Mosquera, CNN en Español
Sentimientos encontrados entre los que conviven la alegría y la angustia. El anuncio de la excarcelación de presos políticos en Venezuela fue primero una ilusión que dio una dosis de esperanza a muchos venezolanos. Pero, con el paso de los días, se volvió una preocupación, otra más a la larga lista de incertidumbres que siente la diáspora venezolana cuando mira a su país desde lejos.
“Desde la distancia se siente una alegría contenida, incluso contradictoria”, dice a CNN desde la Ciudad de México un realizador audiovisual venezolano de 36 años, que pide preservar su nombre por temor a represalias. “Hay alivio por quienes recuperan su libertad, pero también una sensación amarga al pensar que estas liberaciones llegan después de mucho sufrimiento y bajo circunstancias extremas que ya todos conocemos”, dice.
Cuando pasó casi una semana desde que el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, anunció que “un número importante” de presos políticos serían puestos en libertad, crecen los reclamos no solo de familiares, organizaciones no gubernamentales y de dirigentes de la oposición, sino también de muchos venezolanos que piden que haya “libertad plena” cuanto antes de todos los detenidos.
“Han sido muy pocos los que han podido ver la libertad. Es preocupante, porque bien se sabe que el régimen que hay en Venezuela no tiene límite”, dice a CNN Lorena Lima, activista venezolana que vive en Madrid.
La situación dista de lo que esperaban muchos venezolanos: las autoridades no han dado a conocer aún una lista oficial de quiénes han salido de cada prisión ni han detallado cómo se producirán más excarcelaciones, pero sí que continuarán, según dijo Rodríguez el martes.
Mientras que el Ministerio del Servicio Penitenciario de Venezuela afirmó el lunes que los excarcelados desde el 8 de enero son 116, la organización no gubernamental Foro Penal contabiliza poco más de la mitad de ese número, de un total de más de 800 presos políticos según su último reporte hasta esa misma fecha. La cifra también coincide con los datos que registra el Comité para la Liberación de Presos Políticos (Clippve).
En febrero se cumplen nueve años desde que este realizador audiovisual se fue de Venezuela. Vive en la capital mexicana, donde llegó animado por su gusto por el cine del país y por varios amigos que ya vivían ahí. Cuenta que, tiempo después de llegar, logró juntar el dinero para que su madre también salga de Venezuela y se instale en México.
“Ver que el tema finalmente recibe atención genera esperanza, pero también deja una pregunta abierta sobre cómo funciona la solidaridad y la justicia en el mundo actual, y por qué a veces parece que solo se mira cuando ya el daño es profundo”, dice sobre la situación de los presos políticos, un anuncio que se dio días después de los ataques de Estados Unidos en Caracas y de la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores.
Al igual que él, otros venezolanos que viven en México se sienten así: imposibilitados de experimentar una alegría plena por una buena noticia porque no se sabe qué pasará después, dice al hablar de las conversaciones que tiene con sus amigos. “Se viven como pequeñas dosis de esperanza, casi con cautela. (…) Hay una mezcla constante de esperanza y desconfianza. No sabemos qué va a pasar, y esa incertidumbre nos acompaña desde hace años”.
En Buenos Aires, a más de 7.000 kilómetros de distancia, otra ciudadana venezolana coincide plenamente con esta idea cuando CNN le pregunta sus sensaciones. La incertidumbre y la inestabilidad política de su país son una constante para Sol, que en diciembre no pudo viajar por la suspensión de numerosos vuelos a Venezuela.
Sol, que también pide preservar su nombre completo por temor a represalias, cuenta que le causó mucha alegría la noticia de las excarcelaciones, porque conoce a personas que fueron privadas de su libertad “sin ningún tipo de argumentos”. Pero agrega que, con el paso de los días, esa alegría se fue diluyendo al ver que las liberaciones eran pocas y que las personas que salían de prisión no hablaban con la prensa.
“No hemos tenido acceso público a estas personas, a escuchar sus testimonios”, dice la mujer, que hace más de 11 años vive en la capital de Argentina. Es el caso de la activista venezolana-española Rocío San Miguel, entre las primeras personas excarceladas. Su familia aseguró en un comunicado que “mantiene medidas de prohibición de declarar públicamente”.
CNN ha consultado al Gobierno de Venezuela por estas restricciones y está a la espera de respuesta.
Lorena Lima nació en Cojedes, un pequeño estado ubicado en el centro-oeste de Venezuela. Hace más de 7 años que se exilió en España, donde viven cerca de 692.000 venezolanos, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. La céntrica plaza Puerta del Sol de Madrid fue el punto de reunión de la comunidad venezolana días atrás, donde festejaron y celebraron la captura de Maduro.
Ella dice que estuvo en contacto con familias de presos políticos y transmite su preocupación por las condiciones de los detenidos, que por estas horas esperan respuestas.
“Los familiares están pidiendo fe de vida porque no saben nada de sus familiares presos”, dice la joven, que vive en España hace más de siete años.
“Hay mucha preocupación ahora mismo en el ambiente”, afirma Lima, porque ante el ritmo lento en que se han dado las excarcelaciones y la falta de información, muchos temen por la situación de salud en la que puedan estar sus allegados.
Amnistía Internacional, entre otras organizaciones civiles y de derechos humanos, también planteó preocupaciones en ese sentido. “Muchas de estas personas se encuentran en una situación de desaparición forzada. No se ha sabido de ellos y se espera que estas liberaciones puedan dar luz sobre las condiciones en las que se han encontrado por muchos meses en algunos casos”, dijo a CNN Erika Guevara Rosas, directora global de Investigación, Incidencia y Política de la organización.
En Caracas, precisamente en las inmediaciones de El Helicoide —una de las prisiones más temidas del país, denunciada por presuntas violaciones a los derechos humanos que el Gobierno de Venezuela ha rechazado— familiares y activistas organizaron en los últimos días varias vigilias para exigir respuestas e información oficial.
Desde Buenos Aires, Gabriela Hernández pide por la liberación de su madre, Nélida Sánchez, detenida luego de las elecciones presidenciales de 2024. Está privada de su libertad en el Helicoide desde el 28 de agosto de ese año, según la organización no gubernamental Provea.
Sánchez, coordinadora nacional de Formación de la organización no gubernamental Súmate, fue detenida por “instigación al odio, asociación para delinquir, conspiración, traición a la patria y terrorismo”. El Gobierno de Venezuela no se ha pronunciado sobre su caso y Sánchez se declaró inocente.
Su hija, que vive en Argentina desde 2024, dijo a CNN días atrás que cree que lo que está ocurriendo en su país será un proceso largo, que podría llevar meses. “Los venezolanos nos hemos vuelto un poquito aprensivos a creer en un cambio, pero sin embargo creo que jamás estuvimos tan cerca como en este momento”, opinó luego de que se conocieran las novedades sobre las excarcelaciones.
Por su parte, Sol considera necesario que, más allá de las excarcelaciones, se aclaren las condiciones de las personas que siguen privadas de su libertad. “Que se realice un procedimiento justo y se investigue, pero tener personas perdiendo años de su vida sin que haya justicia, una determinación de qué pasó o una sentencia, es terrible”.
“No queremos que sea un grupo de presos políticos los que liberen, queremos que sean todos. Exigimos la libertad inmediata de todos los precios políticos de Venezuela”, cierra Lima.
Con información de Iván Pérez Sarmenti y Gonzalo Zegarra, de CNN.
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